Por Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel
HECHOS
Durante una semana, en la ciudad de México junto a la Basílica de Guadalupe, hemos realizado el II Encuentro sobre traducciones y adaptaciones litúrgicas indígenas, con el objetivo de compartir experiencias de las diócesis, analizar criterios bíblicos, litúrgicos y culturales sobre traducciones y adaptaciones litúrgicas, y proponer procesos para seguir la inculturación de la liturgia en los pueblos originarios.
Participaron 91 personas de las etnias zapoteca, otomí, maya, mixteca, purépecha, náhuatl, tseltal, totonaca, rarámuri, ténec, tsotsil, mam, popoluca, mixe, chinanteca, mazahua, chatina, amuzgo, ch’ol y wixárika. De Bolivia vino alguien de la cultura guaraya; de Colombia, de las culturas embera y tucano; de Guatemala, de la cultura mam y maya chuj.
Fue muy alentador comprobar la respuesta tan entusiasta de quienes tienen interés en dar este servicio a nuestros pueblos originarios. Yo había calculado que participarían unas 35 personas, y vinieron 91. Otros más querían llegar, pero ya no había espacio. Y quiero resaltar la presencia viva y activa jóvenes, lo cual nos da garantía de continuidad, y también de un buen número de mujeres, lo que nos garantiza fidelidad a las culturas, pues aunque algunas no hayan terminado ni la educación primaria, llevan el idioma en su corazón y lo defienden con todas sus entrañas.
ILUMINACIÓN
La Encarnación es modelo de inculturación: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14). Jesús es el camino de la Iglesia. La Encarnación del Hijo eterno del Padre se continúa en la encarnación de la Iglesia en las culturas, por obra del Espíritu Santo. La inculturación es una consecuencia y una expresión de la Encarnación. El Verbo eterno del Padre se encarnó en una cultura y en un idioma marginados, el arameo. Conocía el hebreo, la lengua dominante, pero su idioma materno era el arameo.
La Virgen de Guadalupe no usó el castellano, idioma de los conquistadores, sino el náhuatl, de los conquistados. No era su lengua nativa, sino que se inculturó tanto en la lengua como en la cultura náhuatl. La Virgen María siempre se ha manifestado muy cercana a los pequeños, a los que sufren, a los pobres y a los oprimidos.
Ya lo indicó el Concilio Vaticano II hace 63 años, pero parece que aún no le hacemos caso:
“La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia, con tal de que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico”.
Nos decía el Papa Francisco:
“Las Iglesias particulares deben fomentar activamente formas, al menos incipientes, de inculturación. Si dejamos que las dudas y temores sofoquen toda audacia, es posible que, en lugar de ser creativos, simplemente nos quedemos cómodos y no provoquemos avance alguno y, en ese caso, no seremos partícipes de procesos históricos con nuestra cooperación, sino simplemente espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia.
Esto nos permite recoger en la liturgia muchos elementos propios de la experiencia de los indígenas en su íntimo contacto con la naturaleza y estimular expresiones autóctonas en cantos, danzas, ritos, gestos y símbolos. Ya el Concilio Vaticano II había pedido este esfuerzo de inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas, pero han pasado más de cincuenta años y hemos avanzado poco en esta línea”.
ACCIONES
Apreciemos, valoremos, respetemos y promovamos las culturas indígenas, porque son una expresión de la sabiduría de Dios y de los dones del Espíritu Santo; son una riqueza en la Iglesia. Que no se pierdan esas culturas, sino que seamos sus aliados para su conservación y desarrollo.
El autor es cardenal y obispo emérito de San Cristóbal de las Casas; ha sido uno de los grandes promotores de las traducciones litúrgicas a las lenguas originarias de México y de muchos otros países de América Latina
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 12 de abril de 2026 No. 1605

