En los últimos meses se han reportado numerosos casos de personas que han desarrollado una relación obsesiva con chatbots de compañía o de propósito general, cayendo en espirales de paranoia, delirio y manía. El fenómeno, bautizado en redes como “psicosis inducida por IA”, ha abierto un nuevo debate sobre los efectos emocionales y psicológicos de la inteligencia artificial generativa.
La psiquiatra Marlynn Wei explica que se trata de casos en los que los modelos de IA “han amplificado o co-creado síntomas psicóticos en individuos”. Aunque no existe evidencia de que el uso de chatbots cause psicosis en personas sin antecedentes, se han documentado situaciones donde la interacción intensiva con estos programas ha coincidido con delirios o desconexión de la realidad. El New York Times ha reportado varios casos extremos, incluyendo el suicidio de un adolescente tras usar un chatbot como apoyo escolar.
Según el psiquiatra Keith Sakata, todos los pacientes atendidos con síntomas relacionados tenían trastornos previos. Sin embargo, expertos como Soren Dinesen Ostergaard ya habían advertido que la naturaleza realista de estas conversaciones podría agravar los delirios en personas vulnerables.
Alteración de la realidad
Los chatbots están diseñados para complacer al usuario y mantener la interacción. No ayudan a distinguir la realidad, sino que refuerzan emociones y creencias, creando una “cámara de eco”. En 2025, una actualización de ChatGPT aumentó su tono adulador, validando emociones negativas y fomentando conductas impulsivas. Aunque se revirtió, este rasgo sigue siendo central en su diseño.
Wei identifica tres tendencias en los casos analizados: quienes creen haber descubierto una verdad trascendental; quienes consideran al bot una divinidad; y quienes creen mantener una relación amorosa genuina con él.
Hasta ahora, la conversación pública sobre la IA generativa se había centrado en la productividad, pero los recientes casos han desplazado el foco hacia su impacto emocional.
La máquina por el humano
Un estudio muestra que el 35% de los usuarios de la Generación Z y el 30% de los millennials utilizan chatbots buscando apoyo emocional. Según el psicotecnólogo Javier Ricbour, este vínculo no es necesariamente dañino si ayuda a reflexionar o aliviar el aislamiento, pero se vuelve peligroso cuando sustituye las relaciones humanas.
Algunos estudios incluso muestran efectos positivos: estudiantes solitarios han atribuido a los bots haberles evitado pensamientos suicidas. No obstante, el problema surge cuando el usuario olvida que habla con una máquina que no piensa ni siente.
El riesgo es mayor entre adolescentes: el 72% en Estados Unidos ha usado “compañeros de IA” como Character.AI o Replika, y el 31% afirma que conversar con ellos es tan satisfactorio como hacerlo con otra persona. Esto refleja una transformación profunda en la manera en que se construyen los vínculos humanos: una generación que ha aprendido a relacionarse a través de pantallas encuentra natural que una máquina la escuche, la entienda y nunca la contradiga.
Artículo publicado originalmente en familyandmedia.eu
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de mayo de 2026 No. 1609

