Por Jaime Septién
A Umberto Eco se le atribuye la siguiente sentencia: “Las redes sociales le dan derecho a hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino”. Eco vio venir la avalancha de problemas que traen consigo las redes sociales y la inteligencia artificial (IA), pero no la posibilidad de usarlas a nuestro favor.
En la serie de entregas que estamos publicando en El Observador, guiadas por el ingeniero José Luis Oliva, queremos dejar claro que tanto redes como IA requieren entrenamiento versus improvisación; conocimiento versus ignorancia; custodia versus dejadez. Australia, Francia, España, han puesto ya topes de acceso a las redes para menores de 16 años, y el tema de la IA todavía está en discusión.
Hace unas semanas publicamos la estupenda reflexión Un católico educa así de monseñor Mario De Gasperín, una guía, desde el centro de la fe, para que padres de familia, maestros, laicos, sacerdotes, desafíen este terremoto con la astucia de la serpiente y la gracilidad de la paloma, tal como nos dejó dicho Jesús que enfrentemos las adversidades del mundo.
Ni todo el tiempo pasado fue mejor (ayer todo era más sencillo), ni vamos derechito al paraíso de la holganza (la IA hará todo por nosotros). Retos nuevos requieren esfuerzos concretos. Nada o muy poco ganamos señalando culpables o poniendo trabas. La educación de la conciencia es lo que tenemos como respuesta eficaz frente a los desafíos de las redes y de la IA.
“La conciencia marca el límite de todo poder humano e indica al mismo tiempo su dirección”, señalaba el cardenal Joseph Ratzinger en una conferencia ante la Sociedad Reinhold Schneider. Una conciencia formada sabrá ponerle límites, por sí misma, al latrocinio de tiempo de las redes y al eclipse del asombro (fuente de la filosofía, decía Platón) de la IA. Al mismo tiempo, sabrá usarlas para el bien, contemplando en ellas dónde existe la belleza y dónde la bondad; dónde el respeto al Creador y a lo creado.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 1 de marzo de 2026 No. 1599





