Por Jaime Septién
Preocupa de sobremanera la reciente acometida del gobierno federal contra la libertad de expresión, garantía de la democracia y del Estado de Derecho al que aspiramos los mexicanos.
Decir de qué lado está la verdad, para defender a las audiencias, es tanto como considerar a las audiencias en un grado tal de infantilismo que solo alimenta el autoritarismo paternalista que habíamos dejado atrás en México.
Las audiencias deben ser defendidas desde las propias audiencias, no desde el gobierno. Es ingenuo creer en la pureza de intención cuando el poder político quiere guiar la conciencia de la gente.
Más aún cuando a poco tiempo de que concluyera la consulta popular sobre los nuevos lineamientos de protección a las audiencias, la consejería jurídica de la presidencia publicó varias listas negras de periodistas, medios, personas públicas y redes sociales que —supuestamente— no dicen la verdad.
En nombre de “la verdad” se han cometido muchas injusticias. Sobre todo cuando “la verdad” que “debe” ser transmitida es “la verdad de Estado”. Un régimen de excepción: como los públicos son tontos y están a merced de los carroñeros opositores, hay que guiarlos hacia el paraíso de la ideología en el poder: ésa es la buena.
Recurro, nuevamente, a Chesterton: una herejía es una verdad que se ha vuelto loca. Desde luego que las audiencias deben ser protegidas, pero no por el gobierno sino por organismos públicos, desligados del poder, con un sentido pleno de ciudadanía y de control democrático. Tomarlas como rehenes para eliminar a la crítica tiene un nombre histórico y concreto: fascismo.
¿Hay posibilidad de rectificar la deriva actual? Obviamente. Lo que no sé es si existe la voluntad de hacerlo. Lo primero que habría que promover es exactamente lo contrario de las listas negras y la exclusión: la conversación pública. Alimentar el descontento es apostarle a la derrota moral y espiritual de un pueblo. Una apuesta de suma cero.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de agosto de 2026 No. 1624
Imagen de Arek Socha en Pixabay

