Por P. Fernando Pascual
Una abuela estaba triste: la nuera hacía todo lo posible para que no pudiera ver a los nietos. Un padre anciano no podía soportar que su hijo solo le llamase para cuestiones de dinero y de herencia. Aquellos hermanos no se habían hablado en los últimos cinco años, ni siquiera por navidades, desde que discutieron duramente sobre la propiedad de una casa.
Hay familias en las que surgen conflictos que provocan rupturas, o rabias, o incluso odios. Esos conflictos generan heridas, tristezas, penas que se arrastran por meses, incluso por años. Las heridas son más dolorosas si sufren inocentes: los nietos no comprenden por qué no pueden ver a la abuela…
Uno esperaría que la familia fuese un lugar de paz, de concordia, de escucha, de cariño. Pero cuando ha estallado un conflicto y las personas no se hablan, o se hablan solo para reproches y quejas, los sufrimientos pueden llegar a ser enormes.
¿Por qué tanto dolor en los conflictos familiares? Precisamente porque una herida por parte de los seres que comparten parentela suele ser más profunda y más íntima.
No resulta fácil sanar las heridas que surgen en esos conflictos. Cada uno tiene que hacer su esfuerzo para la concordia, pero si la otra parte mantiene la puerta cerrada o manifiesta continuamente una actitud de rabia o de antipatía, todo se hace sumamente difícil.
Las relaciones en las familias, como tantas otras relaciones, necesitan ser bendecidas por Dios y sembradas por gestos de misericordia y de perdón. Solo entonces un conflicto puede empezar a ser solucionado, para el bien de todos los que esperan vivir cercanos y llenos de amor.
Entonces será posible que la abuela pueda ver de nuevo a sus nietos, en un clima de acogida en la casa del hijo y de la nuera. El hijo llamará a su padre porque simplemente desea saber cómo está y contarle noticias. Y dos hermanos llegarán a hablarse, aunque siga en pie un problema, porque han recordado que tienen la misma sangre y porque así darán una gran alegría a sus padres.
Imagen de Mircea Iancu en Pixabay





