A 100 AÑOS DEL CONFLICTO RELIGIOSO EN MÉXICO
Por Jean Meyer
Hace 100 años se dio el conflicto religioso en México. Tuve el honor de ser invitado a un coloquio en la Universidad de Aguascalientes sobre este mismo tema, pero hoy quiero plantearlo de una forma diferente. El conflicto religioso es la reacción espontánea y desorganizada del pueblo católico mexicano al entrar en vigor la Ley reglamentaria del artículo 130 constitucional por decisión del presidente, el general Plutarco Elías Calles, estadista, masón y anticlerical, en 1926.
El levantamiento se produce al intentar el gobierno tomar posesión y hacer inventario de los templos, dando a los Estados la facultad para autorizar el número de templos y de sacerdotes. La facción radical constitucionalista plasmó en 1917 numerosos artículos contra la Iglesia y el pueblo católico.
El gobierno había apoyado en 1925 la creación de una Iglesia cismática “católica apostólica mexicana” a través del líder sindical Luis Morones, sin tener éxito por defenderse bien los católicos en la Ciudad de México que se organizaron para una defensa pacífica en la “Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa”, que no pudo contener la ofensiva del gobierno y de la que se habla poco.
La legislación callista fue similar a la de separación de la Iglesia y el Estado de la tercera República Francesa en 1905, que fue impulsada por el gobierno del presidente del Consejo de ministros Émile Combes, y el jefe de gobierno Georges Clemençau, furibundo anticatólico, que promulgaron leyes que derogaban el Concordato napoleónico de 1801, y que, entre otras disposiciones, ordenaban inventariar los templos que pasaban a ser propiedad de la nación. Al intentarlo se produjeron en todo el país actos de resistencia, oponiéndose el pueblo católico; tras producirse la muerte de doce ciudadanos, el gobierno decidió –con un sentido pragmático–, poner fin a la aplicación de dicho decreto persecutorio.
En México se da un conflicto similar al aprobarse la Ley Calles, que reglamentaba el artículo 130 de la Constitución, promulgada nueve años antes. El pueblo católico salió a defender su derecho, pero a diferencia del gobierno francés que buscó la conciliación, Elías Calles decidió aplicar en rigor la ley con las consecuencias que conocemos. El conflicto finalizó formalmente en 1929 tras “los arreglos” entre el Estado y la Iglesia. En ellos se acordó silenciar esta historia.
Por orden del presidente Miguel de la Madrid, en los años ochenta, el general Garfias, director del archivo histórico de la Secretaría de Defensa Nacional, presentó un informe sobre la persecución religiosa aportando la cifra de 250 mil muertos en este episodio; de los cuales 90 mil fueron combatientes, cristeros y soldados y 160 mil civiles, muertos por las concentraciones o asesinados tras los arreglos. De esta época data la inmigración de 1 millón 500 mil mexicanos hacia Los Ángeles y Chicago.
Cuando inicié la escritura el libro de La cristiada hubo un amplio debate en la editorial por el título, que puede leerse como La Ilíada, una epopeya que narra una guerra con sus héroes y tragedias; yo ignoraba que el mismo término se usó desde el italiano Marco Girolamo Vida (1535), el inglés John Milton, el sacerdote español Fray Diego de Hojeda (1611) y por otros autores en Francia y Polonia. Ahora esta historia es más conocida, no tanto por mi libro, sino por las reformas que se efectuaron a la Constitución en materia de libertad religiosa en 1992.
Son muy numerosos los estudios serios de historiadores calificados, muchos de ellos sobre historia regional, como en los casos de Oaxaca, Chihuahua y otros estados. La Cristiada ha quedado también recordada en memorias de carácter personal como en los casos de Juan Rulfo, José Luis Martínez, Juan José Arreola y otros, que recuerdan en su niñez la persecución religiosa, por lo que el tema no se perdió a pesar del acuerdo entre el gobierno mexicano y la Iglesia católica en los llamados “arreglos”.
Con la apertura de los Archivos Secretos del Vaticano hasta el año de 1939, ordenada por Benedicto XVI, sabemos con certeza que la suspensión de cultos en 1926 fue ordenada desde Roma, así como que por la firma de los llamados “arreglos”, por mediación de la embajada de los Estados Unidos, se llegó a la llamada “paz blanca”, interpretando el gobierno que las leyes para registrar a los sacerdotes se habían pensado “para proteger a la iglesia de posibles falsificadores”, apuntando que se trataba de un malentendido pues no era su propósito destruir la identidad de la Iglesia.
El acuerdo fue hacer que los católicos levantados en armas se entregaran con la promesa de que no serían perseguidos, pero que las leyes quedarían tal y como estaban, sin aplicarse. De la firma de “los arreglos” a 1931 fueron respetados, pero a partir de 1931 se inicia una segunda persecución por la cual de los 5,000 sacerdotes que existían en Mëxico sólo 300 tenían permiso para ejercer su ministerio y únicamente 25 en la Ciudad de México; en 18 estados sólo se autorizó un solo templo y un solo sacerdote.
La persecución fue tal que en el año de 1931, en la Sociedad de las Naciones (antecesora de la ONU) se condenó solamente a dos países por no cumplir con el derecho a la libertad religiosa: a la U.R.S.S. y a México. De 1931 a 1938 la Santa Sede denuncia que no se están cumpliendo “los arreglos” y reclama fuertemente el incumplimiento del gobierno, pero al mismo tiempo prohíbe bajo pena de excomunión a los católicos la resistencia armada.
Muchos cristeros son asesinados, unos miles de excombatientes cristeros de los años 20´s vuelven a las armas en 1936 porque la amnistía no se cumplió por parte de los caciques políticos locales, que se deshicieron de potenciales líderes sociales contrarios a los gobiernos revolucionarios. Un testimonio al respecto es el de Florencio Estrada, jefe cristero en Durango, en la novela Rescoldo, que cuenta la historia de familias enteras remontadas a la sierra perseguidas por el ejército y excomulgadas por la Iglesia. Estrada afirma que “prefiere morir peleando que asesinado por la espalda”. Morirá defendiendo su libertad y su derecho a creer en Dios.
Mi hijo Matías cuenta esta historia en la película “Los últimos cristeros”, en lo que se conoció también como “La segunda” guerra cristera. Casos recientes fueron la condena a Turquía por obligar a un ciudadano a revelar su religión en su pasaporte. En el otro asunto una persona de origen finlandés
En 1938 se dio un nuevo “abrazo de Acatempan” entre la Iglesia y el Estado, que hacen las paces al apoyar la Iglesia la expropiación petrolera, sugerida por los estadounidenses contra las compañías inglesas y holandesas por el entonces presidente Lázaro Cárdenas. El episcopado mexicano realizó colectas para contribuir al pago de las indemnizaciones a las empresas expropiadas. Cárdenas se fue deshaciendo poco a poco de los radicales anticatólicos como Adalberto Tejeda, Tomás Garrido Canabal y Narciso Bassols, estableciendo un nuevo status quo para la Iglesia y el pueblo católico. El propio presidente fue invitado asistir a la Basílica de Guadalupe para un acto conmemorativo, no asiste, pero envía una amable carta disculpándose.
Evento celebrado en el Auditorio Emilio Portes Gil de la Escuela Libre de Derecho, Ciudad de México, el jueves 28 de marzo de 2026. El resumen de la ponencia del doctor Meyer fue realizado por Enrique Mendoza Delgado. Se reproduce con el permiso de la revista Tiempo de derechos, dirigida por el doctor Rafael Estrada Michel, consejero editorial de El Observador.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de mayo de 2026 No. 1610

