Por P. Fernando Pascual
A finales de julio de 1926, la presión del gobierno de México llevó a los obispos a tomar una dramática decisión: el cierre del culto en toda la República. Esta decisión, necesaria ante leyes que impedían llevar adelante el servicio pastoral a los católicos, generó una pena profunda y una fuerte reacción para defender la justicia y la libertad religiosa.
A partir de esa fecha, en diversos lugares de México se produjeron levantamientos populares orientados a restablecer la libertad religiosa, a reabrir las iglesias, a permitir a los sacerdotes católicos el ejercicio de su ministerio.
Los levantamientos se concentraron en algunas zonas del país, incluso llegaron a implantar en amplios territorios una especie de Estado paralelo, orientado al respeto de los derechos de los católicos, desde el deseo de promover el Reinado de Cristo.
El fenómeno de la revuelta de tantos católicos en México, muchos de ellos campesinos, fue conocido bajo el nombre de la Cristiada. Ese fenómeno duró hasta los así llamados “arreglos” de 1929, si bien no faltaron brotes locales de rebelión en los años sucesivos por parte de quienes buscaban defender su fe.
La historia de la Cristiada ha sido analizada por diversos estudiosos. Entre ellos, se puede destacar el nombre de Jean Meyer, quien publicó, entre 1973 y 1975, tres volúmenes con el título La Cristiada.
En el siglo XXI hubo más estudios sobre el tema. Puede mencionarse, por su abundante bibliografía, el libro del historiador italiano Mario Arturo Iannaccone titulado La cristiada. L’epopea dei Cristeros in Messico (Lindau, 2013) que merecería el esfuerzo de ser traducido y publicado en español.
A los cien años de aquella reacción popular contra quienes buscaron erradicar la fe católica en México, vale la pena profundizar en los hechos que llevaron a las leyes de persecución, en la reacción de los obispos y de los fieles, y en los años de conflicto que provocaron miles de muertos.
¿Qué fue la Cristiada? ¿Qué ha quedado de aquella “epopeya”? ¿Sigue en pie la fe católica en el pueblo mexicano? ¿Fue correcto el uso de las armas contra quienes buscaron destruir a la Iglesia católica? Son preguntas que ya fueron planteadas en los años anteriores al alzamiento de 1926, y que todavía hoy merecen ser estudiadas.
Lo cierto es que a partir del verano de 1926, hubo hombres y mujeres, muchos de ellos mártires (aunque pocos canonizados), que buscaron defender su fe bajo un grito que surgía desde lo más íntimo de sus corazones: “¡Viva Cristo Rey y viva la Virgen de Guadalupe!”
Imagen de Kerstin Riemer en Pixabay

