A más de dos meses de los terremotos que dejaron al menos 6,509 muertos, Cáritas Venezuela mantiene la atención material, psicológica y espiritual de las familias. Mons. José Luis Azuaje pide una reconstrucción transparente, centrada en la dignidad humana.
Por Ana Paula Morales (Poli)
Mons. José Luis Azuaje Ayala, arzobispo de Maracaibo, primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y presidente de Cáritas Venezuela, resume lo que ha visto en las zonas afectadas: “dolor, sufrimiento y esperanza”.A más de dos meses de los dos terremotos que sacudieron Venezuela, miles de familias siguen en campamentos, viviendas prestadas o refugios improvisados. Otras todavía esperan recuperar los cuerpos de sus seres queridos sepultados entre los escombros.El 24 de junio, dos movimientos sísmicos de magnitud 7.2 y 7.5 golpearon la región centro-norte del país, sobre todo Caracas y La Guaira. El balance oficial difundido el 24 de agosto elevó a 6 mil 509 el número de fallecidos. Las autoridades no han ofrecido una cifra consolidada de personas desaparecidas, mientras miles de familias continúan desplazadas y sin posibilidad de regresar a sus viviendas.Cáritas Venezuela respondió mediante una red de 39 Cáritas diocesanas y cerca de 600 parroquiales.En entrevista con El Observador de la Actualidad, explicó que las pérdidas van mucho más allá de las viviendas. Muchas personas se quedaron sin empleo, comunidad o proyectos. A eso se añade la angustia de quienes creen que las labores de rescate tardaron demasiado y todavía no han podido despedirse de sus familiares.“A un mes de la tragedia, las personas aún sienten esperanza de poder encontrar a sus seres queridos con vida o sin vida”, afirmó. Recuperar un cuerpo permite a las familias comenzar el duelo y darle sepultura.
Un niño que buscaba un martillo
Pocos días después de los terremotos, Mons. Azuaje recorrió varios sectores de La Guaira. Vio familias sentadas junto a edificios colapsados, en espera de noticias de los rescatistas. Una de esas escenas se le quedó grabada.Un niño de unos diez años se acercó al vehículo en el que viajaba el arzobispo y pidió un martillo y unos guantes. Los quería, explicó, “para ir a sacar de los escombros a su mamá que quedó enterrada”.
El equipo no llevaba esas herramientas
El arzobispo recuerda también a rescatistas y vecinos que retiraban concreto y varillas con muy pocos recursos, incluso con las manos y los pies. “La solidaridad se desbordó”, señaló.“No era solo concreto y cabillas, eran historias de vida sepultadas”, expresó Mons. Azuaje.
Una red que ya estaba en las comunidades
Cáritas pudo responder porque ya estaba presente en las parroquias, diócesis y comunidades más pobres antes de los terremotos.“La mayor riqueza de Cáritas es su personal y su voluntariado”, afirmó Mons. Azuaje.“Cáritas siempre permanece cuando otros se van, porque es la misión que la Iglesia ha recibido: dar vida y vida en abundancia”, explicó.La respuesta inicial no fue sencilla. Algunos templos, casas parroquiales y centros comunitarios colapsaron. Las comunidades cercanas abrieron centros de acopio y las Cáritas diocesanas asumieron la coordinación.El séptimo boletín de Cáritas Venezuela, con corte al 25 de agosto, informó que la organización había atendido a 28 mil 303 familias. Para entonces había recibido 23 mil 354 toneladas de ayuda humanitaria y distribuido 20 mil 224 toneladas —el 87 por ciento del total—, mientras 3 mil 130 toneladas permanecían en reserva para las siguientes entregas. El informe advirtió que las donaciones comenzaban a desacelerarse, aunque miles de familias seguían en campamentos transitorios y muchas no podrían volver a sus viviendas.Para Mons. Azuaje, las personas confían en Cáritas porque conocen su trabajo: “Su cercanía a los pobres, a las comunidades necesitadas, le ha dado un aval para obrar en distintas contingencias”.
Más que alimentos y agua
El reparto de víveres y la construcción de viviendas son solo una parte del trabajo.La organización trabaja en seguridad alimentaria; agua, saneamiento e higiene; refugio y abrigo; salud; protección; apoyo psicosocial; recuperación de medios de vida y fortalecimiento de las comunidades.La Iglesia acompaña a las familias con escucha, oración y atención psicológica y espiritual. En colaboración con diócesis, parroquias y universidades, se organizaron actividades para niños que perdieron a sus padres y espacios de atención para adultos mayores que están solos.UNICEF ha advertido que alrededor de 3.9 millones de menores viven en las regiones afectadas y enfrentan separación familiar, desplazamiento, angustia, interrupción de las clases y falta de servicios básicos.“Lo primero es la cercanía”, explicó Mons. Azuaje. “Hay que tocar las heridas de los que sufren, no desde la distancia, sino desde la cercanía humana y espiritual”.
Versiones distintas sobre la respuesta
El presidente de Cáritas Venezuela reconoció la rápida actuación de empresas, organizaciones sociales, voluntarios y comunidades que llevaron alimentos, herramientas y otros insumos. También cuestionó la falta de datos precisos durante los primeros días y consideró que los terremotos pusieron al descubierto debilidades institucionales acumuladas durante años.“El trabajo se hace difícil cuando no se tiene una información oficial certera sobre los hechos y el número de víctimas”, señaló.El Gobierno venezolano ha defendido su respuesta. Las autoridades informaron que más de 26 mil funcionarios venezolanos y 3 mil 660 rescatistas internacionales participaron en la emergencia, junto con miles de ciudadanos registrados como voluntarios.La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció un fondo especial para la reconstrucción y aseguró que el Ejecutivo coordina la atención en los refugios y la cooperación internacional.Mons. Azuaje pidió transparencia, participación de las comunidades y vigilancia efectiva.“Los recursos para la reconstrucción deben aparecer”, afirmó. “Nuestro país tiene grandes recursos, que si son bien administrados pueden invertirse en infraestructura y medios de vida para quienes han perdido todo”.El arzobispo recordó las promesas que quedaron pendientes después del deslave de Vargas de 1999 y pidió que la historia no se repita.
Una emergencia dentro de otra
Los terremotos golpearon a un país que ya atravesaba una profunda crisis económica, deterioro de los servicios públicos, desplazamiento y debilitamiento institucional.Para Mons. Azuaje, reconstruir significa recuperar viviendas, empleos, pequeños negocios, servicios públicos, escuelas, hospitales y lugares de encuentro comunitario.“La reconstrucción no solo debe ser de viviendas, sino también de la infraestructura de servicios y de los medios de vida”, insistió.
Dios entre los escombros
Cuando le preguntan dónde estaba Dios mientras temblaba la tierra, Mons. Azuaje responde que estuvo en las víctimas y en quienes acudieron a rescatarlas.“Dios no está ausente”, afirmó. “Ha estado presente en los rescatistas formales e informales y en todos los servidores de quienes han padecido esta tragedia”.El arzobispo rechazó que el terremoto pueda interpretarse como un castigo divino. Recordó que los desastres naturales forman parte del carácter cambiante del planeta y no responden a una voluntad castigadora de Dios.Los sacerdotes de la Diócesis de La Guaira, incluso quienes perdieron sus templos o casas parroquiales, han seguido junto a sus comunidades. Seminaristas y agentes pastorales visitarán los refugios para escuchar a las familias, rezar con ellas y conocer sus necesidades.“La presencia de Dios ha estado tangible en cada creyente que obra, en quien da gracias por un sobreviviente o reza por un fallecido”, sostuvo.
“No están solos”
Cáritas Venezuela puso en marcha programas de transferencias monetarias directas para algunas familias, además de proyectos para ayudarlas a volver a trabajar y obtener ingresos.Mons. Azuaje pidió a los venezolanos en el extranjero que no olviden a sus compatriotas y llamó a mantener la ayuda después de las primeras semanas.“Cuando la emergencia inmediata pase, muchos se retirarán. Nosotros, como Iglesia y como Cáritas, permanecemos en el tiempo”, señaló.A las familias que perdieron a un ser querido o temen no poder rehacer su vida les dejó un mensaje: “Deben saber que no están solas, que hay todo un pueblo que las acompaña y respalda”.“La vocación de Cáritas es servir sin miramientos”, concluyó. “Es gastarse y desgastarse por la humanidad que hay en cada familia sufriente”.
La autora es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y en Teología, con maestrías en Neuromarketing y Teología, especializada en información eclesial y asuntos internacionales. Más en: presscrux.org

