Por Pilar Velilla Flores
La lista de países que han revertido la digitalización de sus aulas sigue creciendo. Como un efecto dominó van cayendo en la cuenta de que mientras lo que parecía inocuo al desarrollar la competencia digital de los niños, descuida una parte importante en el desarrollo de los más pequeños.
Mal llamados como nativos digitales, nos pensamos que por haber nacido en la era tecnológica los chicos ya disponen de las herramientas para navegar sin problema y a su antojo. Y no es así.
Para empezar, no tienen la madurez adecuada. Saber moverse como pez en el agua en lo propiamente técnico es una parte. Pero resta la pata, quizás mucho más significativa, que entra en el terreno de la virtud, en concreto de la templanza: controlar el tiempo, hacer descansos para la vista, tener una postura adecuada para que no sufran las cervicales, huir de la tentación de hacer un mal uso mientras explica el profesor, y un largo etcétera.
Por eso no es de extrañar que los países que antes alardeaban de ser pioneros en la introducción de las pantallas en las aulas ahora vayan rectificando al comprobar los efectos negativos que trae adoptar tal decisión.
En primer lugar, tenemos a Suecia. En 2009 el gobierno sueco decidió reemplazar los libros por computadoras. Sin embargo, en 2023 destinó 104 millones de euros para revertir el rumbo. Todo se originó cuando tras un informe pirls a los alumnos suecos la comprensión lectora salía muy mal parada.
Otro país del norte de Europa que ha implementado medidas en este aspecto es Dinamarca. En 2022 se reportaron 8 mil 816 notificaciones de posibles brechas de seguridad de datos personales ante la autoridad de Protección de Datos Datatilsynet, con un claro incremento respecto al año anterior. Así que prohibió el uso de Google chromebooks y Google Workspace en las escuelas del municipio de Helsinger, con clara repercusión para el resto del país.
Francia y Alemania también están preocupados por la privacidad de datos, ciberseguridad y soberanía digital. Tanto es así que el gobierno francés ordenó en 2022 no utilizar las versiones gratuitas de Google Workspace for Education y Microsoft Office 365.
La Comunidad Autónoma de Madrid, España, ha sido la primera del país en eliminar el uso individual de dispositivos digitales en los colegios y ha implementado medidas de tiempo de uso para cada etapa escolar.
Parece que va habiendo una concienciación más profunda sobre el asunto y me atrevo a augurar que los mencionados no serán los únicos en dar marcha atrás. Cada vez hay más evidencias científicas y es llamativo que los propios creadores de estos dispositivos no lleven a sus hijos a escuelas con tecnología integrada. ¿Será que saben algo que nosotros desconocemos? Lo que está claro es que poco a poco vamos desenmascarando a este gigante que parece arrasar con todo. Y tendrá bondades; lo comprobamos a diario. Pero es necesario que seamos conscientes para qué fue creada. Hay muchos miles de millones detrás y mucho interés en que permanezcamos el máximo tiempo con los ojos puestos en ellos.
A nivel personal he podido constatar los efectos negativos de estos artilugios en uno de mis hijos. Algunos de los efectos negativos que he comprobado en carne propia son:
- ∙ Falta de atención
- ∙ Roturas en el transporte
- ∙ Estudiar con el aparato
- ∙ Riesgo y temor a un posible robo
También me ha llegado la información de que algún niño ha conseguido saltarse el filtro.
Los sociólogos constatan que ahora el profesor debe permanecer detrás del aula para ver qué hacen sus alumnos, dificultando el contacto visual.
Los médicos también tienen voz en este asunto. Los oftalmólogos alertan que la miopía infantil está en alza. El Dr. Raiteri afirma que “el aumento de la miopía es una pandemia que se tiene que parar”. Y lo asocia al uso de pantallas. Tal vez es un tema no sólo de los colegios, también los padres en casa debemos educar en este terreno.
La investigadora y divulgadora en educación y psicología, Catherine L´Ecuyer, en una carta abierta a responsables educativos explica que no existe evidencia suficiente que respalde el uso de tabletas en clase y advierte de que muchas decisiones se tomaron sin debate público ni datos rigurosos que demuestren beneficios claros.
Aquí los padres tenemos un papel crucial. Debemos unirnos y protestar cuando una medida del colegio no nos parece bien. Están educando a lo que más queremos y los beneficios, como ya hemos visto, quedan en entredicho.
¿Y de qué se trata esa parte importante que se olvida cuando ponemos el foco en tanta digitalización de la que hablábamos al principio? Pues que el ser humano tiene varias áreas a desarrollar, no solo la tecnológica. Y que además olvidamos que, para quienes nacimos antes de los 90, su introducción no fue un drama y fuimos aprendiendo a usarla a medida que se iba implementando.
En conclusión, de los errores se aprende. Se puede echar marcha atrás. Y siempre, antes de implementar una medida, estudiar bien los riesgos antes de usar a los más pequeños como conejillos de indias. Y no olvidemos que estamos hechos para mirar al horizonte: un mar, un paisaje…y no para una mirada corta.
Artículo publicado originalmente en familyandmedia.eu
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de mayo de 2026 No. 1610

