LA CONCIENCIA CATÓLICA ANTE LA IA (PARTE 4 DE 5)
Por José Luis Oliva Posada
La inteligencia artificial puede utilizarse para evitar pensar o para pensar con mayor profundidad. La diferencia no está solo en la herramienta, sino en la manera de relacionarnos con ella. Cuando le pedimos una respuesta definitiva y la aceptamos sin examinarla, la convertimos en oráculo. Cuando le encargamos tareas para no esforzarnos, la tratamos como sirvienta de nuestra pereza intelectual.
Ninguno de los dos extremos nos ayuda a crecer
La mirada cristiana propone colaborar con la tecnología sin entregarle aquello que pertenece a la persona. La máquina procesa; la persona comprende. La nota vaticana Antiqua et Nova recuerda una distinción esencial: la inteligencia artificial puede organizar datos, encontrar patrones y producir lenguaje, pero no posee autoconciencia ni discernimiento moral.
Puede ofrecer materia para reflexionar. No puede asumir nuestra responsabilidad. Conviene utilizarla como un espejo que ensancha la deliberación, descubre puntos ciegos y obliga a revisar nuestras certezas.
Cuatro funciones para pensar mejor
- Generar posibilidades. En vez de preguntar: “¿Qué debo hacer?”, solicite varias alternativas que no consideraría. La inteligencia artificial puede ampliar el horizonte, pero la elección sigue siendo humana.
- Señalar riesgos. Pida que identifique consecuencias, personas afectadas, dificultades e información faltante. La prudencia cristiana no consiste en temer cualquier decisión, sino en deliberar antes de actuar.
- Cuestionar nuestras ideas. Solicite objeciones, contraargumentos y preguntas incómodas. Una buena herramienta no siempre confirma lo que pensamos. También puede revelar prejuicios, simplificaciones o intereses inadvertidos.
- Mostrar otras perspectivas. Pida que examine la situación desde el punto de vista de quienes serán afectados, especialmente de los más vulnerables. Así evitamos el “pensamiento único” y buscamos lo que el papa Francisco llamó la sabiduría del corazón: conocimiento unido a humanidad, compasión y bien común.
Tres responsabilidades que no se delegan
La persona debe conservar siempre tres tareas:
- Definir el propósito
- Evaluar la respuesta
- Tomar la decisión
La inteligencia artificial puede colaborar en la deliberación, pero no debe ocupar el lugar de la conciencia.
Recomiendo una práctica para esta semana:
Ante una decisión, pida a la inteligencia artificial que genera cuatro alternativas.
- Señala sus riesgos
- Cuestiona mis supuestos
- Muestra la perspectiva de las personas afectadas
- No decidas por mí
Después cierre la pantalla y reflexione: Una buena inteligencia artificial no sustituye nuestro pensamiento: lo incomoda, lo amplía y lo pone a prueba. La máquina puede ayudarnos a mirar más lejos. Pero la sabiduría, el juicio moral y la responsabilidad de elegir siguen perteneciendo a la persona.
El autor es ingeniero especializado en implementación de software empresarial de misión crítica. Es Project Manager Profesional (PMP) del Project Management Institute (PMI), el referente más serio y reconocido a nivel mundial en administración de proyectos.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de agosto de 2026 No. 1624

