Tras el terremoto que sacudió el occidente colombiano, la Iglesia de Pereira se movilizó para acompañar a las víctimas, mientras autoridades y equipos de rescate continúan evaluando daños, buscando desaparecidos y atendiendo a las familias damnificadas.
Por Ana Paula Morales (Poli)
“Estamos acompañando a la comunidad en estos momentos tan difíciles, en que muchas vidas humanas se han perdido, en que muchas personas están todavía a la espera de saber qué ha sucedido con sus seres queridos”.
Así describió Mons. Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, en declaraciones a El Observador, las horas posteriores al terremoto de magnitud 7.4 que sacudió este lunes 10 de agosto el occidente de Colombia.
El prelado habló de edificios y casas colapsadas, de familias que aún no saben qué ocurrió con sus seres queridos y de una Iglesia que ya comenzó a organizarse para ayudar.
“Estamos con la fe y la esperanza firmes en Dios de que Él nos ayudará a salir de estas dificultades”, afirmó.
La diócesis, explicó, ya se puso en contacto con las autoridades de Pereira para ofrecer su colaboración.
“La Iglesia seguirá atenta a ayudar. En cuanto ha sido posible, ya nos hemos comunicado con las fuerzas gubernamentales, sobre todo de Pereira, para ponernos como equipo al servicio de los hermanos que más están sufriendo”.
Cardona agradeció también las muestras de solidaridad, las oraciones y el apoyo recibido en las primeras horas de la emergencia.
“El panorama en Pereira es desolador y devastador”
El P. Víctor Daniel Ángel Valencia, delegado de Comunicaciones de la Diócesis de Pereira, dio a El Observador un primer balance de lo que se vivía en la ciudad.
“El panorama en Pereira es un poco desolador y devastador. Muchas estructuras derrumbadas, edificios en el centro de Pereira, sobre todo comprometidos estructuralmente y algunos de ellos casi que inhabitables”, relató.
El sacerdote pidió oraciones por las personas que perdieron la vida y por sus familias, y confirmó que todavía había desaparecidos.
La propia diócesis sufrió daños. Según el primer reporte del P. Víctor, al menos dos parroquias resultaron afectadas: una quedó seriamente comprometida en su estructura y otra sufrió un derrumbe.
“Que el Señor nos sostenga en estos momentos difíciles”, dijo el P. Víctor Daniel Ángel Valencia al terminar su mensaje.
Un terremoto que golpeó al occidente colombiano
El sismo tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, pero sus efectos se sintieron con fuerza en el Eje Cafetero. Pereira y el departamento de Risaralda quedaron entre las zonas más castigadas.
El último balance parcial disponible, entregado a las 19:00 horas por la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales), elevó a 132 el número de fallecidos y a más de 570 el de heridos en el país. Pereira concentra la mayor cantidad de víctimas mortales, con 60 fallecidos, según ese reporte difundido por EFE. Las cifras continúan siendo provisionales mientras avanzan las labores de búsqueda y rescate.
El Gobierno nacional había informado previamente, desde el Puesto de Mando Unificado de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), de 1,575 viviendas afectadas, 37 destruidas, 61 edificios colapsados, 18 centros de salud, 52 centros educativos y 18 carreteras con daños. En Pereira se reportaron edificios derrumbados y construcciones con daños estructurales; las réplicas y el riesgo de nuevos colapsos obligaron a numerosas familias a permanecer fuera de sus viviendas.
Los daños alcanzaron también infraestructura de transporte y edificios públicos. Varios aeropuertos de la región suspendieron temporalmente sus operaciones para realizar inspecciones de seguridad.
En Manizales se registraron además afectaciones en la Catedral Basílica Metropolitana de Nuestra Señora del Rosario, dentro de un panorama de daños al patrimonio religioso del Eje Cafetero.
Hasta el momento no existe un balance nacional cerrado sobre el número de iglesias dañadas. La Conferencia Episcopal de Colombia ha informado de afectaciones en numerosos templos y lugares sagrados, especialmente en Manizales, Pereira y Cali. En Pereira, la cifra concreta confirmada directamente a El Observador por el P. Víctor Daniel Ángel Valencia es de al menos dos parroquias afectadas.
El nuevo Gobierno ante su primera gran emergencia
El terremoto se convirtió en la primera gran emergencia nacional para el recién posesionado presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella.
El Gobierno declaró el estado de desastre nacional y activó los mecanismos de coordinación para atender a las zonas afectadas. De la Espriella señaló como prioridad la búsqueda de personas atrapadas, la atención a los heridos y el envío de ayuda a Chocó y al Eje Cafetero.
El mandatario aseguró que las poblaciones afectadas no estaban solas y anunció que el Gobierno concentraría sus esfuerzos en la emergencia y en la atención de las familias damnificadas.
“Si me muero con Jesús, ahí está”
Entre los testimonios recogidos por El Observador está el de Nicolás Garcon, católico colombiano, comunicador y músico. El terremoto lo sorprendió durante la Misa de las siete en Pereira.
El sacerdote se encontraba en la elevación de la Eucaristía cuando comenzó el movimiento.
“Cuando ocurrió el sismo me encontraba en Misa. Ya estaba comenzando la elevación. De hecho, el sacerdote eleva la Eucaristía y comienza el terremoto”, recordó.
La sacudida aumentó rápidamente. El techo se movía, las sillas caían y algunos fieles comenzaron a llorar.
Garcon recuerda especialmente la reacción del sacerdote.
“El sacerdote fue muy, muy valiente, muy firme. Mantenía la Eucaristía elevada; se agachó un poco para cubrirse en el altar, pero permaneció firme”.
Él decidió quedarse de rodillas.
“Yo permanecí de rodillas. Dije: ‘Si me muero con Jesús, ahí está’. Sé que Él puede calmar cualquier terremoto”.
Dos horas para reencontrarse con su familia
Mientras Garcon estaba en la iglesia, su esposa y sus hijos se encontraban en casa.
“Mis hijos estaban dormidos. Mi esposa era la que estaba despierta. Cuando lo sintió, los despertó a todos y los puso debajo del mesón de la cocina, que es bien fuerte, y los resguardó”, contó.
La congestión de Pereira y los problemas de comunicación retrasaron su regreso. Pasaron cerca de dos horas antes de que pudiera reencontrarse con ellos. Su apartamento también había sufrido afectaciones.
Horas después, Garcon seguía pensando en lo vivido frente al altar.
“Para las tormentas de mi vida, para los terremotos de mi vida, quiero estar firme, de rodillas, y que Él se eleve y tome el control de todas las cosas. Eso ha sido tremendamente especial para mí”.
Mientras continúan las labores de rescate y la evaluación de los daños, la Iglesia de Pereira ha puesto el acento en acompañar a las víctimas y ponerse al servicio de las autoridades y de las familias.
“La Iglesia seguirá atenta a ayudar”, aseguró Mons. Nelson Jair Cardona.
Y el P. Víctor Daniel Ángel Valencia dejó una petición para quienes siguen de cerca la tragedia: “Que el Señor nos sostenga en estos momentos difíciles”.
Imagen de Facebook: Noticiero Buenos días Pereira
