Por Lucrecia Roper
Estás hecho para amar, dice el título de un libro de Antonio Pérez Villahoz.
Es necesaria una generación de jóvenes que quieran ser realmente rebeldes, que no dejan que este mundo les haga creer que valen por lo que tienen y no por lo que deciden. No te dejes arrastrar por una forma de pensar o de actuar que no vaya contigo, que no deseas para ti, por eso actúa siempre en conciencia.
Hay mujeres que creen que valen por lo que enseñan de su cuerpo, esto lleva al sentimiento profundo de haber sido usada por otros. Cuídate, muestra una belleza amable a los demás por tu buen carácter. Guarda en tu corazón la grandeza que tú tienes, la enorme dignidad que posee.
No eres un producto de consumo. Eres hija o hijo de Dios. Déjate querer por quien realmente te merezca, y no dejes que este mundo, esclavizado por una sexualidad embrutecida, te impida ser tú misma, tú mismo. Si para quererte te obligan a no ser quien eres, es que esa persona no te quiere, sino que busca un disfrute carnal. ¡Tú vales más que eso! ¡De verdad!
Nadie en su sano juicio quiere una vida atrapada por la pornografía, pero una vez dentro, es difícil salir, o al menos no todos lo consiguen. Al principio todo es gratis, pero eso es sólo al principio. Muchos se avergüenzan de ella pero muy pocos la abandonan, y no pienses que eso les pasa a los “malos”. Esto les pasa a los que desprecian una vida limpia, a los que juegan con fuego, a los que tienen una fe débil. Corromperse es mucho más fácil de lo que imaginas. Los verdaderos culpables somos tú y yo. Nos falta valentía y humildad para forjar una vida que vale la pena. Tú eres quien va forjando lo que quieres ser. No dejes que otros decidan por ti mismo.
A un alma sencilla hay que explicarle que hay una enorme diferencia entre el verbo sentir y consentir. Puedes sentir mil sensaciones y movimientos, pero otra cosa es consentir. Consentir es querer con toda el alma provocar esas sensaciones o tener esas imaginaciones.
¡Urge convencernos de que hemos sido hechos para amar!

