Al reiterar que la catástrofe se sumó a las ya difíciles condiciones sociales, políticas y económicas en el país, el episcopado en un mensaje a un mes de los trágicos sismos que causaron miles de víctimas, damnificados e ingentes pérdidas materiales, invitan a ser samaritanos compasivos con quienes sufren, reconocen la solidaridad del “pueblo pobre” y el heroísmo de los que han arriesgado sus vidas para rescatar a las víctimas.
Por Alina Tufani Díaz – Vatican News
“Samaritanos, testigos de la esperanza” se titula el mensaje de los obispos venezolanos, al cumplirse, el próximo 24 de julio, un mes desde que el doble terremoto golpeó la región norte y central del país causando la muerte de miles de hermanos y la destrucción de muchas viviendas e infraestructuras, incluidas algunas eclesiales, y “llenando de dolor a toda la patria”. Un mensaje, pero también un testimonio de lo que ha sufrido el pueblo venezolano en buena parte abandonado a su suerte por el gobierno, una catástrofe que debe ser atendida con una reconstrucción que no responda a intereses políticos o corruptelas que pongan nuevamente en riesgo la vida de las personas, especialmente las más vulnerables.
“La reconstrucción nos exige también hacernos eco de la indignación de las víctimas de los terremotos que se vieron desatendidas por las instituciones públicas. Como hemos dicho, los desastres naturales son impredecibles; pero, es obligación de las instancias del Estado estar preparadas para afrontarlos. En adelante, todos debemos velar para que en las labores de reconstrucción no se repitan los mismos errores que en el pasado, ya que, de lo contrario, los más débiles volverán a sufrir las consecuencias de la corrupción y la indolencia”, escriben los obispos.
Una catástrofe que se suma a un drama social
El documento dividido en cuatro partes y 16 puntos efectivamente evoca los varios aspectos que la tragedia ha tocado en las personas y la sociedad. Y precisamente, en la exhortación a ser “samaritanos llamados a reconstruir”, los obispos insisten en la urgencia de una “pronta y profunda reconstrucción” de los destruidos, creando las condiciones necesarias para que los miles de damnificados puedan tener “acceso a viviendas y trabajos dignos”, además de un acompañamiento espiritual y psicológico, para curar las “heridas interiores”.
Una tarea de reconstrucción que para el episcopado no puede olvidar a “otros sufrientes” del país, como los presos políticos, los trabajadores y pensionados que subsisten con “salarios o pensiones de miseria”, los enfermos, los inmigrantes, porque como sostiene al comienzo del mensaje “esta catástrofe natural se viene a sumar a las ya difíciles condiciones sociales, políticas y económicas en que se desarrolla la vida nacional”.
Testigos de la esperanza
Inspirados en la parábola del buen samaritano, como todo el mensaje, los obispos también tocaron el tema de la esperanza ante el reiterarse de la pregunta que atraviesa la historia de la humanidad: “¿Dónde está Dios en medio de tanta angustia?”. “Dios está precisamente en y con las víctimas, pues ellas son las preferidas del Señor Jesús, que es el verdadero buen samaritano del que nos habla el Evangelio, – responden los obispos al tiempo que manifiestan su enérgico rechazo a “la manipulación de quienes, guiados por la superstición y el fundamentalismo, han afirmado que los terremotos son un castigo de Dios”.
Solidaridad y heroísmo
Convencidos que Dios está también en todos los samaritanos que, como Jesús, ayudan a los más necesitados, el mensaje del episcopado llama a ser “samaritanos compasivos”, a “sufrir con el otro y comprometerse “gratuitamente para aliviar su dolor”, pero también reconocen a los buenos samaritanos que desde la hora cero han estado junto a sus hermanos que sufren.
“Nos conmueve la solidaridad de la que hemos sido testigos, especialmente la del pueblo pobre que ha sido, sin duda, el principal samaritano. Nos estremece y alecciona el heroísmo de los que han arriesgado sus vidas para rescatar a muchos de entre las ruinas desde el primer minuto de la catástrofe”, se lee en el texto en el que los obispos agradecen también a los rescatistas y voluntarios, especialmente los extranjeros, que “nos han demostrado que todos los hombres somos hermanos por encima de fronteras y banderas”.
Un agradecimiento del episcopado también al Papa León XIV por su cercanía, así como la de las Iglesias hermanas del mundo, “fuente de esperanza y aliento para todas las víctimas con su oración y acompañamiento en el duelo; pero, también, a través de la eficaz estructura solidaria de las Cáritas nacionales e internacionales.
Por último, los obispos llaman a todos los fieles a participar de las celebraciones eucarísticas que en cada una de las parroquias y comunidades realizarán el día 24 de julio por las almas de los difuntos de esa catástrofe, por todas las demás víctimas y por el país.

