En entrevista con Press Crux, Monseñor José Hiraís Acosta Beltrán recuerda al sacerdote asesinado en Hidalgo, a quien conoció desde el seminario, y habla del dolor de su comunidad y la esperanza de justicia.
Por Ana Paula Morales (Poli) – Press Crux
Cuando el padre Román de la Cruz Hernández ingresó al seminario menor del Seminario Diocesano de Huejutla, en Hidalgo, tenía aproximadamente 16 años. Uno de sus formadores era quien hoy es el obispo de Huejutla, Mons. José Hiraís Acosta Beltrán. De aquel adolescente conserva el recuerdo de un joven respetuoso, responsable y estudioso. Del sacerdote, la cercanía con los fieles y el entusiasmo con el que asumía sus responsabilidades pastorales. «El P. Román era un sacerdote joven, alegre, deportista, amigable y trabajador», expresó el obispo en entrevista con Press Crux, tras el asesinato del párroco de Santa Cruz.
El sacerdote, de 48 años, fue localizado sin vida el 15 de septiembre en una carretera del municipio de Lolotla. Según la agencia AFP, fue asesinado a balazos y su cuerpo abandonado junto a una carretera de Hidalgo. La diócesis confirmó su identidad y pidió una investigación exhaustiva. Para Mons. Acosta, la pérdida alcanza también a una historia compartida desde los primeros años de formación: «Lo conocí desde su ingreso al seminario menor, siendo su servidor formador en el mismo seminario», relató. Desde entonces, recordó, participaba con responsabilidad en la vida comunitaria del seminario y del colegio.
Cercano a los fieles y exigente en la formación
Originario de Mazahuacán, en la zona serrana de la diócesis, el padre Román había servido durante seis años como párroco de San Pedro Apóstol, en Acoxcatlán, Tepehuacán, según explicó el obispo. El 11 de septiembre, cuatro días antes de su muerte, cumplió dos años al frente de Santa Cruz, una parroquia de pueblo originario náhuatl. «Asumió la parroquia con gran entusiasmo pastoral», afirmó Mons. Acosta. Muy pronto organizó a los agentes de pastoral para el trabajo apostólico y la formación permanente.
Su trato era cercano, amable y solidario, pero también exigente. El obispo explicó que insistía en la preparación de quienes colaboraban en la parroquia y en el compromiso de los laicos con la vivencia de su fe. Acompañaba a ministros de la Eucaristía, catequistas, lectores, coros, monaguillos y grupos como la Adoración Nocturna y la Renovación Carismática; además, motivaba a otros fieles a incorporarse al servicio de la comunidad. «Considero que lo recordarán los agentes de pastoral laicos por su atención para con ellos en el aspecto de la formación», señaló el prelado. Procuraba que estuvieran preparados para desempeñar sus ministerios y responsabilidades.
Un templo por restaurar y comunidades por acompañar
La llegada del padre Román a Santa Cruz supuso una transición para una comunidad que, según Mons. Acosta, había sido acompañada durante 50 años por los misioneros xaverianos. Los fieles estaban acostumbrados a su estilo pastoral y la adaptación al nuevo párroco, a los vicarios y a las religiosas requirió tiempo, hasta que la comunidad y los sacerdotes fueron encontrando un ritmo de trabajo compartido.
El padre Román visitaba con frecuencia las comunidades de pueblos originarios para celebrar la Eucaristía, acompañar las fiestas patronales, ofrecer retiros y atender los servicios que le solicitaban. También cuidaba que el templo y las capillas estuvieran limpios y en orden, como lugares dignos para el encuentro con Dios. Tenía proyectada la restauración del templo parroquial, pero no alcanzó a iniciar los trabajos. De acuerdo con Vatican News, que recogió información de la agencia Fides, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 2006 y era, desde septiembre de 2024, el primer párroco diocesano de Santa Cruz.
La despedida de una comunidad
Con una procesión y una Misa en la parroquia de Santa Cruz, los fieles despidieron al padre Román. Según la crónica de Luz de Luz, órgano informativo oficial de la Provincia Eclesiástica de Hidalgo, Mons. Acosta presidió la celebración e invitó a la comunidad a mantenerse unida en oración. En su homilía pidió fortaleza para los fieles, llamó a evitar el rencor y el odio, y recordó el valor de toda vida humana: «No perdamos el respeto a la vida humana que es obra de Dios».
Los testimonios de los parroquianos recogidos por el medio eclesial coinciden con el recuerdo del obispo. Gabriel, un laico de Santa Cruz, destacó la cercanía del sacerdote con las familias y atribuyó a su trabajo la participación de numerosos monaguillos y servidores. Yeidy Lorenzo Velasco, de San Pedro Apóstol, recordó su entrega y responsabilidad. Por petición de su familia, sus restos fueron sepultados en Mazahuacán, su lugar de nacimiento.
En la cobertura publicada el 22 de septiembre, el obispo informó que la atención pastoral de Santa Cruz continuaría con los vicarios Vicente y Juan Carlos, mientras la diócesis comunicaba el nombramiento del nuevo párroco.
Dolor y esperanza de justicia
«La comunidad está viviendo con mucho dolor, con indignación e incertidumbre la pérdida de su párroco», manifestó Mons. Acosta a Press Crux. La consternación, añadió, es compartida por el presbiterio. El obispo expresó su esperanza en Cristo resucitado, a quien el padre Román predicó, y en que las autoridades cumplan con su responsabilidad de investigar para que el crimen no quede impune.
El 21 de septiembre, Amexi informó de un mensaje conjunto del obispo y del encargado del despacho de la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo, Francisco Fernández Hasbún. El funcionario indicó que se trabajaba en tres líneas de investigación, sin detallar el móvil del crimen. En la cobertura de Luz de Luz, Mons. Acosta también llamó a los medios de comunicación a consultar fuentes oficiales e informar con responsabilidad, para evitar versiones que puedan confundir o lastimar a las familias.
Servir con prudencia y construir la paz
Ante la violencia, el obispo pidió a los sacerdotes continuar construyendo una cultura de paz, en sintonía con los trabajos promovidos por la Conferencia del Episcopado Mexicano. También les llamó a conducirse con prudencia y a extremar precauciones en sus desplazamientos. Mons. Acosta reconoce las dificultades de promover la paz en una sociedad que, advirtió, se está familiarizando con la violencia, la delincuencia y el crimen organizado; sin embargo, aseguró que esta convocatoria ha encontrado aceptación entre sacerdotes y laicos.
Desde la pastoral familiar y juvenil, explicó, se busca acompañar a las familias para sembrar en los niños, adolescentes y jóvenes los valores del Evangelio: la justicia, el perdón, la reconciliación y el amor en la vida comunitaria.
Una violencia que golpea a toda la comunidad
En un mensaje en video difundido por el Centro Católico Multimedial (CCM), el Padre Omar Sotelo advirtió que los asesinatos de ministros de culto contribuyen a imponer una «cultura del silencio y del terror» en las comunidades. Señaló que los sacerdotes son «estabilizadores sociales» y que las amenazas también alcanzan a los laicos involucrados en labores pastorales y en la defensa de sus comunidades.
Su análisis aborda las extorsiones contra miembros de la Iglesia y la necesidad de articular mecanismos de prevención y denuncia. «No hablamos solo de cifras, sino de vidas y de sueños de hombres y mujeres que no debieron morir», expresó. Se trata de un diagnóstico sobre la violencia contra miembros de la Iglesia en México; el móvil del asesinato del padre Román deberá ser esclarecido por las autoridades.
Según el Centro Católico Multimedial (CCM), cuatro sacerdotes han sido asesinados en México entre 2024 y 2026. Por su parte, en el editorial «Ya no basta contar muertos», publicado el 21 de septiembre, el centro advirtió: «México no parece haber tocado fondo». El texto denuncia la normalización de las agresiones y el debilitamiento de las instituciones que todavía acompañan a las comunidades.
México: miles de homicidios y una crisis de desapariciones
El asesinato del padre Román ocurre en un país que continúa registrando miles de muertes violentas cada año. Según las cifras preliminares del INEGI, durante 2025 se registraron 27.989 defunciones por presunto homicidio. Aunque el total disminuyó respecto de 2024, la violencia sigue dejando familias y comunidades en duelo.
La crisis de desapariciones mantiene una trayectoria distinta. El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU documentó que el número de personas desaparecidas registradas oficialmente pasó de 95.121 en marzo de 2022 a 129.341 en junio de 2025. En junio de 2026, Reuters informó que México se acercaba a las 135.000 personas desaparecidas. Se trata de un registro acumulado, no de desapariciones ocurridas en un solo año.
No todos los casos del registro pueden calificarse como desaparición forzada. Sin embargo, el Comité de la ONU ha advertido sobre información que apunta a la posible participación de agentes estatales, directamente o mediante autorización, apoyo o aquiescencia, así como sobre la persistencia de la impunidad. En medio de esa realidad, el obispo de Huejutla insiste en una tarea que comienza en las familias y las comunidades: «No acostumbrarnos a la violencia».
Publicado en Press Crux

