RECORDAR PARA NO REPETIR: A CIEN AÑOS DE LA CRISTIADA
Por P. Tomás de Híjar Ornelas
Los cien años que van del nacimiento de México como estado confesional al de las adiciones al Código Penal Federal en materia de culto religioso y disciplina externa —la Ley Calles—, nos dejan en esta encrucijada: si en 1926 los Estados Unidos Mexicanos —nombre oficial de nuestro país— era una nación católica secuestrada por un gobierno civil empeñado en que lo dejara de ser, ello se debe a la circunstancia de hallarse los 15 millones de católicos de esta parte del mundo, atendidos por treinta obispos y un clero que ni pudo ni supo impulsar entre sus fieles laicos líderes aptos para sostener con la participación democrática el ocaso del caudillismo, de frente a leyes civiles que lo impedían.
Los católicos prácticos de México debieron elegir ese año entre la resistencia civil pasiva y la activa, es decir, entre blandir la espada contra de autoridades públicas decididas a implantar un sistema de derecho que conculcaba la libertad religiosa, y la pared de un clero —diocesano casi todo— que apenas hasta el siglo XIX se emancipó del control estatal a cambio de cederle al gobierno la educación de la media a la superior —positivista al modo de A. Comte—, y el cuidado de la salud pública en los hospitales.
En tal trinchera, entre 1917 y 1927, militó el paladín de la causa católica en México y hoy celestial patrono de los fieles laicos, el beato Anacleto González Flores.
Los santos y beatos mártires de la acción social católica en Jalisco
Ahora bien, si los bautizados de la Unión Americana respecto a los de Hispanoamérica llevan como marca de agua su aversión a la Santa Sede y eso transmiten a sus adeptos a modo de vínculo natural con el luteranismo, con el evangelismo y con la Iglesia Anglicana, esa llaga sangra también desde cimientos tan profundos como el que cavó el autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, fray Bartolomé de las Casas, que si bien denuncia acciones brutales de sus coetáneos contra los moradores autóctonos de América hace 500 años, no pudo atisbar lo que Felipe II consolidó desde la cuenca del Pacífico gracias a Fray Andrés de Urdaneta y a Miguel López de Legazpi desde Alaska a la Patagonia, abrir por tierra y agua vías de comunicación para urbanizar y dar cobijo a propios y extraños, avecindados en puestos y misiones, en estancias y rutas comerciales.
Puente interoceánico tendido entre el Atlántico y el Pacífico desde 1531 gracias a los reinos de la Nueva España y de la Nueva Galicia, ese laboratorio de la civilización universal respecto a las culturas mesoamericanas en todos sus vientos, son en lo civil los hoy estados de Jalisco, Nayarit, Zacatecas y Sinaloa (unos 250 km²), y en lo eclesiástico circunscripciones hoy copiosas pero que tienen por tronco la arquidiócesis de Guadalajara con una jurisdicción diez veces más grande a la apenas señalada.
El catolicismo en Hispanoamérica
Nace, por ironías del destino, de las controversias abiertas en el horizonte europeo desde el siglo XVI durante el desmantelamiento de la Cristiandad, que tocaron puerto en la caída del Antiguo Régimen a partir del siglo XVIII, y en el marco del nacimiento de las monarquías constitucionales y de los sistemas de gobierno republicanos a finales de esa centuria, que también trajo consigo, desde el yunque de la leyenda negra antiespañola, negarle a Hispanoamérica lo que la historia le concedió antes que a nadie, la de ser cuna, en la cuenca del Pacífico, de la globalización temprana en la faz de la tierra, por haberse anticipado 200 años al nacimiento de la Unión Americana (1776), gracias al conocimiento científico, lo insinuamos ya, de Fray Andrés de Urdaneta y a la gran visión que para ello tuvo Felipe II de España.
Caso distinto, en la costa del Atlántico, el de las trece colonias americanas, curtidas en la salmuera de las luchas políticas y de las facciones religiosas en Europa en los siglos que van del XVII al XVIII, el litoral de Hispanoamérica por la cuenca del Pacífico, que alguna vez tuvo jurisdicción de polo a polo, se abrió en 1573, desde el archipiélago de las Filipinas, a la temprana globalización cultural y económica, merced a la ruta del galeón de Manila.
El autor es especialista en temas religiosos, arte, historia y filosofía.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 24 de mayo de 2026 No. 1611
Imagen de JoseLuisOrtega en Pixabay

