31 AÑOS DE EL OBSERVADOR Y 100 DE LA CRISTIADA
Por P. Prisciliano Hernández Chávez CORC
Conservamos nuestras críticas y reservas a la relación bilateral México y Estados Unidos durante diversos períodos de la Historia; no es para menos. El saqueo de más de la mitad del territorio nacional, la voluntad imperiosa de dominio y de colonización de nuestra mentalidad cristiana católica y nacional bajo la mirada de Santa María de Guadalupe.
Quizá la anécdota referida al famoso padre Mariano Cuevas, historiador de la Iglesia en México y de su Álbum Histórico Guadalupano, en una conferencia que sostuvo en Guatemala, ante la presencia del Embajador de Estados Unidos de ese tiempo, cuando dice la ubicación de México, al sur con Guatemala y al norte con Guatepeor, fruto de sus años de estudio y en parte, por supuesto, ha tenido razón.
Pero, debemos liberarnos de los sofismas ‘ad hominem’ de descalificar a las personas y el de la generalización, por uno o unos, todos. Esto nos exige objetividad y precisión de hechos.
Por eso he querido señalar y solo señalar brevemente, la relación del Episcopado Norteamericano, de los párrocos y de los laicos, particularmente los Caballeros de Colón, con los Obispos exiliados y laicos migrantes mexicanos y sus gestiones, no del todo felices, con los gobiernos mexicanos, antirreligiosos, anticristianos y anticlericales, siguiendo al maestro de estos temas, Jean Meyer, quien estudia este asunto en su obra La Cruzada por México, los católicos de Estados Unidos y la cuestión religiosa en México.
Es de tomar en cuenta la postura protestante antiromana, anticatólica y antimexicana, que con una mar de prejuicios atacaba virulentamente con el slogan ‘Run, Roman, Rebelion’; aunados a las violencias racistas del Ku Klux Klan, de triste recuerdo.
Durante los cuatro años del exilio de los obispos mexicanos, antes del 1926 a 1930, descubrieron la fuerza y generosidad de los católicos estadunidenses. Establecieron relaciones con los obispos de esta nación, que se mostraría en este periodo señalado. Tanto la jerarquía episcopal americana y los Caballeros de Colón laicos, tendrían un papel decisivo en el conflicto religioso de México.
En esos años anteriores a 1921, es digno de recordar los buenos oficios del cardenal Gibbons y el paso posterior al P. John J. Burke.
En 1926, el Obispo de Baltimore, Michael Curley, gran defensor de la Iglesia en México, pronunció un discurso en la cena anual de los Caballeros de Colón, en Washington. Denunció la ‘persecución’ en México, como ‘un ultraje a la decencia humana’, criticó la pasividad del gobierno norteamericano y pidió a los Caballeros de Colón ‘lanzarse a la batalla’.
Esta mi intervención ha sido una provocación para que nos interesemos por este capítulo de la relación de los católicos estadunidenses con nuestro pueblo católico en los períodos de las persecuciones religiosas, anteriores a la ley Calles y de la misma Cristiada; nuestro pueblo, mil veces vapuleado, minusvalorado y oprimido, para que descubramos la grandeza de la comunión católica en estos años aciagos que nos podría orientar en nuestros planteamientos de relación actuales.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de julio de 2026 No. 1620

