La historia de Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años que recibió ayer la eutanasia tras años de lucha judicial, ha conmocionado a España y reabierto el debate sobre los límites del derecho a morir. Noelia no padecía una enfermedad terminal, pero su deseo de morir refleja un sufrimiento profundo que, según el experto en bioética Federico de Montalvo, evidencia carencias en el sistema de apoyo familiar y psicológico.

Por Mireia Bonilla – Vatican News

El doctor Federico de Montalvo analiza el caso de Noelia Castillo Ramos y explica cuáles recursos harían la diferencia para que nadie sienta que la muerte es la única salida: “Lo más importante no es solo mitigar el dolor físico, sino también el dolor psíquico, y en muchos casos, ofrecer apoyo socioeconómico”. Montalvo subraya que esto implica “incorporar recursos psicológicos, estrategias para abordar el sufrimiento existencial, apoyo social y sanitario, no solo en un hospital, sino también en el domicilio”, porque la familia “desempeña un papel clave en el cuidado, un rol que muchas veces no puede ser sustituido por el sistema público, y que requiere respaldo económico, porque de lo contrario los cuidadores tendrían que sacrificar su trabajo para cuidar a su ser querido”.

Montalvo asegura que se trata de un caso muy complejo, que refleja un fracaso social en el que el sistema ha fallado: “Nos enfrentamos a un caso terrible: una joven de 25 años con una lesión medular importante, que podría vivir plenamente, pero que pide acabar con su vida por sufrimiento psíquico y existencial”.

Después explica que su deseo de morir surge de un sufrimiento profundo, lo que genera una paradoja ética: «lo paradójico es que el Estado ayuda a una persona que desea morir a morir» en vez de proporcionarla los recursos socioeconómico y psicológicos para vivir. Por último Montalvo coincide con los obispos españoles en que “cuando la vida duele, la respuesta no puede ser acortar el camino, sino recorrerlo juntos”, enfatizando la necesidad de acompañamiento y cuidado antes de recurrir a la eutanasia.

«La dignidad de la persona humana no depende de su estado de salud, ni de su percepción subjetiva de la vida, ni de su grado de autonomía. Es un valor intrínseco que exige ser reconocido, protegido y promovido en toda circunstancia. Por ello, la respuesta verdaderamente humana ante el sufrimiento no puede ser provocar la muerte, sino ofrecer cercanía, acompañamiento, cuidados adecuados y apoyo integral», expresaron también los obispos de España.

 


 

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