DESDE LA MONTAÑA

Por P. Christopher Hartley*

Llega el crepúsculo de una tarde misionera y vuelvo la vista sobre la senda que nunca nadie había caminado; sobre el rastro de una Eucaristía compartida, entrañable, con sabor a hogar y manojos de flores silvestres, conmovido sobre una silla mugrienta, las cuentas de un rosario que se deslizaban entre los dedos doloridos de los pobres.

Los rostros de estas duras vidas, embellecidas por esas migajas de Evangelio que hemos tenido el privilegio inmerecido de compartir, en un día más de agotadora misión, como granos lanzados al surco que nunca la mirada nublada del misionero, verá mañana florecer.

Sementara de eternidad el claroscuro de una jornada más, entre el barro y la soledad.

* Misionero en la Montaña de Guerrero, Mx.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de agosto de 2026 No. 1624