Por Rubicela Muñiz

“Quédate con nosotros” (QCN) es la familia eclesial que el padre Efraín Gómez nunca planeó. Las circunstancias y la necesidad de la gente —especialmente de los jóvenes— han permitido que lo que nació en África hoy tenga presencia en distintas sedes con miras a seguir creciendo.

En la década de los 90, el entonces sacerdote javeriano misionaba en África. Al llegar a su parroquia, se encontró con una comunidad acostumbrada a “tenerlo todo”: su antecesor europeo había basado la pastoral juvenil en el deporte gracias a sus bienhechores. Sin embargo, con el tiempo el material se desgastó y el proyecto colapsó. “Antes tenían a un primermundista y ahora tienen a un tercermundista, fue lo que pensé”, recuerda el padre Efraín.

Quédate con nosotros: La adoración eucarística

Ante la proximidad de la Cuaresma, una nueva oportunidad se abrió. Los coordinadores de la Pastoral Juvenil lo buscaron para saber qué actividades serían convenientes para atraer a los jóvenes.

“Se había mantenido un grupo de vocaciones y los jueves en la tarde teníamos una reunión que terminaba con el canto de las vísperas, en donde se exponía el Santísimo. Los coordinadores me sugirieron algo así para los jóvenes —las vísperas y una pequeña reflexión de Cuaresma— y en poco tiempo pasamos de 50 a 300 jóvenes. Aumentó a nivel exponencial. Así me di cuenta de que la adoración eucarística los atrae verdaderamente”.

Pero el logro se vio empañado por la guerra en la región. El padre Efraín fue removido, primero a una zona más segura dentro de África y finalmente a Guadalajara (México), donde comenzó a formar la comunidad “Quédate con nosotros”.

“Quédate con nosotros no es algo que yo haya planeado o haya imaginado. Se dio con las personas que nos reuníamos para hacer adoración en Guadalajara; aquello fue creciendo hasta convertirse en un retiro carismático que se realiza hasta la fecha”, explica el sacerdote.

Querétaro: la expansión

Tiempo después, al ser nombrado director del Centro Unión en San Juan del Río, Querétaro, el carisma se expandió orgánicamente. Tras un encuentro entre jóvenes de Guadalajara y alumnos del colegio en misiones de Semana Santa, surgió la petición de replicar los retiros. Aunque el padre inicialmente se resistió por falta de tiempo, el primer retiro “discreto” de 18 personas se transformó en uno de más de 100 al año siguiente.

Al terminar sus estudios de preparatoria, varios jóvenes se mudaron a Querétaro capital para continuar con la universidad y, sin que nadie se los pidiera, encontraron la forma de reunirse en una pequeña iglesia para hacer adoración. Un día, el padre Efraín les cayó de sorpresa y, sin estar muy convencido por su falta de tiempo, les buscó un espacio más grande.

“Yo hablé con el padre Jorge Valencia, que era el párroco del Sagrado Corazón en Santa Clara, y les dio un espacio. Todos estos jóvenes estaban en el Tecnológico, en la UNIVA, en la UAQ y empezaron a jalar jóvenes de las distintas escuelas de Querétaro, y todo aquello fue creciendo”.

Tiempo después, por invitación del padre Juan Vega, los jóvenes se mudan al Areópago Juan Pablo II en la colonia Carretas, donde encontraron la oportunidad de crecer en la formación, la catequesis y los sacramentos. Así, a pedido de sacerdotes, la comunidad llegó a nuevas parroquias en colonias como Juriquilla, Los Ángeles, Álamos y Niños Héroes.

Misioneros de la Alegría

De esta efervescencia espiritual surgió un nuevo reto: la formación sacerdotal. Jóvenes universitarios manifestaron su deseo de ser sacerdotes, pero bajo el carisma de QCN. Tras consultar con sus superiores y obtener el respaldo de Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez —entonces obispo de Querétaro—, el padre Efraín dejó a los javerianos para fundar formalmente la comunidad.

“Hablé con don Faustino y me dijo: ‘Si esto viene de Dios, irá adelante; si no viene de Dios, desaparecerá. Yo no puedo impedir algo que sí puede venir de Dios’. Entonces, salgo de los javerianos y, con la bendición de nuestro obispo, iniciamos la formación sacerdotal en QCN; se fue forjando lo que es Misioneros de la Alegría. Fuimos reconocidos como una familia eclesial”.

Los estatutos fueron aprobados por don Faustino en el 2018 y “pronto, si Dios quiere, tendremos a los dos primeros sacerdotes de Misioneros de la Alegría. Ya son diáconos; solo les falta el último empujón”. Está previsto que QCN tenga cuatro ramas: solteros, matrimonios, Misioneros de la Alegría y Misioneras de la Alegría. Esta última es la que falta y la que pronto se espera consolidar.

Los jóvenes y los nuevos horizontes

El padre Efraín espera que, con los nuevos sacerdotes, el carisma de esta comunidad orante contemplativa se abra a nuevos horizontes. “Ya tenemos varias solicitudes en distintas partes del país y en distintos países. Yo creo que iremos primero a Durango; desde que se fue, don Faustino no ha dejado de insistirnos. Él me dijo que este carisma no es solo para la Iglesia de Querétaro; es un regalo de Dios para la Iglesia universal”.

El carisma de la comunidad es claro: penetrar, renovar y transformar desde su interior los ambientes juveniles. Lo que “buscamos es atraer a más jóvenes al corazón de Cristo. Es Jesús Eucaristía quien los atrae”.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de marzo de 2026 No. 1600


 

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