Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Creer en Dios es creer a Jesús, porque Jesús revela a Dios Padre; es el Camino al Padre, es la Verdad encarnada, quien manifiesta al Padre y da sentido a la existencia humana; en Jesús poseemos la vida plena, fuente de la alegría sin fin. Solo en la fe nos adherimos a la salvación del Padre realizada por Jesús, el Hijo unigénito del Padre. Quien contempla a Jesús, conoce el Rostro del Padre.

Santa Teresa de Jesús nos da un consejo extraordinario en el libro de las Moradas: no hay que ‘apartarse de industria de todo nuestro bien y remedio, que es la sacratísima humanidad de nuestro Señor Jesucristo’ (Sextas Morada 7, 6). En esta perspectiva hemos de contemplar a Jesús, como Camino, Verdad y Vida (cf Jn 14, 1-12) y se fundamenta la auténtica libertad, exige renuncia a una visión egocéntrica, para dar paso al misterio del amor. La conversión a Cristo Camino, Verdad y Vida, abre los nuevos horizontes a la libertad, identificada con la mente de Cristo (cf Flp 2, 5).

En Cristo inmolado y resucitado, se puede iniciar un modo pleno de existencia. Es decisiva la experiencia del encuentro con la persona de Jesús. Al margen de él, todo es inútil.

Cuando oramos con Jesús inmolado y resucitado, con Jesús que vive, no se hace referencia a un personaje del pasado, en la bruma de la historia; es él que vive y alienta nuestra vida con el Aliento del Espíritu. Sus palabras y hechos, tienen el sentido que llena la Historia, Cristo ayer, hoy y por los siglos. Inmerso en la Historia, trasciende la Historia, y está con nosotros hasta la consumación de la misma Historia. El amado y recordado Papa Francisco nos alentaba diciendo, ‘¡Que nada pueda más que su vida, que nos lance hacia adelante!’ (EG). Nos encontramos con Cristo, inmolado y resucitado, porque sigue siendo hoy ‘Espíritu vivificador’ (1Cor 15,45).

Es Cristo Jesús quien resucita nuestra fe y renueva nuestra vida entera.

En la Iglesia, tenemos ‘la responsabilidad de la esperanza, pues antes que nada ha recibido la misión de ser testigo del futuro de Cristo’, según Moltmann.

Nuestra fe en Dios Padre y en su Hijo Jesús, nos lleva por supuesto, a vivir en plenitud el mandamiento del amor con una gran esperanza, mas nos lleva a la decisión y al compromiso de trabajar por un mundo más humano, de respeto a la Verdad y los procesos de justicia, ante un mundo manipulado por las falsedades y ahogado en las impunidades. Porque con san Juan confesamos que ‘nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él . Dios es Amor (1Jn 4,16).

Así con santa Teresa de Calcuta, afirmamos, que ‘Jesús es el Camino a seguir, la Verdad a proclamar y la Vida a vivir’.

 

Imagen de Markus Distelrath en Pixabay


 

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