Por Miriam Apolinar y Rubicela Muñiz

El fútbol tiene la capacidad única de unir identidades, borrar diferencias y congregar a millones bajo una misma emoción. Sin embargo, detrás del entusiasmo colectivo de la afición, se levanta la voz de quienes no tienen nada que celebrar: miles de madres que recorren el país buscando las huellas de sus hijos desaparecidos. La Iglesia y la sociedad civil se unen a este clamor y hacen un llamado a la empatía, a alzar la voz ante la crisis de seguridad que padece la nación.

Si futbolistas como Cristiano Ronaldo, Lionel Messi o Kylian Mbappé aprovechan un evento de la magnitud del Mundial de Fútbol para acaparar miradas, elevar su popularidad y romper récords, ¿por qué aquellos que piden justicia no pueden usar este mismo escenario para visibilizar su causa y su dolor?

Las estrellas internacionales no son culpables de lo que ocurre en México; es más, ni siquiera estarán en el país. Solo forman parte de una competencia que se vive de manera simultánea en tres naciones. Sin embargo, en una de ellas, la cantidad de personas desaparecidas —que ya registra 130 mil víctimas— alcanzaría para llenar dos estadios mundialistas de gran capacidad.

La emoción y la realidad

En medio de este panorama y a casi un mes del inicio de la justa deportiva, la afición mexicana ha disfrutado en calles y hogares los logros de su Selección y de otras escuadras hermanas como Colombia, Japón o España. Pero entre la alegría nacional, la Iglesia católica en México compartió una reflexión que trasladó la mirada hacia una realidad mucho más profunda y dolorosa que atraviesa el país: la lucha incansable de las madres buscadoras.

Mientras el país celebra victorias deportivas y sueña con nuevos triunfos, los colectivos de madres continúan levantando la voz dentro y fuera del territorio para recordar una herida abierta que sigue sin sanar. Los obispos señalaron que, como parte del pueblo mexicano, no pueden ignorar ese dolor:

“Como mexicanos, compartimos los gozos y esperanzas, así como las tristezas y angustias de nuestro pueblo. No escapa a nuestra mirada el esfuerzo de las madres buscadoras por hacer visible, durante los eventos del Mundial, una herida que sangra en nuestro pueblo: sus hijos desaparecidos”.

El mensaje episcopal plantea un contraste poderoso: mientras millones celebran un gol, miles de familias siguen esperando noticias de un hijo, una hija, un hermano o un padre que un día desapareció sin dejar rastro. La Iglesia recordó que existen causas que deberían unir con más fuerza a la sociedad, especialmente aquellas relacionadas con la dignidad humana, la justicia y la protección de la vida.

“Con ellas quisiéramos gritar a todo México que también hay otros motivos que nos deben unir para mostrar nuestra humanidad y defender nuestra dignidad. Queremos familias completas celebrando a México y jóvenes que realicen sus dreams sin que peligren sus vidas”.

Más allá del espectáculo, el pronunciamiento destaca el valor simbólico del balompié como una experiencia capaz de enseñar principios fundamentales para la vida comunitaria, tales como la disciplina, el trabajo en equipo, la perseverancia y la confianza.

Por ello, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) hizo un llamado para que el entusiasmo de las calles no se quede en una celebración pasajera, sino que se transforme en compromiso social y esperanza para los más vulnerables, encomendando a Nuestra Señora de Guadalupe a todos los pueblos de América.

Porque mientras once jugadores defienden los colores nacionales dentro de la cancha, fuera de ella miles de madres siguen librando otro partido: el de encontrar a sus hijos y devolverles a sus familias la certeza de saber dónde están sus seres queridos.

El contraste del mundial

130 mil personas desaparecidas en México

Con esta cifra se podrían llenar dos estadios mundialistas.

3 estados: Jalisco, Tamaulipas, Ciudad de México

Los que registran el mayor número de personas desaparecidas.

El riesgo: Las madres buscadoras recorren fosas, hospitales, morgues. *Encaran amenazas, agresiones e incluso son asesinadas.

En lo que va del 2026, cuatro madres buscadoras han sido asesinadas. El caso más reciente ocurrió el pasado 23 de junio.

El Estadio de los Ausentes

Antes y durante los partidos, colectivos de madres buscadoras se manifestaron en las sedes mundialistas de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. En su recorrido, el cual estuvo limitado por elementos de seguridad, pegaron y repartieron fichas de búsqueda y lanzaron consignas como “La pelota vuelve a casa. Nuestros hijos no”. Esta fue una dolorosa ironía frente al lema oficial de las celebraciones gubernamentales en la capital: “La pelota vuelve a casa”.

Este escenario de desesperanza es también una oportunidad para encauzar la indignación en iniciativas que exijan un cambio en las acciones del Estado. Una de ellas es el proyecto independiente de impacto social “El Estadio de los Ausentes”, creado a propósito de la justa deportiva por el joven Luis Eduardo Romo en Guadalajara, Jalisco —el estado con la mayor cantidad de personas desaparecidas en el país, con 16 mil 170 casos según datos públicos—.

“Este proyecto lo hago con el fin de apoyar a los grupos y madres que están luchando en estos momentos y por visibilizar el mensaje de las personas desaparecidas”, explica Romo. “Si conocen colectivos o personas involucradas en esto, por favor compártanlo, porque me gustaría que trabajemos en esto juntos. A veces algo tan simple puede causar mucho eco y hacer que estos grupos sean escuchados en más partes del mundo”.

El Estadio de los Ausentes es una plataforma web interactiva (elestadiodelosausentes.org). Al ingresar, se observa un recinto completamente iluminado donde cada luz representa a una persona real. Sin embargo, esta versión no incluye nombres ni rostros: al interactuar con una luz, su lugar aparece vacío. Ese hueco es el mensaje central.

El proyecto busca construirse directamente con los colectivos —no sobre ellos—, alimentándose exclusivamente de fuentes oficiales y verificadas para garantizar su legitimidad. Este mes, la página de inicio resalta un dato contundente:

“El mundo llenará las 48 mil 071 butacas del Estadio Guadalajara. 16 mil 170 de ellas pertenecen a personas que desaparecieron en Jalisco y a las que nadie ha encontrado”.

El perfil de la crisis en la entidad es alarmante: el 50% de los desaparecidos en Jalisco son jóvenes de entre 20 y 34 años; el 89% son hombres y el resto mujeres y niñas, siendo Zapopan el municipio con más casos registrados. Cabe destacar que, aunque el registro estatal cifra las desapariciones en poco más de 16 mil, los colectivos de búsqueda estiman que la cifra real ronda las 30 mil personas, casi el doble.

De buscadoras a víctimas

Otra de las razones urgentes por las que esta causa no debe perder el foco de los medios ni de la sociedad es el extremo peligro que corren quienes buscan. Las mujeres buscadoras —madres, hermanas y activistas— recorren campos, hospitales, fosas clandestinas y morgues encarando amenazas, agresiones, desplazamiento forzado y, en los peores casos, el asesinato.

La muestra más reciente de esta violencia la vivió Patricia Negrete Tafoya, integrante del colectivo Una Promesa Por Cumplir. Patricia fue asesinada a balazos la noche del martes 23 de junio al salir de su jornada laboral como intendente en el Hospital Regional de Pénjamo, Guanajuato.

Ella se había unido a la organización tras la desaparición de su hermana, Laura Angélica Negrete Tafoya, en enero de 2021 (quien hasta la fecha sigue desaparecida). Desde entonces, participó activamente en las brigadas de campo y en el acompañamiento a otras familias afectadas. Hasta el cierre de esta edición, la Fiscalía local no ha informado sobre personas detenidas ni ha dado a conocer las líneas de investigación del crimen.

El colectivo Una Promesa Por Cumplir está conformado por mujeres que realizan estas labores de rastreo en Guanajuato, otra de las entidades federativas con las cifras más críticas de desaparición en todo el país, demostrando que en México, buscar a los ausentes se ha convertido en una actividad de vida o muerte.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 5 de julio de 2026 No. 1617