Por Rebeca Reynaud
La coherencia de vida consiste en que no haya rupturas entre convicciones y vida, entre la vida espiritual y lo demás. Vamos a relatar algunas conversiones. Un periodista egipcio, musulmán, fue al norte a hacer un reportaje de la persecución de los cristianos coptos, por orden del jefe del periódico. Estuvo ocho meses en esa región, conoció al pastor de la Iglesia. Estando allí, le quemaron la Iglesia y, días más tarde, el pastor supo que uno de los delincuentes sufría hambre, le llevó algo de comida. El periodista se enteró y lo cuestionó. El pastor le explicó que sólo estaba haciendo lo que Jesús mandaba: amar al enemigo, devolver bien por mal. Hizo su ensayo y fue muy bien aceptado por la prensa nacional e internacional. Pero el ya no volvió a ser el mismo, se convirtió de modo profundo pues era un hombre pensante.
Otra conversión: Un guardián de cárcel de Irán recibió a dos mujeres cristianas acusadas de haber traído 200 biblias en farsi (persa) a Irán, delito considerado herejía ante el islam y peligro para el Estado. Llegando les tomaron la foto de ficha policial, y sonrieron. Luego su comportamiento en la cárcel fue diferente al de los demás presos. Una de las presas lloraba a gritos, desconsoladamente, estaba encerrada porque había vendido droga, y su esposo la abandonó y se llevó a los hijos. No paraba de sollozar y, después de hablar con una de esas mujeres, dejó de llorar. A otra cristiana le dolía mucho la cabeza, no la atendían por ser cristiana. Las dos mujeres rezaron por ella, le pusieron la mano en la cabeza, el dolor cesó y no volvió más. Luego vino una pareja de fuera a pedirles que rezaran para poder engendrar un hijo. El guardián estaba atento a la conducta de los presos, decidió abrir el correo que llegaba para los cristianos y encontró cartas con frases del Evangelio. Se quedó pensativo y comenzó a leer el Evangelio -tenía varios confiscados- y, una noche, tuvo un sueño en el que aparecía la figura de Jesús que lo llamaba y lo invitaba a conocerlo más. A partir de entonces facilitaba la entrada del correo a los presos, incluidos los cristianos. Decidió pedir cambio de puesto a sus superiores. Se quiso convertir y entró en contacto con un pequeño grupo de cristianos. El primer día que asistió sintió terror porque comprendió que, de ser sorprendidos, todos irían a la cárcel.
Lo que más les llama la atención del cristianismo a los del islam, es la coherencia de vida de los cristianos, y a leer el Nuevo Testamento, se sorprenden de un Dios que no nos mueve por miedo, que perdona, que ama más que un padre ama a sus hijos y que, para llegar al Cielo, están los méritos de Cristo, no los propios, como se les ha enseñado.
Juan Luis Lorda explica: La vida da tumbos, pero Dios siempre llama y está constantemente llamando. El objetivo es aumentar la vida cristiana y evangelizar. Hay una vocación en la historia: Dios mueve y este eco tiene sus repercusiones; actúa interiormente la gracia. Jesucristo interpela a todo el mundo.
El objetivo es hacer las cosas con el Señor. Si hago trabajo intelectual o de carpintería o de cocina, es con el Señor, y se hace bien y con cariño.
Lo que no se ve también se eleva a Dios. La eficacia de la historia está en la Cruz del Señor. En lo que hacemos hay que poner amor de Dios. Si hago una cosa para que me vean, por vanidad personal, la estoy deformando, hay una quiebra allí. Hay que tener rectitud en todo y valorar lo que hacen los demás.
Dificultades
El vasto océano de la vida nos presenta desafíos constantes. Al igual que un barco en el mar, necesitamos una dirección clara y un destino definido. Séneca decía: “No hay viento favorable para quien no sabe adónde va”. La vocación es como un barco que quiere llegar a puerto. Las primeras dificultades pueden estar en que no salen las cosas, nos equivocamos; pero con sabiduría humana aprendemos a hacer las cosas mejor. Procuramos cultivar las virtudes por amor a Dios. El orden nos ayuda a encontrar las cosas y a no depender de lo que se nos ocurra. El Espíritu Santo habla dentro de la conciencia y nos saca de la particularidad. Las dificultades son lo normal. Estamos en parte rotos por el pecado: hay envidia, pereza, enfados, tibieza, desaliento, etc.
Lo esencial -dice el doctor Lorda– es no perder el rumbo. El problema es cuando hay desamores. El amor por la llamada, por el fin, por servir, nos lleva adelante. Hay que estar muy agradecidos al Señor, nos ha querido, nos ha acompañado y siempre nos apoya.
El amor es la clave de la coherencia de vida. Hay cosas que se originan poco a poco. Puede haber enfermedad o cansancio, hay que cuidar que eso no nos rompa la salud. Se hace lo que se puede y eso es muy grande delante de Dios. Si el fin está en su sitio, y si ese fin tiene fuerza, podemos ser fieles a Dios porque la ilusión ha permanecido. Mientras vayamos a puerto por el buen rumbo, lo demás no importa.
Imagen de Mirosław i Joanna Bucholc en Pixabay


