Por Martha Morales

Un amuleto es un objeto que al cual se le atribuyen poderes protectores y espirituales para quien sea el portador del mismo; también es acompañado de la idea de mayor prosperidad, buena o mejor suerte y amor para el portador, desvían de Dios, buscan controlar lo invisible. Algunos amuletos provocan un vínculo mental cuando se cree que, sin él, le va a ir mal.

Todos queremos seguridad, control y, si no lo hay, comienza la ansiedad, la preocupación o el estrés. Ante esto uno puede volverse a Dios o buscar el control en los amuletos, la magia,  la superstición (que es una perversión del culto), el ocultismo. Estos poderes no provienen de Dios. El Primer Mandamiento prohíbe toda superstición, prohíbe poner la fe en algo que no es Dios.

El Padre Rodrigo Solera explica que los amuletos buscan tener seguridad fuera de Dios. Eso es incompatible con la fe. Hay amuletos físicos como la pata de conejo, cuerdas, manita de gato, cristales, pirámides de cuarzo, herradura, talismanes, espanta sueños, etc.

Hay personas que usan objetos religiosos como amuleto, por ignorancia. Por ejemplo, el escapulario del Carmen está vinculado a renunciar a los pecados mortales; si alguno cree que es un paso automático al Cielo, se equivoca.

La superstición es una creencia irracional que trata de convencer a las personas de que ciertas obras, objetos o números pueden traerles buena suerte o desgracias. Hay quien piensa que romper un espejo es de mala suerte y llevar un ojo es de buena suerte. Hay quien piensa que le va mal porque “le han echado la sal”.

El Dr. Plinio habla de que amuleto ideológico es interior, está en el corazón, es una idea o un modo de sentir, que la persona acepta interiormente, hay culpa, y a través de él, el demonio puede aprovechar la ocasión para esclavizar. En el amuleto ideológico hay aceptación, consentimiento. El amuleto ideológico puede ser una idea obsesiva, recurrente. Puede haber una obsesión natural, por ejemplo, tener un carro nuevo, pero si eso aparta de Dios, puede ser aprovechado por el enemigo para convertirlo en obsesión.

Hay sentimientos negativos que persisten, se convierten en una idea fija, como ver todo de forma triste, pesimista, sin esperanza, con envidia, con sospecha, sentimientos de cosas pasadas… Esto nace de una idea interior consentida. Quizás esta idea viene del resentimiento, de no haber perdonado. El resentimiento es “volver a sentir”, allí puede haber un amuleto ideológico.

No tenemos el dominio total de nuestros sentimientos, a causa del pecado original, podemos fomentar el odio a los demás quizás por envidia. Nuestra voluntad es débil y, a la vez, insaciable si no la controlamos.

La persona que no busca el auxilio divino porque piensa que se basta a sí mismo, se vuelve autosuficiente. Hay tentaciones de deshonestidad, de robo, de castidad, que tienen una causa natural, pero luego entra lo preternatural, si hay consentimiento, entra el demonio a empeorar la situación.

¿Cuál es mi preocupación más grande hoy? Sostener a mi familia, eso es sano. Pero si mi preocupación es un resentimiento que alimento, hay allí un amuleto. Para resolver tiene que salir del corazón.

Una persona piensa que es perseguido, despreciado, y se obsesiona con esa idea que no es real. Todo lo juzga con esa óptica y crea un estilo de vida. No hay un verdadero dominio interior. Hay algo a lo que no está renunciando interiormente, entonces no solucionará. Esa persona necesita eliminar esos amuletos y pedir liberación en el Nombre de Jesús.

Todos tenemos que luchar contra el orgullo para no ser el centro, porque esa vía no lleva a Dios. La oración nos ayuda a encontrar cuáles son esos “amuletos”. Es más fácil tirar a la basura un amuleto físico que quitar el amuleto interior.

Uno de los remedios en la vida espiritual es salir de sí mismo, preocuparse por los otros; admirar a los otros es un verdadero exorcismo.

Sustituir esos ídolos interiores por la verdad en una vida espiritual bien llevada, es el modo en que pierdan su fuerza. Hay que confiar en la gracia porque en esta vida, todo tiene solución y Dios siempre está a nuestro favor.

 
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