Por Ana Paula Morales (Poli)

España vuelve a mirar al cielo con preocupación. El humo cubre amplias zonas del país, miles de vecinos han tenido que abandonar sus casas y los equipos de emergencia combaten desde hace días algunos de los incendios forestales más graves de los últimos años. Detrás de las cifras hay pueblos evacuados, agricultores que han perdido su modo de vida y bosques reducidos a cenizas.

El Ministerio para la Transición Ecológica cifra ya en más de 172.000 hectáreas la superficie arrasada por el fuego desde que comenzó el año. Son casi seis veces más que en las mismas fechas de 2025. Además, se han declarado 35 grandes incendios forestales, una campaña que, según datos difundidos por EFE, está muy por encima de la media de los últimos años.

Pero mientras los bomberos luchan por contener las llamas, desde la Iglesia surge otra pregunta: ¿qué está diciendo esta tragedia sobre la relación del hombre con la creación?

«España padece una enfermedad conocida como la España vaciada», responde Carlos Jesús Delgado Reguera, coordinador episcopal de la Comisión Diocesana de Ecología Integral de la Archidiócesis de Madrid. «Durante décadas hemos abandonado los pueblos y, con ellos, formas de vida que mantenían vivos nuestros montes».

No habla únicamente del cambio demográfico. Habla también del pastoreo que desapareció, de los caminos que dejaron de recorrerse, del monte que dejó de limpiarse y de una sociedad que, poco a poco, perdió el contacto cotidiano con la naturaleza.

«Hoy disfrutamos del campo como lugar de ocio, pero ya no vivimos vinculados a él. Y uno cuida mucho más aquello que conoce y ama que aquello que le resulta ajeno».

La reflexión recuerda inevitablemente a Laudato si’. Francisco escribió que «todo está conectado», una expresión que se ha convertido en el eje de la ecología integral. El Pontífice insistió en que la degradación ambiental nunca puede separarse de la crisis social y espiritual que vive el ser humano.

Delgado Reguera sostiene que la respuesta no empieza cuando aparecen las llamas. Habla de formar en ecología integral, recuperar el cuidado del mundo rural, apoyar a los evacuados y acompañar espiritualmente a quienes han perdido familiares, animales o sus hogares.

«Proteger la creación forma parte de nuestra identidad como cristianos», concluye. «Dios nos la confió para custodiarla, no para consumirla sin límites».

 

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