Al término de la misa celebrada en el estadio de Manabo, el Papa expresa su agradecimiento por el viaje realizado a África, una tierra que puede aportar «significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano»
Por Vatican News
El Papa León se despide de Guinea Ecuatorial, última etapa de su tercer viaje apostólico, que Dios le ha permitido realizar. Lo hace al término de la misa, intercalando sus palabras con miradas a la multitud de fieles que en estos días han mostrado un afecto a veces incontenible por el Sucesor de Pedro. Es el momento de despedirse de África y el Pontífice da las gracias al «Sr. Arzobispo, Monseñor Juan, y a los demás obispos, a los sacerdotes y a todos vosotros, pueblo de Dios que peregrina en esta tierra, Cristo es la luz de Guinea Ecuatorial y vosotros sois sal de la tierra y luz del mundo”.
Su gratitud se extiende también “a las autoridades civiles del país y a cuantos, de distintas maneras, han contribuido al éxito de mi visita”.
Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad; es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios, alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio como sucesor de Pedro.
“Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano”, afirma a continuación, destacando el papel del país en los primeros siglos de la Iglesia.
Confío esta intención a la intercesión de la Virgen María, a quien los encomiendo de corazón, así como a vuestras familias, a vuestras comunidades, a vuestra nación y a todos los pueblos africanos.

