Por P. Fernando Pascual

Un niño de cinco años se dio cuenta de cómo la gente se quejaba continuamente, por un sí, por un no, y que Jesús debería sentir tristeza por ello. Entonces hizo un contrato singular: prometió a Jesús que no se quejaría nunca durante los primeros cien años de su vida, que se dedicaría a glorificarlo siempre, por lo bueno y por lo malo, y “que celebraría siempre el don de la vida”.

Pasaron los años. Aquel niño se hizo sacerdote, sirvió al Señor donde le fue indicado. Cuando ya tenía 95 primaveras, en una ocasión en que visitaba Medjugorje como peregrino, una intérprete que sabía italiano se quedó asombrada al ver su especial sonrisa.

La intérprete, que se llamaba Kat, se fijó en ese sacerdote anciano y pequeño que sonreía sin cesar. Se acercó y, con cierta prudencia, le dijo: “Padre, perdone mi pregunta si es indiscreta, pero me gustaría saber: ¿a qué se debe tanta alegría? Usted debe tener algún secreto…”

El sacerdote le contó la historia de su infancia y el contrato por cien años de no quejarse nunca. Luego, añadió: “Y debo decir, señorita, que cumplí con mi promesa. ¡Durante todos esos años en que celebré la vida, el mal no pudo tocarme; eludí a todos los demonios!”

Kat no salía de su asombro, y quiso añadir una observación obvia: pronto el sacerdote cumpliría cien años y su contrato terminaría… La respuesta del sacerdote tenía la sencillez propia de un niño: “Pensé en eso el otro día… Entonces, le dije a Jesús que estaba listo para un nuevo contrato de cien años más”.

Parece una historia sacada de las Florecillas de san Francisco, pero recoge una enseñanza que vale para todos: nuestra vida está llena de bendiciones. Es cierto que hay problemas, dificultades, sufrimientos, pero es mucho más fuerte y bella la presencia del bien, la continua lluvia de regalos de Dios.

Por eso, vale la pena un esfuerzo sencillo y confiado por no quejarnos, para así orientar mente y corazón a una de las dimensiones más hermosas de la vida: alabar a Dios y agradecerle por sus dones, especialmente por su Amor y su misericordia. Vale la pena intentarlo, en un buen contrato para los próximos cien años…

(La historia y las frases aquí reproducidas se encuentran en la siguiente publicación: Emmanuel Maillard, Medjugorje, el triunfo del corazón, 2010, Asociación Hijos de Medjugorje 2010, cap. 56, “Dos contratos para la felicidad”).

 
Imagen de Rudy Anderson en Pixabay


 

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