Por P. Joaquín Antonio Peñalosa

Luego que Caín asesinó a Abel, yo el Señor lo reconvine preguntándole:

—¿Qué has hecho de tu hermano?

Y Caín envalentonado

—No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?

—La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra. Por eso te maldice esta tierra, que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano. Aunque cultives la tierra, no te pagará con su fecundidad. Andarás errante y perdido por el mundo.

Todos los días sigo oyendo la misma frase elusiva del asesino: No sé. Nadie quiere responsabilizarse de la muerte de su hermano, y todos son cómplices.

Fratricidas son ustedes, los abortistas que matan con premeditación, alevosía y ventaja. Los narcotraficantes y su imperio subterráneo donde no se pone el sol, malditos. Los hediondos pornógrafos vendiendo toneladas de revistas y videocasetes infecciosos. Los comerciantes de carne humana, más rentable, entre más inocente, malditos. Los lobos imperiales que sojuzgan con préstamos impagables a las naciones flacas. Los fabricantes de misiles, de metralletas, de esqueletos, malditos. Los que esconden el maíz y encarecen el trigo y el azúcar a los ya de por sí muertos de hambre. Los inalienables coleccionistas de dólares, hidrópicos de banquetes y puñados de joyas. Los que destrozan la esperanza, la conciencia y la aurora, fratricidas, caínes de todos los días, asesinos. Óiganme.

Yo el Señor les di un hermano para que lo amaran y me devuelven un pudridero de huesos deshabitados. La sangre de su hermano me está gritando desde la tierra. Malditos.

Artículo publicado en El Sol de San Luis, 21 de septiembre de 1991. Monseñor Peñalosa fue un sacerdote potosino que, además de fundar y llevar por muchos años la Ciudad de los niños en San Luis Potosí, escribió una extraordinaria obra periodística y poética.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 15 de febrero de 2026 No. 1597

 


 

Por favor, síguenos y comparte: