Para los pequeños
Imagina que abres tu closet. Ahí encuentras ropa para distintos momentos: Un abrigo para el frío, algo fresco para un día de calor, una ropa especial para una celebración y algo cómodo para caminar.
La ropa no cambia quién eres. Solo te ayuda a estar presente en un lugar concreto, en una historia concreta, con personas concretas.
Cuando visitas un país distinto, también entiendes que hay colores, símbolos y formas de vestir que hablan de cultura. Vestirse de cierta manera puede ser una forma de acercarse, de respetar y de decir: “Estoy aquí contigo”.
Algo así podemos entender respecto a las Advocaciones Marianas… María es una sola: la Madre de Jesús y nuestra Madre. Pero a lo largo de la historia, muchos pueblos la han reconocido con distintos nombres, rostros y vestidos.
La conocemos como Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Fátima… Cada advocación guarda una historia concreta de amor, cercanía y llamado a volver a Dios.
Una advocación mariana no significa que existan muchas Marías. Significa que una misma Madre ha sabido acercarse a sus hijos en distintos lugares, hablando un lenguaje que ellos podían reconocer.
Y casi siempre, cuando María se acerca, nos invita a mirar a Jesús, a volver el corazón a Dios y a orar con ella.
Por eso tantas advocaciones marianas están unidas al Rosario. María no quiere que solo la miremos a ella… María quiere tomarnos de la mano para rezar juntos, recorrer la vida de su Hijo y aprender a guardar a Jesús en el corazón.
Texto e imágenes: Theo: Oración y Meditación.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 5 de julio de 2026 No. 1617



