Desde la Amazonía venezolana, comunidades indígenas y campesinas responden con oración, ayuda y esperanza a la tragedia que golpeó al norte del país.
Por Ana Paula Morales (Poli)
Mientras Venezuela continúa recuperándose de los devastadores terremotos que sacudieron el norte del país, la Iglesia Católica sigue acompañando a las víctimas tanto en las zonas afectadas como desde los rincones más apartados del territorio nacional.
Tal es el caso del Vicariato Apostólico de Caroní, ubicado al sur del estado Bolívar y fronterizo con Brasil y Guyana que, aunque no sufrió daños materiales importantes, su obispo, Mons. Gonzalo Ontiveros, asegura que la tragedia fue vivida como propia.
“Aquí realmente el impacto fue muy suave. No hubo daños importantes y en ninguna comunidad indígena se reportó alguna afectación”. Sin embargo, añade, la distancia geográfica nunca significó indiferencia. “Nos unimos en oración por todos los fallecidos, por quienes lo perdieron todo y por las personas que estaban colaborando y ayudando”.
Compartir aun desde la pobreza
Las comunidades indígenas y campesinas de la Gran Sabana comenzaron rápidamente a reunir alimentos y ayuda para enviarlos a las regiones afectadas.
Mons. Ontiveros reconoce que las posibilidades materiales eran limitadas debido a la situación económica que vive el país, pero considera que precisamente ahí radica el valor del gesto.
“Han aprendido a compartir lo poco que tienen. Hubo una verdadera respuesta de generosidad y solidaridad”.
Para el obispo, esa capacidad de compartir nace de una fe profundamente arraigada y de una conciencia de fraternidad que permanece viva entre los venezolanos. “El venezolano sigue dispuesto a colaborar y ayudar, aun en medio de las dificultades”, afirma.
“La esperanza siempre resiste”
A juicio del prelado, las comunidades indígenas también ofrecen una importante lección para toda la Iglesia, “nos enseñan que hay que aprender a resistir siempre con esperanza, incluso en medio de la tragedia, del desastre y del caos”.
Muchas personas —explica— se acercaban simplemente para expresar que el dolor de las víctimas también era suyo, “a pesar de la distancia, sentían que eran sus hermanos”, comenta.
Una Iglesia que lleva a Jesús
Desde 2021 el Vicariato Apostólico de Caroní desarrolla su misión entre pueblos indígenas distribuidos en una inmensa región amazónica marcada por enormes distancias, diversidad cultural y escasos servicios básicos.
El legado de los misioneros capuchinos continúa vivo mediante programas de salud, educación y promoción humana. Pero Mons. Ontiveros insiste en que la mayor riqueza que ofrece la Iglesia va mucho más allá de la ayuda material. “La gente sigue confiando en una Iglesia que, más que dar cosas materiales, les lleva a Jesús”.
La evangelización —explica— exige aprender las culturas locales, respetar sus lenguas y anunciar el Evangelio desde la cercanía cotidiana. “La educación también es esperanza. Educar es sembrar una semilla que mañana dará fruto”.
La Amazonía necesita más misioneros
El obispo reconoce que el principal desafío pastoral continúa siendo la inmensidad del territorio. Existen comunidades que todavía sólo pueden recibir la visita de un sacerdote o un misionero en contadas ocasiones durante el año. “La principal necesidad es una mayor presencia misionera”.
En los últimos años han llegado sacerdotes procedentes de distintas diócesis venezolanas y también de Brasil, pero considera indispensable seguir rezando por nuevas vocaciones.
“Tenemos que seguir orando para que surjan verdaderos misioneros que quieran encarnarse en esta realidad”.

Mons. Gonzálo Alfredo Ontiveros Vivas, obispo del Vicariato Apostólico del Caroní
“La Iglesia es madre”
Durante la entrevista, Mons. Ontiveros también reflexiona sobre lo que deja al descubierto una tragedia de esta magnitud. Considera que los terremotos evidenciaron no sólo la fuerza de la naturaleza, sino también las profundas fragilidades que Venezuela ha acumulado durante años.
A su juicio, cuando ocurre una emergencia, las dificultades sociales, económicas e institucionales terminan agravando el sufrimiento de la población. Frente a ese panorama, sostiene que la misión de la Iglesia permanece inalterable.
“La Iglesia es madre y acompaña siempre a sus hijos en medio del sufrimiento”.
Añade que precisamente en estos momentos la Iglesia está llamada a permanecer cerca de quienes más sufren. “Tenemos que seguir siendo la voz de quienes no tienen voz; seguir trabajando con entrega, con amor y con esperanza. Esa es nuestra misión”.
“Si dicen que trabajamos demasiado…”
El obispo también comparte una reflexión personal sobre la misión evangelizadora en una región de frontera. Reconoce que el trabajo pastoral y social de la Iglesia no siempre es comprendido por todos. Sin embargo, lejos de desanimarlo, esas dificultades fortalecen su vocación.
“Cuando algunos me dicen que estoy trabajando demasiado, eso me anima a seguir trabajando todavía más y a confiar más en Dios”.
Para Mons. Ontiveros, esa es precisamente la misión del pastor: permanecer cerca del pueblo, especialmente cuando más necesita esperanza.
La solidaridad no conoce fronteras
Finalmente, el obispo agradece la ayuda recibida desde Brasil, país con el que el Vicariato comparte una extensa frontera. Explica que durante los últimos días han llegado diversas donaciones que ya están siendo enviadas a las zonas más afectadas. “La solidaridad de nuestros hermanos brasileños ha sido importantísima”.
Y concluye convencido de que, incluso en medio del sufrimiento, Dios continúa actuando a través de quienes deciden tender la mano a los demás. “La esperanza siempre resiste”.
La autora es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y en Teología, con maestrías en Neuromarketing y Teología, especializada en información eclesial y asuntos internacionales.
Imágen principal tomada de: vicariatodelcaroni.org
