500 AÑOS DE LOS DOMINICOS EN MÉXICO

Por Hugo Daniel López Hernández

Fray Domingo de Betanzos se impuso, con alegría, la tarea de plantar en estas tierras fecundas la Orden de Predicadores. En el primitivo convento abrió un noviciado que él mismo dirigió. Había, al menos, un novicio: fray Vicente de las Casas. Otros frutos primeros de aquella formación dominicana fueron: fray Juan López Castellanos, paje del Conquistador y el primero en vestir en México el hábito blanco y negro, pronto fundador de pueblos y conventos; fray Francisco de Aguilar, “viejo soldado de alpargatas” de los días de la conquista y encomendero pacificador, transformado en dominico, sacerdote, catequista y, ya muy viejo, cronista de la Conquista. También se enumeran entre los primeros que tomaron el hábito en México a los nobles indios hermanos fray Juan y fray Gregorio Tienda, capturados por los turcos en 1538 en las aguas de Israel, como lo narró posteriormente fray Juan de la Cruz y Moya.

En 1530 ya se iniciaba con júbilo la fundación de nuevos conventos en Coyoacán, Oaxtepec (en Morelos) y Chimalhuacán-Chalco (en el Estado de México), expandiendo su presencia en el centro del virreinato de la Nueva España. En paralelo a estos esfuerzos iniciales, la orden dominica delineó dos modelos de asentamiento:

Los conventos de estudio: ubicados en ciudades como México, Puebla y Oaxaca, donde se enseñaba teología y lenguas indígenas.

Los conventos de misión: instalados en pueblos de indios, desde donde se emprendía la labor evangelizadora en lenguas vernáculas.

En 1532, la Corona autorizó la creación de la Provincia de Santiago de México, dando autonomía a los dominicos respecto a la provincia madre de Hispania y consolidando así su propia estructura institucional. En pocos años, la red conventual se expandió hacia el sur, abarcando regiones como la Mixteca y la Sierra Zapoteca de Oaxaca, y eventualmente Chiapas y Guatemala.

La expansión territorial continuó durante el siglo XVI. A partir de 1600, la Orden fundó casas religiosas en zonas del norte, como Zacatecas (donde se fundó el colegio de Santa Vera Cruz en 1608) y Sombrerete, así como en Guadalajara y la región del Bajío.

El autor es director ejecutivo del Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH).

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 12 de abril de 2026 No. 1605

 


 

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