Por Rebeca Reynaud

Las Comuniones espirituales son un buen modo de prepararse para el encuentro sacramental con Cristo en cada jornada. ¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! -Practícala frecuentemente y tendrás más presencia de Dios y más unión con El en las obras (Camino, n. 540). Cuando yo comulgo, nutro mi alma y a las almas.

La comunión espiritual consiste en un deseo intenso de que Jesucristo venga a nuestro corazón. La comunión espiritual es una forma de preparar la comunión, manifestándole al Señor los deseos que tenemos de recibirle bien. La comunión también se puede preparar con actos de fe, esperanza y caridad, y, sobre todo, con el deseo de que el Señor venga a nuestra casa, a nuestra alma. Una mamá le decía a su hija una Oración: “Hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada, sé siempre bendita y alabada”.

Para explicar la importancia de las comuniones espirituales, un profesor explicaba que Dios guarda en un copón de oro las comuniones sacramentales, y en un copón de plata, las espirituales.

Benedicto XVI escribió en La Luz del mundo: En la eucaristía Cristo está realmente presente, es el punto que pivota toda renovación. Sólo a partir de su espíritu son posibles las revoluciones espirituales. No es sólo el acontecimiento de un día, sino de la historia universal en su conjunto, como fuerza decisiva de la que después pueden provenir cambios.

La Comunión espiritual expresa con mil matices nuestra fe y nuestro amor, la esperanza y el desagravio por las veces en que quizá hemos recibido al Señor con frialdad o negligencia, por los que comulgan sacrílegamente, por cuantos ignoran u olvidan a Cristo en el Sacramento del Altar. También es otra forma de estar más cerca de nuestro Señor, cuando no podemos comulgar por cualquier motivo.

Hay muchas fórmulas de hacer la comunión espiritual, propongamos dos. “Yo quisiera Señor, recibirte, con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”. O bien: “Jesús mío: creo firmemente que estas en el Santísimo Sacramento del altar. Te adoro sobre todas las cosas. Te amo con todo mi corazón.

 
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