Para los más pequeños

¿Alguna vez has sacado una mala calificación o sentiste que no podías hacer algo difícil? A Juan María Vianney le pasó algo parecido, ¡pero nunca se dio por vencido!

Juan María nació en Francia en 1786. Desde muy niño tuvo que trabajar en el campo para ayudar a su familia. Su gran sueño era ser sacerdote para enseñar a los demás sobre el amor de Dios. Sin embargo, no la tuvo nada fácil:

Le costaba mucho estudiar: En la escuela sus profesores pensaban que no tenía capacidad y reprobó exámenes por no aprender latín. Nadie confiaba en él: Muchos creían que jamás se graduaría.

Pero Juan María tenía un corazón enorme y rezaba mucho. El Obispo vio su gran bondad y esfuerzo, y dijo: “Aunque le falten conocimientos, tiene santidad; Dios hará lo demás”. ¡Así logró ordenarse sacerdote!

Cuando llegó al pueblo de Ars, la gente casi no iba a la iglesia. Pero con mucha paciencia, oración y amor, el padre Vianney logró cambiar el corazón de todos.

Servicial y humilde: Comía muy poco, dormía casi nada y regala su ropa a los más necesitados.

Escuchaba a todos: Pasaba hasta 16 horas al día en el confesionario ayudando a las personas. ¡Venían miles de peregrinos de todas partes solo para hablar con él!

¿Sabías qué? A Juan María le costaba tanto trabajo estudiar que no lo querían aceptar, ¡y hoy es reconocido en todo el mundo como el patrono de todos los sacerdotes!

Pues bien, san Juan María Vianney nos enseña el valor de la perseverancia. La próxima vez que sientas que algo te cuesta trabajo en la escuela o en tu casa, recuerda su historia. ¡Con fe, esfuerzo y ayuda de Dios, no hay obstáculo que no puedas superar!

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de agosto de 2026 No. 1621