Por Jaime Septién

La gran mayoría de ustedes, lectores, conocen, han oído hablar, saben de la existencia de la revista ¡Hola!, la revista de los famosos. Tienen claro que se dedica al chisme rosa, a las bodas de alcurnia y a los cotilleos de princesas, modelos, estrellas de cine y, en general, a la vida real o simulada del jet-set.

Con motivo del viaje pastoral del papa León XIV a España en la primera semana de junio, la revista del corazón, como suelen llamarle, ha dedicado un importante número de páginas al Papa, a su trayectoria y a lo que ha hecho durante un año de su pontificado. Le llaman –en el editorial—“El Papa de lo cotidiano”.

No quiero elevar al nivel que no tiene (ni persigue) ¡Hola! Conoce su nicho y a él se dirige. Quiero, eso sí, poner en relieve lo que el primer Papa estadounidense-peruano ha logrado cimentar y que era necesario construir para el presente de la Iglesia: una actitud no-polarizante en el seno de una sociedad polarizada desde el poder político y disgregada desde el poder económico.

León XIV recogió las dos grandes vías abiertas por sus antecesores cercanos (Benedicto XVI y Francisco) y el aluvión de la presencia social de su antecesor en el nombre: León XIII. De Ratzinger la serenidad teológica, la madurez de una espiritualidad que abreva de San Agustín. De Bergoglio el espíritu de acogida misericordiosa que toma sus fuentes de San Ignacio de Loyola. Y de León XIII la vigilancia por la cuestión social.

Tres veneros que juntan sus aguas en un nativo de Chicago y redificado en Chiclayo.

No es casual que su primera encíclica la haya dedicado a la IA. ¿Cómo se ve el mundo actual con los ojos de Cristo? Sin nostalgias antañonas ni triunfalismos futuristas; sin el abstracto nihilismo que encuentra un problema para cada solución ni el optimismo bovino que espera la pócima mágica de la eterna juventud. Ha sabido dar en el clavo: no hay humanidad sin amor. Cristo es el camino. La IA vale para lo que vale (no estoy citando a López-Gatel) y no debe desbordar los límites humanos. “El hombre es sagrado para el hombre” escribía Séneca. Lo mismo piensa Prevost y Magnifica humanitas lo testifica. Tan potente es su mensaje que hasta el ¡Hola! lo identifica.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 31 de mayo de 2026 No. 1612