Por Rebeca Reynaud

Benedicto XVI nos sugirió pedir un nuevo Pentecostés para el mundo. ¿Qué ocurriría si Dios concediera a la Iglesia un Nuevo Pentecostés? Se renovarían todos los aspectos de la vida eclesial, familia y cívica, y la fe sería mucho más convincente para el mundo. Los cristianos tendrían una fe gozosa en que Jesucristo está vivo y perseguirían una santidad radical; también volverían a experimentar la audacia del Espíritu al predicar el Evangelio al mundo. La evangelización volvería a ser el centro de la vida de la Iglesia y los dones del Espíritu capacitarían de nuevo a la Iglesia para demostrar la verdad del Evangelio mediante multitud de signos y prodigios como en el Primer Pentecostés. Tal avivamiento está cerca, dice en que Jesucristo está vivo en que Jesucristo está vivo P. Mathias Thelen, STL.

Muchos jóvenes poseen buena formación; pero no han tenido un encuentro personal con Jesucristo, y eso provoca que se alejen de la práctica religiosa luego que terminan la Secundaria.

Benedicto XVI dijo a la juventud: Es fundamental que cada uno de vosotros, jóvenes, en la propia comunidad y con los educadores, reflexione sobre este Protagonista de la historia de la salvación que es el Espíritu Santo o Espíritu de Jesús, para alcanzar estas altas metas: reconocer la verdadera identidad del Espíritu, escuchando sobre todo la Palabra de Dios en la Revelación de la Biblia; tomar una lúcida conciencia de su presencia viva y constante en la vida de la Iglesia, redescubrir en particular que el Espíritu Santo es como el «alma», el respiro vital de la propia vida cristiana gracias a los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía; hacerse capaces así de ir madurando una comprensión de Jesús cada vez más profunda y gozosa y, al mismo tiempo, hacer una aplicación eficaz del Evangelio en el alba del tercer milenio. (Jornada Mundial de la Juventud, 20 VII 2007).

El Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, revistiéndolos de una fuerza que los hizo audaces para anunciar sin miedo: «¡Cristo ha muerto y ha resucitado!». Libres de todo temor comenzaron a hablar con franqueza (cf. Hch 2, 29; 4, 13; 4, 29.31). De pescadores atemorizados se convirtieron en heraldos valientes del Evangelio (cfr. Idem).

Al principio del cristianismo, escribe Tertuliano, los paganos se convertían viendo el amor que reinaba entre los cristianos: «Ved – dicen – cómo se aman entre ellos» (cf. Apologético, 39, 7).

Continúa el Papa: Una vez más os repito que sólo Cristo puede colmar las aspiraciones más íntimas del corazón del hombre; sólo Él es capaz de humanizar la humanidad y conducirla a su «divinización». Con la fuerza de su Espíritu, Él infunde en nosotros la caridad divina, que nos hace capaces de amar al prójimo y prontos para a ponernos a su servicio. El Espíritu Santo ilumina, revelando a Cristo crucificado y resucitado, y nos indica el camino para asemejarnos más a Él, para ser precisamente «expresión e instrumento del amor que de Él emana» (Enc. Deus caritas est, 33).

Se necesitan jóvenes que dejen arder dentro de sí el amor de Dios y respondan generosamente a su llamamiento apremiante, como lo han hecho tantos jóvenes beatos y santos del pasado y también de tiempos cercanos al nuestro. En particular, os aseguro que el Espíritu de Jesús os invita hoy a vosotros, jóvenes, a ser portadores de la buena noticia de Jesús a vuestros coetáneos (…). Pero para lograr este objetivo, queridos amigos, sed santos, sed misioneros, porque nunca se puede separar la santidad de la misión (cf. Redemptoris missio, 90).

En su libro Dios y el mundo, Joseph Ratzinger explica que el Espíritu Santo se presentó bajo los signos de tempestad y de fuego -y sobre todo del milagro del don de lenguas-, con los que la Iglesia se anuncia por anticipado en todas las lenguas. Es la imagen opuesta a Babel. Es la nueva sociedad la que ahora construye el Señor mediante la fuerza del Espíritu Santo, mediante esa llama divina, a partir del corazón de las personas (p. 331).

El Papa Benedicto XVI nos invitó a invocar un «nuevo Pentecostés» sobre el mundo. Y dice, para terminar: “Os invito a dedicar tiempo a la oración y a vuestra formación espiritual”.

 

Imagen generada con ideogram.ai