500 AÑOS DE LOS DOMINICOS EN MÉXICO
Por Hugo Daniel López Hernández
Fueron innumerables los discípulos de fray Francisco de Vitoria en la Escuela de Salamanca que, durante medio siglo, fecundaron las tierras de México y de toda América. Los dominicos participaron de manera destacada en los primeros obispados, con figuras como fray Julián Garcés, en la diócesis Carolense; fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México; fray Bernardo de Alburquerque, segundo obispo de Antequera, Oaxaca; fray Domingo de Alzola, quinto obispo de Guadalajara; o fray Domingo de Salazar, hijo del Convento de México y primer obispo de Manila.
Ciertamente, en los ochenta años de la Iglesia católica del siglo XVI, se crearon en el territorio mexicano siete diócesis: Tlaxcala-Puebla (1526), México (1530), Oaxaca (1535), Michoacán (1536), Chiapas (1538), Guadalajara (1548) y Yucatán (1561). En ese mismo período, gobernaron las siete diócesis veintiocho obispos, de los cuales doce eran dominicos.
En Oaxaca hubo dos: el mencionado fray Bernardo de Alburquerque (1560-1579) y fray Bartolomé de Ledesma (1583-1604). En Chiapas, durante el siglo XVI, todos los obispos fueron dominicos: fray Bartolomé de las Casas (1543-1550), fray Tomás Casillas (1551-1567), fray Domingo de Ara (electo en 1568), fray Pedro de Feria (1574-1588) y fray Andrés de Ubilla (1592-1603).
Por otro lado, respecto al gobierno de la Orden de Predicadores, en poco tiempo se crearon en el México actual cuatro provincias dominicanas: Santiago de México (1532), San Vicente de Chiapa y Guatemala (1551), San Hipólito Mártir de Oaxaca (1592) y San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla (1656).
En 1587, la Provincia de Santiago colaboró eficazmente en la creación de la Provincia misionera del Santísimo Rosario del Extremo Oriente, en Filipinas. Esta provincia mantuvo en la Ciudad de México el hospicio de San Jacinto de la China hasta 1821. Por él pasaron innumerables misioneros y algunos mártires, como fray Luis Flores, un joven flamenco que tomó el hábito dominico en México y fue quemado vivo en Nagasaki en agosto de 1622.
El autor es director ejecutivo del Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH).
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 19 de abril de 2026 No. 1606

