Por Arturo Zárate Ruiz
Por la agresión de Trump a Irán, el papa León XIV ha insistido en callar las armas y buscar en verdad la paz: “Que quienes tienen el poder de librar guerras elijan la paz, no una paz impuesta por la fuerza, sino a través del diálogo; no con el deseo de dominar a los demás, sino de encontrarnos con ellos”. Hizo lo que todo católico espera ahora de su Pontífice.
Lo que no quiere decir que el pacifismo radical lo abracen los papas. De hecho, León I le plantó la cara a Atila en el siglo V, justo en las puertas de Roma, la cual el huno iba a destruir. Julio II incluso empuño la espada para defenderse de Bolonia. Clemente VII, tal vez por pacifista, prefirió escapar de San Pedro al castillo de San Ángel durante el ataque de las tropas luteranas del “catoliquísimo” emperador Carlos V. Ocurrió entonces finalmente el “Saco de Roma”. De allí que la doctrina católica no se oponga a toda guerra si ésta es justa. Si se agotan los medios para lograr la paz, existe el derecho a la legítima defensa, la cual tiene estrictas condiciones:
- Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
- Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
- Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
- Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
Además, nos dice la doctrina católica, si estalla la guerra, los poderes públicos tienen el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional, entre otros, reclutar a los suficientes hombres en condiciones físicas para la tarea.
Ahora bien, que estalle una guerra no es pretexto para un “todo vale”. Persiste, nos dice la Iglesia y la razón humana, la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Por ejemplo, nada de pillaje o de ultrajes a las mujeres. El Catecismo añade que “Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros”.
Y precisa: “Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales… son crímenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. Así, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenado como un pecado mortal. Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios”.
Además, advierte que “Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones. Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.
Revisadas estas condiciones, es dificilísimo admitir que hoy pueda haber una guerra justa, menos aún que sea admisible que Trump destruya no sólo las armas de Irán, sino toda su civilización, según abiertamente amenazó.
Porque hay otros medios, pacíficos, para llegar a un acuerdo justo, el papa dijo “Seguiré pronunciándome con firmeza contra la guerra, buscando promover la paz, promoviendo el diálogo y el multilateralismo entre los Estados para encontrar soluciones a los problemas. Demasiadas personas están sufriendo hoy, demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe levantarse y decir que hay una mejor manera” de construir la paz.
También dijo: “El mensaje del Evangelio es muy claro: Bienaventurados los que trabajan por la paz. No me apartaré de anunciar el mensaje del Evangelio e invitar a todas las personas a buscar maneras de construir puentes de paz y reconciliación, y buscar maneras de evitar la guerra siempre que sea posible”.
Y advirtió: “No tengo miedo del gobierno de Trump ni de hablar en voz alta sobre el mensaje del Evangelio, que es por lo que trabaja la Iglesia”.
Image by Silviu on the street from Pixabay

