Por El Observador

El cuidado del planeta —o la “casa común”, como la definió el Papa Francisco— ha dejado de ser una bandera exclusiva de los movimientos ambientalistas y las ONG internacionales para convertirse en una práctica que nos concierne a todos. Esta transformación, más que técnica, es cultural y encuentra su epicentro en la vida cotidiana. Bajo esta premisa, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida presentaron el manual titulado “La ecología integral en la vida de la familia”, una guía estratégica para convertir el entorno doméstico en el motor del cambio global.

El documento toma como eje rector la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia. Su objetivo es claro: inspirar y movilizar a los hogares para que adopten actitudes alineadas con las enseñanzas de la encíclica Laudato si’, vinculando el respeto por el medio ambiente con un modelo de desarrollo verdaderamente humano e integral.

A través de siete vías concretas de reflexión, el manual posiciona a la familia como la protagonista indiscutible del cambio. La propuesta sostiene que la mejora de la calidad de vida debe emanar del núcleo social más básico para, posteriormente, impregnar a otros sectores estratégicos de la sociedad civil, tales como el tejido empresarial, el sistema sanitario, las instituciones educativas y los gobiernos locales. Sin embargo, para activar este engranaje, el texto advierte que es fundamental comprender la dimensión profunda del rol familiar en el siglo XXI.

El magisterio de Francisco como hoja de ruta

Para que la familia se convierta en un modelo de vida sostenible, el manual se cimenta en el corpus doctrinal del Papa Francisco. Textos como Laudato si’, Fratelli tutti, Amoris laetitia, Gaudete et exsultate y Laudate Deum configuran una hoja de ruta que entrelaza la ecología, la solidaridad, el amor y la integración cultural. Estas obras subrayan que no es posible avanzar como sociedad si no se prioriza la vida en común y la responsabilidad compartida.

El documento destaca una verdad urgente: la interconexión global. Entender que el entorno humano y el natural son una sola realidad es el primer paso hacia una ecología integral. Esta visión no solo busca la sostenibilidad del planeta, sino la realización plena de la familia humana mediante la solidaridad, y la realización individual a través de una existencia con propósito y sentido ético.

Con el fin de potenciar el impacto de la llamada “Iglesia doméstica”, los organismos de la curia romana proponen siete objetivos derivados de Laudato si’. Estas metas fomentan la colaboración mutua y el respeto por la diversidad de aportaciones, permitiendo que cada familia contribuya desde su propia tradición y contexto local.

El Papa Francisco, en sintonía con lo expresado en Amoris laetitia, sostiene la convicción de que la familia es el “sujeto protagonista” de esta revolución. Al ser el sujeto social primario, alberga en su seno los dos pilares de la civilización: el principio de comunión y el principio de fecundidad. Es en este vínculo donde se siembra la educación que permite relaciones virtuosas; allí es donde se cultivan los primeros hábitos de cuidado, desde el uso responsable de los recursos y el orden, hasta el respeto por el ecosistema local y la protección de toda criatura.

Además, se lanza una advertencia sobre la crisis climática actual: la casa común que nos acoge está sufriendo transformaciones drásticas con consecuencias transversales que afectan la salud, el empleo, los flujos migratorios y el acceso equitativo a la vivienda. Ante este panorama, el manual destaca que los desafíos socioambientales requieren una perspectiva genuinamente humana. La premisa es ineludible: no existen cambios estructurales sin una maduración de las convicciones sociales, y no hay evolución cultural posible si no comienza por la transformación personal de cada individuo.

A continuación, las siete vías de acción que invitan a la adopción de comportamientos responsables, sostenibles y solidarios para contribuir a la creación de una nueva cultura. El cambio de hábitos o los nuevos que se adquieran en la familia y en la comunidad, no generan un efecto inmediato, pero sí colaboran para gestar grandes procesos de transformación que operan desde las profundidades de la sociedad.

1. Escuchar el clamor de la tierra

El jardín rico en biodiversidad que nos fue regalado al principio de los tiempos, hoy padece problemas medioambientales y sociales que afectan a los más débiles del planeta. Por ejemplo, la degradación del suelo y las inundaciones pueden contribuir a una mayor inseguridad alimentaria a nivel local, mientras que la contaminación puede afectar a la salud de las personas y de los animales de muchas maneras.

A esto se agrega la falta de medios fundamentales para la supervivencia como son el alimento, el trabajo, la vivienda, las medicinas o las libertades elementales. Por lo tanto, es necesaria una mayor concientización para tener en cuenta las causas, los síntomas y las consecuencias de los problemas medioambientales (incluida la pobreza, los problemas de salud, la explotación y la esclavitud, los desalojos y la corrupción).

Estas graves situaciones requieren de nuestra atención, comprensión y acción por el bien de nuestra casa común y la familia. Y es en ella donde podemos unirnos para cuidarla y dejar un hogar habitable a las futuras generaciones.

Acciones propuestas

  • En caso de disponer de un espacio al aire libre, crea un contenedor de compostaje o una granja de lombrices. En caso de no contar con un espacio al aire libre y que el municipio no ofrezca servicios de compostaje, pregunta a tu escuela local o parroquia si estaría dispuesta a albergar un contenedor de compostaje destinado al uso comunitario.
  • En caso de disponer de un espacio exterior (o incluso un balcón), planta especies idóneas a su situación. Incluye plantas autóctonas que sean adecuadas para los insectos polinizadores y que no requieran un riego excesivo. Intenta cultivar algunas de las verduras o frutas que consume regularmente. Riega tu jardín por la noche o temprano por la mañana para reducir la evaporación.
  • En caso de que tu familia esté compuesta por agricultores, cultiva productos adecuados, teniendo en cuenta también la biodiversidad y la sostenibilidad.
  • Enseña a sus hijos a respetar y cuidar a los animales.
  • Enseña a sus hijos a evitar el despilfarro de alimentos o electricidad.
  • Usa el transporte público con mayor frecuencia.
  • Haz acopio del agua de lluvia. Sé consciente de su consumo de agua potable y evita malgastarla.
  • Explora las opciones de bajo coste para aislar tu vivienda del frío y del calor.
  • Cuando renueves tu vivienda, si es posible, procura instalar sistemas de aislamiento térmico y de iluminación de alta eficiencia.
  • Clasifica correctamente los residuos domésticos.
  • Participa en campañas de recogida de basura; considera la posibilidad de iniciar una nueva campaña en caso de no existir una.
  • Instala y utiliza dispositivos solares (dispositivos fotovoltaicos de calefacción o generadores de electricidad, deshidratadores solares para alimentos y, si procede, para cocinar). Si es posible, explora las oportunidades de financiación gubernamental y de organizaciones no gubernamentales para la adquisición del equipo o la formación relacionada.

2. Escuchar el clamor de los pobres y los vulnerables

El Papa Francisco insistía en la necesidad de que las personas tuvieran acceso a las tres T: tierra, trabajo y techo. Hoy, desafortunadamente, un gran número de personas continúa experimentando exclusión en estos rubros. A menudo el futuro es sombrío e incierto para las familias de escasos recursos. Por el contrario, se vive un consumismo extremo que contamina por la cultura de usar y tirar, gracias a los recientes avances tecnológicos.

Ya que el futuro es compartido por todos, la invitación es a practicar la solidaridad con los pobres, la apertura de la diversidad de las personas, la custodia de la creación, la solidaridad moral y material hacia las otras familias, sobre todo a las más necesitadas.

Acciones propuestas

  • Participa en proyectos y equipos comprometidos con la asistencia y la solidaridad, prestando especial atención a grupos de población vulnerables, como los miembros de comunidades indígenas, los refugiados, los migrantes.
  • Consulta tu parroquia local, organizaciones benéficas católicas u ONG para determinar la posibilidad de contribuir o integrarse en equipos pastorales dedicados a la asistencia de los necesitados. Por ejemplo, la parroquia podría brindar asistencia a inmigrantes y refugiados, presos o personas en situación de desesperación, aislamiento o adicción. Invita a la gente a comer a su casa, aunque, por razones económicas o sociales, no puedan corresponderle.
  • Respeta la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural diciendo no a prácticas como el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada y las tecnologías de reproducción asistida, así como a la promoción de las mismas.
  • Reza por la difusión de una cultura que valore la vida y el encuentro. Enseña y modela el respeto desde la más tierna edad, durante toda la infancia y la adolescencia, en el seno familiar.
  • Cuida con especial cariño y dedicación a los ancianos de tu familia.
  • Ofrece compasión y apoyo espiritual y práctico a las parejas con problemas de infertilidad; ayuda a aquellas que se plantean la acogida y la adopción.

3. Adoptar y promover la economía ecológica

Ante la explotación de recursos y altos índices de contaminación generados por el actual sistema económico, se aviva la necesidad de una “ecología económica” que tenga en cuenta la protección del medio ambiente y la forma en que se utilizan, preservan y comparten los recursos naturales.

La actividad económica debe contribuir al bien común y al desarrollo humano integral de todos los individuos, inspirándose en una cultura del encuentro, la inclusión, la fraternidad y la confianza. Las familias y los jóvenes pueden desempeñar un papel importante en esta transición.

Acciones propuestas

  • Aplica tus valores y creencias a tus hábitos de compra, incluida la elección de proveedores, vendedores, marcas e ingredientes.
  • Cuando sea posible, coordínate con otros y aumenta el uso compartido (transporte, equipos, etc.).
  • Contribuye al reciclaje y a la reutilización y recurre a los mercados de segunda mano, si es posible.
  • Discierne si se están desperdiciando alimentos, derrochando agua o electricidad. Si es necesario, soluciona estos problemas.
  • Anima a las empresas locales a promover el bienestar de los trabajadores, prestando especial atención a los más vulnerables.
  • En el caso de tener una empresa, pagua a los trabajadores salarios justos y ofréceles prestaciones que favorezcan su bienestar. Piensa en cómo anteponer las personas y el medio al beneficio económico, sin dejar de ser financieramente sostenible.
  • Busca el equilibrio en la vida familiar (y evita el trabajo innecesario) durante el tiempo que estén juntos.
  • Realiza viajes familiares a granjas y talleres locales, para conocer a los trabajadores y de este modo fomentar el espíritu de comunidad.
  • Colabora con las familias vecinas para crear grupos de compra familiares, con el propósito de respaldar a los productores y fomentar las competencias técnicas locales.

4. Adoptar estilos de vida ecológicos

Un estilo de vida sencillo es sinónimo de un estilo de vida sobrio y moderado. El Papa Benedicto XVI recomendó a todos los cristianos adoptar un estilo de vida moderado. Vivir de manera sobria tiene que ver con la cantidad y la responsabilidad, es decir, tomar conciencia respecto a nuestras necesidades básicas y, por lo tanto, la capacidad de resistir las tentaciones del marketing.

En tanto, el estilo moderado tiene que ver con el desapego de lo que poseemos. Vivir con moderación implica la búsqueda de un sentido y un propósito, intentar “ser” en lugar de “tener” o “aparentar”. El hogar es uno de los mejores lugares en los que podemos adoptar un estilo de vida sencillo y virtuoso.

Acciones propuestas

  • Promueve una cultura familiar del dar sin esperar nada a cambio
  • Tómate un momento para reflexionar sobre la bondad del acto de dar.
  • Reconoce con gratitud los dones del tiempo y de la atención que recibimos.
  • Conversen sobre cómo poder vivir una buena relación con la tierra. Elaboren un plan y hagan la promesa de colaborar unos con otros.
  • Pasen tiempo juntos en parques, bosques, junto al mar u observando la fauna.
  • En la medida de lo posible, ayuda a los niños con bajos ingresos o dificultades financieras, consciente de que los hijos, al observar el comportamiento de sus padres, estén preparados para brindar apoyo en el futuro, cuando se presente la necesidad.
  • Resiste la publicidad que equipara la felicidad con el consumo y evita las compras innecesarias. En su lugar, céntrate en lo que contribuye a la verdadera felicidad, como las relaciones basadas en el amor, la paz interior, el cuidado de los demás.
  • En la era del consumismo y de una cultura de usar y tirar, reparar algo es una experiencia significativa e inspiradora. Por ejemplo, reparar los juguetes rotos de los niños.
  • Comparte herramientas, equipos y vehículos con sus vecinos.
  • Evita que los huéspedes o anfitriones con menos recursos se sientan incómodos; “cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti” (Mt 6,2).
  • Renuncia a comer carne los viernes y encuentra ocasiones para ayunar de manera significativa.
  • Pide a tus abuelos que compartan sus recuerdos acerca del estilo de vida, la alimentación, los viajes y el trabajo de sus padres.

5. Ecología integral y educación

Una educación centrada en la ecología integral, cómo se señala en Laudato si´, busca restablecer los distintos niveles del equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios.

Es importante entender que la educación no “solo” está dirigida a los niños. Otros miembros de la familia, como los adultos jóvenes y los padres, pueden seguir aprendiendo y adquiriendo habilidades a lo largo de toda su vida. Para ello es importante la adquisición de hábitos, que no se reproducen de manera espontánea o instantánea. Tanto la experiencia como la psicología atestiguan que lleva mucho tiempo adquirir un hábito; pueden ser necesarios muchos intentos. Pero ¡hay que empezar! Si no se empieza, nunca se formarán buenos hábitos.

La educación requiere enseñar con el ejemplo, tiempo, realismo paciente y pequeños pasos.

Acciones propuestas

  • Asume la responsabilidad de educar a los miembros de su familia.
  • Mantén conversaciones adecuadas para cada edad sobre la necesidad de proteger la vida humana frente al aborto, la maternidad subrogada y la eutanasia
  • Pide a la escuela local que lleve a cabo mejoras ecológicas en sus instalaciones.
  • Pide a la escuela local que realice mejoras en sus actividades ecológicas y sus manuales didácticos sobre ecología; pregunta si es útil que los niños aprendan botánica con plantas de interior o con un huerto escolar.
  • Participa en actividades como excursiones en la naturaleza, visitas a fábricas de procesamiento de alimentos o granjas, que permitan aprender de la mano de los expertos en estos campos.
  • Aprende los nombres y las características de los animales y las plantas de su zona.
  • Enseña a no desperdiciar alimentos.

6. Espiritualidad ecológica en familia

La espiritualidad ecológica, vista desde una perspectiva familiar, abarca el concepto de la creación como un todo. Según Laudato si’ todo está relacionado: todas las criaturas existen para dar gloria a Dios, todos los ecosistemas (humanos, animales, vegetales) forman parte de la creación y están unidos por lazos invisibles que forman una especie de familia universal, una comunión sublime.

La espiritualidad desde una perspectiva familiar también abarca la procreación y la sexualidad, que son cuestiones especialmente importantes desde la perspectiva de la ecología integral y el cuidado de la creación. La llegada de una nueva vida es siempre un signo de esperanza, una nueva oportunidad dada a la humanidad. La espiritualidad ecológica desde una perspectiva familiar está abierta a la esperanza porque sabemos que la Providencia del Padre celestial vigila con amor también sobre nuestras preocupaciones diarias y creemos en la resurrección del Señor.

Acciones propuestas

  • Lee la Biblia y aprende sobre la creación y los elementos de la naturaleza. Estudia y comparte las secciones pertinentes de Laudato si’, especialmente el capítulo dos, el Evangelio de la Creación.
  • Sugiere al párroco que integre en sus homilías temas relacionados con Laudato si’, Caritas in veritate, Familiaris consortio y Amoris laetitia.
  • Incorpora regularmente los temas de la gratitud por la creación en los momentos de oración, como a la hora de acostarse y antes de cada comida, así como en las oraciones por la lluvia o en la época de la cosecha.
  • Celebra y respeta el domingo. En el caso de que, por alguna razón, no puedas hacerlo, busca otro momento de la semana para celebrar a Dios en familia.
  • Aprovecha la oportunidad de rezar rodeado de naturaleza, lo que puede implicar incluso celebrar una misa al aire libre, siempre y cuando lo permitan las normas locales.
  • Contempla en silencio la creación de Dios.
  • Haz excursiones, campamento y picnics; pasa tiempo en los parques; planta un huerto en familia. Fomenta un sentido de asombro y admiración ante la naturaleza, la tierra y las criaturas de Dios.
  • Ten presentes las obras de misericordia espirituales. El cuidado de nuestra casa común se considera tanto una obra de misericordia corporal como espiritual.

7. Familias que participan en la vida comunitaria

Las familias pueden participar en la vida comunitaria y cooperar para cuidar mejor el medio ambiente y los lugares públicos. Las familias pueden brindar su respaldo a las empresas que respetan nuestra casa común y la dignidad humana. Cuando un gran número de consumidores unen sus fuerzas, pueden presionar o influir positivamente en los productores y las familias pueden formar cooperativas para la adquisición o producción de productos agrícolas.

Las comunidades y las familias pueden apoyarse mutuamente y empoderarse, aumentando así su resiliencia. Las familias pueden unirse para defenderse, hacer campaña, concienciar, implicar a las autoridades locales y a los responsables de la toma de decisiones, exigiendo mejores leyes y decisiones que sirvan al bien común de toda la sociedad.

Acciones propuestas

  • Identifica las comunidades o redes a las que podrías unirte y aporta tu contribución (vecinos del mismo pueblo o distrito, familias de una misma parroquia o movimiento, padres de la misma escuela o del mismo grupo scout, congregaciones religiosas, inquilinos de apartamentos del mismo edificio, grupos de defensa de derechos) y descubre qué lazos de solidaridad, cercanía, intercambio, sinergia y reciprocidad son posibles.
  • Utiliza la metodología Ver-Juzgar-Actuar.
    • “Ver” para descubrir las necesidades y estudiar la situación;
    • “Juzgar” con discernimiento, oración y la ayuda de las Escrituras;
    • “Actuar” tomando decisiones de forma conjunta y comprometiéndose a nivel comunitario para llevar a cabo determinadas actividades y promover la participación y el seguimiento.
  • Elabora con tus hijos y nietos una lista de proyectos de voluntariado o donaciones que puedan llevarse a cabo durante las vacaciones escolares, en beneficio de los miembros de la familia, del vecindario, del distrito o del pueblo.
  • Identifica a las nuevas familias que llegan a tu zona (parroquia, vecindad) y présteles una atención especial.
  • Promueve el diálogo y el intercambio intergeneracional, primero en el seno de su familia, pero también incluyendo a vecinos, a otros feligreses, etc.
  • Organiza eventos sociales y/o ecológicos como servicios de oración, pequeñas exposiciones vecinales de artesanía centradas en la naturaleza, proyecciones caseras de películas que aborden temas sociales y ecológicos, etc.
  • Elije, siempre que sea posible, actividades que promuevan el encuentro personal en lugar de la conexión virtual. Destina tiempo a las relaciones y a la relajación, limitando el tiempo dedicado a los juegos en línea y al uso del teléfono celular.

Las protagonistas

Las familias son las protagonistas de la ecología integral. Cuando las familias prestan una atención ferviente a la “ecología integral”, un enfoque del desarrollo entendido como un sistema complejo integrado por factores económicos, ecológicos, culturales y sociales, que coloca en el centro el desarrollo integral de la persona humana, entonces las familias asumen un papel central en el cuidado de la creación. Para ello, debemos ser capaces de comprender las relaciones entre las distintas partes y el todo mayor.

Todos estamos vinculados y, con las acciones que hagamos hoy, se pueden transformar las relaciones para una ecología integral que impacte en niños, jóvenes y adultos, siempre con la responsabilidad y transmisión de valores.