Por Hugo Daniel López Hernández

A lo largo de doce columnas —número apostólico—, les contaré la historia de la llegada de la Orden de Predicadores al territorio mexicano. Como se sabe, los primeros dominicos llegaron al antiguo puerto de Veracruz el 23 de junio de 1526; hace justamente 500 años.

Sin embargo, los frailes de hábitos negros y blancos habían estado en América desde 1510. Eran cuatro religiosos andaluces: fray Pedro de Córdoba, fray Antonio de Montesinos, fray Bernal de Santo Domingo y el cooperador Domingo, quienes habían sido enviados por determinación del maestro general Tomás de Vio Cayetano dos años antes. Se destinó, entonces, el convento de Santo Domingo de Portaceli extra muros, en Sevilla, para el hospedaje de los misioneros del Nuevo Mundo.

En 1509, fray Pedro de Córdoba recibió 7 mil 425 maravedís para el mantenimiento de esa primera comunidad dominica en el Nuevo Mundo. Fueron doce ducados por el pasaje de los cuatro frailes, pagados al maestre de la nao La Espíndola. Cabe mencionar que existe un retrato de fray Pedro de Córdoba en una hermosa pintura mural en el segundo claustro del Convento de Santa María Magdalena en Tepetlaoxtoc (actual Estado de México), que nos evoca la memoria de los primeros misioneros en las Antillas.

Vuelvo a 1510, año en que fray Domingo de Mendoza envió desde Sevilla a cinco religiosos a La Española; en 1511 a seis frailes y en 1512 a ocho más, entre los que se encontraban fray Domingo de Betanzos y fray Tomás Ortiz, futuros protagonistas de la presencia dominica en México.

Si bien la comunidad de religiosos permaneció en las Antillas, en 1526, al modo de los apóstoles de Jesucristo, llegaron doce religiosos a México en la primera “barcada”. Pero hubo mala fortuna: en los meses siguientes fallecieron algunos frailes y otros prefirieron regresar a España en busca de salud. Quedaron solo tres, los fundadores de la Orden dominica en México. Estos son sus nombres:

  • Fray Domingo de Betanzos (sacerdote)
  • Fray Gonzalo Lucero (diácono)
  • Fray Vicente de las Casas (novicio)

El autor es director ejecutivo del Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH).

 

 


 

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