Por Lucrecia Roper
Hay luces y sombras en el mundo que también son luces y sombras nuestras. Hay puntos de crisis y cauces de solución.
El Doctor Juan Fernando Sellés explica: En nuestro tiempo hay crisis en la visión que tenemos: del mundo o cosmos, del hombre, de la técnica, del espíritu o de la intimidad humana y de la religión.
Hay crisis en la visión que tenemos del cosmos, desde los movimientos atómicos a los estelares, esto lo sabían los clásicos. La imagen que tenemos del hombre se ha astillado, no es unitaria; evidentemente para el cristianismo no. Con los medios humanos se quiere transformar la biología humana, los tiempos humanos. La visión de la técnica está en crisis porque parece que nos condiciona, nos somete y nos subordina. No sabemos ni la mitad de las cosas técnicas, no tiene fin. La crisis del espíritu porque la gente está más pendiente de las cosas corporales que de las espirituales. ¿Qué pasa con la moral a nivel social? Que está por los suelos. Hoy día el Derecho es positivismo jurídico, no se basa en el Derecho natural. Así la esencia humana es volátil, no hay nada estable. La crisis filosófica es llamativa, abismal. La crisis religiosa se manifiesta hasta en los medios de comunicación, en las órdenes religiosas, en los obispos, en los laicos (esquizofrenia). La teología moderna se ha distanciado de Dios. Hay teología de la muerte de Dios en el protestantismo. Esas teologías dejan mucho que desear. Luego está el individualismo que se cierra a sí mismo y no quiere saber de Dios. Se ve al hombre como un ser solitario e insuficiente, nos puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. Nadie vincula su vida a Dios. Detrás de eso, el concepto de persona que se tenía es la relación. La persona es libertad vinculada, busca que le digan quién es. Dentro del cristianismo, algunos se han contaminado con esto, con el arraigo que tenía el hombre antes con la patrística.
Si quieres ser más optimista, en el cristianismo se distingue lo más importante, de lo menos importante. La creación tiene un valor permanente, Dios las mantiene en el ser. Después de crearnos Dios nos eleva.
La historia tiene sentido, Dios encuentra el modo de ir a más, eso es la esencia del cristianismo. El cuerpo se suma al espíritu en ir a más. Dios promete la redención y Cristo redime. Dios sigue dirigiendo la historia, no podemos sumirnos en la tristeza. Si Dios asiste podemos ir a más siempre.
La libertad de cada uno indica que somos hijos de Dios constitutivamente, y se eleva esa filiación natural a la sobrenatural.
En cuanto a la cultura y la técnica, como dependen de la libertad están a nuestra disposición. No son infalibles, porque tampoco es infalible nuestra libertad. A eso se añade la salvación. Por muy pobres que sean nuestras obras, no son la última palabra, ésta la tiene Dios, que las acepta y saca de ellas provecho para que otros incrementen lo que hemos apostado. Dios juega con nuestras pobres obras. No es la última palabra lo que tienes entre manos, eso está sometido al juicio divino.
La cultura la creamos nosotros, es todo el ambiente, pueden ser objetos terminales, y la técnica son instrumentos para producir otros instrumentos, como la casa, que es un medio.
En cuanto a la indigencia de nuestra intimidad, con el pecado la persona decrece. El pecado original no afecta la intimidad. La corrupción es la mentira en el acto de ser personal. La persona se va despersonalizando. Si uno no se desvincula de Dios, Dios toma la iniciativa del arrepentimiento personal, y te puede hacer crecer insospechadamente. Lo nuestro no es vivir en crisis. Lejos de Dios se pasa mal.
Leonardo Polo dice: eso de desligarse de Dios, como con el ateísmo o la indiferencia, se hace por miedo, por estar más en las cosas que no son Dios que de Dios. Me comparo más con lo que no tiene valor que con el crecimiento, ¿por qué no eres libremente audaz?, ¿por qué te dedicas a lo cómodo? No estás diseñado para eso. Vas contra ti mismo. Tiene su salida al dejar ayudarse por Dios.
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