Por P. Fernando Pascual

Llega la noticia de un misil que mata a civiles. Unos dudan, porque la noticia llega del otro bando. Otros en seguida dan la noticia por buena, porque la dicen “los nuestros”.

Notamos cómo existen desconfianzas y confianzas selectivas ante el continuo flujo de noticias y mensajes de todo tipo que giran por las redes sociales.

Con frecuencia, las desconfianzas se dirigen hacia “noticias” que mostrarían errores o defectos de quienes piensan contra nosotros, o de quienes nos resultan simpáticos.

En cambio, si la “noticia” muestra la maldad o los errores “de los otros”, la desconfianza desaparece y surge una rápida confianza que lleva a muchos a dar por buena esa noticia.

Las desconfianzas y confianzas selectivas se explican fácilmente desde las simpatías y las antipatías que cada uno lleva en su interior, pero que no ayudan a evaluar adecuadamente lo que unos y otros dicen sobre un hecho concreto.

Resulta más prudente y más justo, especialmente cuando recibimos noticias sobre guerras, una sana distancia hacia lo que nos llega, para no dar por válido lo que digan los unos y para no descartar sistemáticamente lo que digan los otros.

Es cierto que no podemos desconfiar de todos. Si han muerto niños o civiles, alguien es el responsable, y los periodistas honestos están llamados a señalarlo, incluso cuando el responsable pudiera ser del bando que uno considera como bueno.

Pero tampoco podemos caer en una credulidad completa. Una sana desconfianza nos permite dejar pasar algo de tiempo para que las informaciones sean más precisas y para que se haga claridad sobre la última masacre en una de las muchas guerras del planeta.

De este modo, sin renunciar a las preferencias que cada uno tiene, se promoverá una inteligencia más crítica y una apertura interior, lo cual nos ayudará para no dar por verdadero lo falso ni lo falso por verdadero, y así podremos dar un juicio acertado ante tantas injusticias que, por desgracia, cometen unos y otros en los diferentes conflictos humanos.