LA CONCIENCIA CATÓLICA ANTE LA IA – PARTE 2 DE 5

Por José Luis Oliva Posada

La inteligencia artificial puede responder casi cualquier pregunta. Pero no cualquier pregunta produce una respuesta útil. Cuando escribimos: “Explícame esto”, “dime qué debo hacer” o “ayúdame con mi problema”, la herramienta completa los espacios que dejamos vacíos. Supone qué queremos y responde con el poco contexto disponible.

El resultado puede sonar correcto y, aun así, no responder a nuestra verdadera necesidad. Aprender a utilizar inteligencia artificial no consiste solamente en conocer aplicaciones. También exige expresar con claridad cristiana qué buscamos, qué ignoramos y qué no queremos delegar.

Preguntar bien también es aprender a pensar como católico

“¿Qué debo decidir?”, “¿quién tiene la razón?” o “¿cuál es la mejor opción?”, parecen preguntas sencillas, pero esconden otras más profundas: ¿Qué consecuencias tendrá la decisión? ¿Quiénes serán afectados? ¿Qué valores queremos proteger? ¿Qué información nos falta?

La inteligencia artificial no puede descubrir aquello que nosotros mismos no hemos aclarado. Puede ayudarnos a explorar una situación, pero necesita dirección. Quien no sabe qué busca termina aceptando lo primero que encuentra.

Cuatro elementos para preguntar mejor

  1. El propósito

¿Para qué necesito esta respuesta? No es lo mismo buscar información para comprender un tema que pedir apoyo para decidir. Expresar el propósito orienta la respuesta.

  1. El contexto

La inteligencia artificial no conoce nuestra historia ni las consecuencias humanas de cada alternativa. En vez de preguntar: “¿Cómo organizo mejor mi tiempo?”, conviene explicar nuestras responsabilidades, el tiempo disponible y aquello que no queremos sacrificar.

  1. Los criterios y los límites

Toda decisión contiene valores y prioridades. Podemos pedir alternativas que respeten límites familiares, económicos o morales. La opción más eficiente no siempre es la más justa; la más rápida no siempre es la más prudente.La inteligencia artificial puede optimizar una instrucción, pero no debe decidir nuestros valores.

  1. La forma de la respuesta

Conviene indicar qué ayuda esperamos: una comparación, una lista de riesgos, preguntas para reflexionar o información que necesitemos verificar. En vez de pedir: “Dime cuál opción es mejor”, resulta más útil solicitar: “Compara estas alternativas. Señala ventajas, riesgos e información faltante. No elijas por mí”.

Esa última frase es fundamental. Preguntar bien es una forma de humildad. Significa reconocer que no lo sabemos todo y que necesitamos comprender antes de actuar. Pero la humildad cristiana no consiste en aceptar cualquier respuesta ni en entregar nuestro juicio a quien habla con seguridad. Consiste en buscar la verdad con apertura, prudencia y responsabilidad.

Una práctica para esta semana

Antes de consultar una inteligencia artificial, complete cuatro frases:

  • Necesito esta respuesta para…
  • El contexto importante es…
  • Los criterios o límites son…
  • Quiero que la respuesta incluya…

Después formule su pregunta.

Tal vez el mayor beneficio de conversar con una inteligencia artificial no sea obtener respuestas más rápidas, sino detenernos y comprender mejor aquello que verdaderamente buscamos. La máquina puede ayudarnos a formular posibilidades. Pero la pregunta católica profunda, el propósito, la decisión y la responsabilidad siguen perteneciendo a la persona.

El autor es ingeniero especializado en implementación de software empresarial de misión crítica. Es Project Manager Profesional (PMP) del Project Management Institute (PMI), el referente más serio y reconocido a nivel mundial en administración de proyectos.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 9 de agosto de 2026 No. 1622