Por Arturo Zárate Ruiz
Recientemente, el gobierno de Estados Unidos desclasificó documentos sobre avistamientos de OVNIs, es decir, objetos voladores no identificados, los cuales fueron abundantes en la década de 1960. No obstante la secrecía del gobierno norteamericano, dichos avistamientos se publicitaron en la década de 1970 al menos en revistas alarmistas. Éstas sí les dieron una identificación: extraterrestres.
En publicaciones “muy muy serias”, digamos Duda, abundaba “información” sobre cómo los extraterrestres se encargaron, por supuesto, de aparecérsele a Moisés y escribir sobre piedra, con rayos laser (o tal vez telepatía), los mandamientos. Estos pasquines difundían también detalles de cómo estos extraterrestres se encargaron de traer la cultura a los nativos americanos, los egipcios, y otros pueblos que, se sobreentiende, por no ser europeos, no se vieron muy favorecidos en el gozar ingenio humano propio. Tal vez sus escritores de “avanzada”, muy creyentes, por marxistas, de la evolución, nos consideraban a los mexicanos de la estirpe de los Pitecántropos, y no de los Homo Sapiens arios, es decir, nos consideraban incapaces de desarrollar nuestra propia civilización.
Reconozco que el tema de los OVNIs lo abordaron entonces no sólo los ateos, también escritores cristianos, como el anglicano C. S. Lewis en su Trilogía Espacial. Este autor inglés nos presenta a los alienígenas como buenos, criaturas que se compadecen de la corrupción humana. Si Cristo vino a la Tierra, y no a Marte, fue porque aquí era donde se debía corregir la desobediencia a Dios.
Más divertidas, para mí, son ahora las visiones de marcianos malévolos, como los de la película Marcianos al Ataque. Uno de sus chistes mejores es el del científico, quien, por sus estudios universitarios avanzados, presupone que los extraterrestres, por ser más inteligentes que los hombres, debían de ser mucho más buenos en lo moral. ¡El desengaño que se lleva este académico, según corre la película! No se acordaba de los alemanes nazis, quienes, gozando del mayor desarrollo científico en su tiempo, fueron los culpables del Holocausto.
Ahora bien, aunque no llegue a negar la existencia de vida extraterrestre, suelo ser escéptico sobre ella. No se ha encontrado todavía ni en el Sistema Solar nuestro ni en ninguna otra galaxia cercana las condiciones propicias para la vida, no hablemos de las propicias para la vida inteligente. Además, de existir ésta, se hallaría a miles de años luz alejada de nuestro planeta Tierra. ¿Avistamientos de extraterrestres?, muy difícil de aceptarlos desde la perspectiva puramente científica.
Hay además explicaciones más sencillas sobre estos avistamientos. Los años 60 estuvieron marcados no sólo por la detección de OVNIs, también, por la Guerra Fría, la carrera espacial y el temor a una guerra nuclear. Esto propició un ambiente de alta vigilancia en los cielos, donde cualquier avión de reconocimiento a gran altitud o prueba de misiles solía confundirse rápidamente con naves extraterrestres. El 24 de agosto de 1974 un objeto se estrelló en el desierto de Chihuahua. El mito ufológico principal sostiene que el Ejército estadounidense intervino y cruzó los restos hacia Nuevo México. Corre por ahí el rumor que ese objeto fue un “platívolo” soviético lanzado allí para asustar a nuestros vecinos. En cualquier caso, la anécdota ha servido a los productores de televisión para hacer la serie Los expedientes secretos X.
Cabe agregar que, si se han dado encuentros con “extraterrestres”, no fueron con criaturas de otros planetas. Considerarlos así revela una visión materialista de los eventos, propia de estos últimos siglos en que se descarta a Dios.
¿Por qué no pensar mejor con encuentros con ángeles, sean santos o demonios? Santa Catalina de Siena tuvo la visión de muchos diablos que acompañaban a personas que festejaban de manera desenfrenada el carnaval. San Pio de Pietrelcina veía físicamente a su ángel de la guarda, es más, conversaba con él. Los pastorcillos de Fátima recibieron la visita de un ángel tres ocasiones para anunciarles la inminente aparición de la Virgen.
Estos ángeles no son “extraterrestres” pues nos acompañan siempre en nuestra estancia en la Tierra, para ayudarnos en nuestra salvación.

