El secretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana afirma que la mayor respuesta al terremoto ha sido la solidaridad de un pueblo que «no se rinde»
Por Ana Paula Morales
El terremoto que golpeó el norte de Venezuela llegó a un país que ya arrastraba años de profundas dificultades económicas, sociales y políticas. Sin embargo, en medio del dolor, la Iglesia católica asegura haber encontrado un signo que permanece intacto: la esperanza de un pueblo que continúa levantándose.
De acuerdo con Reuters, las labores de rescate y reconstrucción continúan mientras miles de familias enfrentan la pérdida de sus hogares y la recuperación de las comunidades afectadas se perfila como un proceso de largo plazo. A esta emergencia provocada por el sismo se suman las intensas lluvias que han complicado aún más la situación humanitaria del país.
En entrevista con El Observador de la Actualidad, Mons. José Antonio Da Conceição, secretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana y obispo de Puerto Cabello, ofrece una mirada distinta a la tragedia: la de un pastor que descubre la presencia de Dios en la solidaridad de quienes han decidido servir aun en medio del sufrimiento.
«El alma del venezolano ya venía muy sufrida por tantos años de conflictividad y crisis económica, social y política. Ahora se suma el terremoto. Sin embargo, podemos hablar de un pueblo que no se rinde. La avalancha de solidaridad, de personas que ayudan con sus manos y con sus recursos, demuestra que el venezolano sigue siendo resiliente y, como cristiano, mantiene viva la esperanza.»
Una Iglesia que nunca dejó de acompañar
Para Mons. Da Conceição, la respuesta de la Iglesia no comenzó cuando ocurrió el terremoto. Explica que las Cáritas parroquiales, diocesanas y la organización nacional ya acompañaban desde hace años a las comunidades más vulnerables, por lo que la emergencia simplemente reforzó una red de ayuda que permanecía activa.
«Las Cáritas locales, las diócesis y Cáritas Venezuela forman un tejido vivo. No es que alguien llegó después del terremoto; ya estaban allí. Lo que hicimos fue reforzar una asistencia que nunca había dejado de existir.»
Según Vatican News, desde las primeras horas posteriores al sismo, parroquias, casas religiosas y centros pastorales se convirtieron en centros de acopio y distribución de ayuda, mientras el papa León XIV manifestó su cercanía con el pueblo venezolano mediante una primera aportación económica destinada a las comunidades afectadas.
El secretario general del Episcopado señala que las necesidades continúan siendo enormes. Alimentos no perecederos, agua potable, artículos de higiene, pañales para bebés y apoyo económico siguen siendo indispensables para una emergencia que, advierte, durará varios meses.
«Esta es una carrera de largo aliento. Habrá familias que necesitarán ayuda durante mucho tiempo.»

Mucho más que templos destruidos
Aunque la Iglesia continúa evaluando los daños materiales sufridos por templos, casas parroquiales y obras asistenciales, Mons. Da Conceição insiste en que la pérdida más dolorosa no siempre puede medirse en cifras.
«En algunas localidades el templo quedó en pie, pero prácticamente toda la comunidad perdió sus viviendas. Hay parroquias que ahora se quedan sin fieles y también comunidades que se quedaron sin su casa de oración.»
Más allá de la reconstrucción física, explica, será necesario reconstruir comunidades enteras que han visto desaparecer sus hogares y sus lugares de encuentro.
El testimonio que nunca olvidará
Entre las numerosas historias que ha conocido durante sus visitas pastorales, una permanece especialmente grabada en su memoria.
Es la del diácono permanente Leonardo de los Corrales, quien perdió a dos sobrinas durante el terremoto, una de ellas de apenas dos años de edad. Él mismo tuvo que rescatar sus cuerpos entre los escombros.
Pese a esa tragedia personal, continuó coordinando un centro de distribución de alimentos para cientos de familias damnificadas.
«Quedé profundamente admirado. Tenía el corazón roto y, aun así, seguía sirviendo a los demás. Es un testimonio inmenso de cómo la fe puede levantar incluso en medio del dolor más profundo.»
«He visto a Dios»
Quizá la reflexión más profunda de toda la conversación surge al responder una pregunta que suele repetirse cada vez que ocurre una tragedia: ¿dónde está Dios cuando un pueblo sufre?
El obispo responde con serenidad.
«No he visto a Dios en el terremoto que derrumbó las casas. Tampoco puedo decir que Dios haya querido el sufrimiento del pueblo venezolano.»
Reconoce que buena parte del dolor vivido por el país durante los últimos años también tiene su origen en decisiones humanas.
Pero inmediatamente explica dónde sí ha descubierto la presencia de Dios.
«He visto a Dios en la fortaleza del pueblo; en hombres y mujeres capaces de arriesgar su vida para salvar a otros; en quienes comparten lo poco que tienen; en los miles de voluntarios que remueven escombros o preparan alimentos para quienes lo perdieron todo.»
Para Mons. Da Conceição, la tragedia no demuestra la ausencia de Dios, sino su presencia silenciosa en quienes convierten el sufrimiento en servicio.
La esperanza que permanece
El secretario general del Episcopado recuerda a Fabiana, una niña rescatada entre los escombros cuya primera reacción fue sonreír.
Aquella imagen, asegura, resume el espíritu de todo un pueblo.
«Entonces uno comprende que la esperanza sigue viva en el corazón del venezolano. Es un pueblo lleno de Dios.»
Al mismo tiempo, la Iglesia continúa insistiendo en la necesidad de avanzar hacia una auténtica reinstitucionalización democrática que permita fortalecer la convivencia, recuperar la confianza ciudadana y abrir caminos de paz.
Para el obispo, la reconciliación no puede construirse sobre el olvido.
«La reconciliación no es pasar la página y empezar de nuevo. Es un proceso que exige reconocimiento, diálogo, verdad, justicia y perdón.»
Un mensaje para quienes viven lejos
Finalmente, Mons. Da Conceição dirige unas palabras a los millones de venezolanos que hoy viven fuera de su patria.
Les pide continuar rezando por Venezuela, ayudar a quienes hoy lo han perdido todo y seguir mostrando al mundo el rostro más noble de su país.
«Que cuando alguien vea a una persona responsable, trabajadora, honesta y generosa, pueda decir: ‘Es venezolano’.»
Según Vatican News, la Iglesia en América Latina ha mantenido una estrecha cercanía con Venezuela, tanto mediante la ayuda humanitaria como a través del acompañamiento espiritual a los migrantes y a las comunidades afectadas por el terremoto.
Antes de concluir, el obispo eleva una oración que resume el espíritu con el que la Iglesia acompaña este momento histórico.
«Señor, aunque exista destrucción material, sigue avivando nuestra esperanza. Tú vas reconstruyendo Venezuela, y ya lo estás haciendo al reconstruir el corazón de este pueblo.»
Como en otras etapas difíciles de su historia reciente, Venezuela comienza ahora una larga reconstrucción. Los edificios podrán levantarse nuevamente con el paso del tiempo. Pero, para la Iglesia, el verdadero cimiento sobre el que habrá de edificarse el futuro sigue siendo el mismo que ha sostenido al país durante años de adversidad: la fe, la solidaridad y una esperanza que se niega a desaparecer.

Imagen de portada referencial: por Angelo Giordano en Pixabay


