Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro
El primer obispo de la diócesis de Tuxpan fue monseñor Ignacio Lehonr Arroyo acompañante, cuando era joven sacerdote, del santo Obispo de Veracruz San Rafel Guízar y Valencia. A éste le tocó gobernar su diócesis durante todo el tiempo de la persecución religiosa.
Monseñor Ignacio Lehonor escribió dos “memorias”, las de su acompañamiento a monseñor Guízar, intitulada “Testigo Fiel”, y después las de su propia experiencia. En ambas recoge, casi de viva voz, los avatares tanto del santo Obispo veracruzano como las suyas, llenas de recuerdos de la cruel persecución a la Iglesia por los gobernadores Tejeda en Veracruz y Garrido Canabal en Tabasco.
Sobre la apertura de los templos católicos en el Estado de Veracruz, tomo lo que refiere Monseñor Ignacio Lehonor sobre lo sucedido en Orizaba en sus notas “Recuerdos de mi vida”, por su valor de testigo presencial y activa participación, aunque sin identificación presbiteral.
“En 1937, el pueblo abrió las iglesias por la fuerza; el motivo fue la muerte de una jovencita llamada Leonor Sánchez, hija de un líder obrero. Estaba en la Misa que celebraba el Sr. Cura José María Flores, en su casa, cuando llegó la policía, se llevó preso al Sr. Cura y a todos los asistentes; de camino a la cárcel, esta jovencita, al llegar a una esquina, quiso escaparse corriendo en la calle, un policía le disparó su carabina, en el acto quedó sin vida Leonorcita, al día siguiente fue el sepelio; una multitud acompañaba el cadáver, miles de obreros formados de ocho en fondo, acompañaron a su líder, decidieron pasar por la cárcel para que el Sr. Cura bendijera el cadáver. Llorando, grandemente apenado, no pudo decir bendición alguna, sino que roció con agua bendita el cuerpo y decía: ‘Dale, Señor, el descanso eterno’. Continuamos al cementerio (yo también iba) y varios obreros tomaron la palabra exigiendo justicia y protestando por el asesinato. Yo también, subido en una tumba, tomé la palabra y les dije la frase de Tertuliano: ‘La sangre de los mártires es semilla de cristianos’. Cuando terminó el sepelio, decidieron ir al palacio, protestar y pedir que les entregaran al policía asesino para darle su merecido. Estaba en el palacio el gobernador Miguel Alemán Valdez; al darse cuenta que la manifestación iba al palacio, salió corriendo a tomar su coche e irse a Xalapa; dejó en su lugar al Lic. Rebolledo, quien recibió la comisión de personas, les dijo que comprendieran que no podía darles al policía asesino, pero que lo iban a castigar según instrucciones del Gobernador. Bajó la comisión dando a gritos la respuesta. Entonces alguien gritó: ‘¡Vamos a abrir la iglesia parroquial de San Miguel!’, y toda la multitud se arrojó a la iglesia, y por la fuerza abrieron las puertas, entró toda la gente entre cantos y vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe; en seguida fueron por los sacerdotes de la ciudad, los llevaron a las iglesias y así se abrieron los cultos. Esto fue el día 7 de febrero (en Orizaba) y el día 11, se abrieron en Córdoba. De Córdoba fuimos a Amatlán, Paso del Macho, Soledad y finalmente al Puerto de Veracruz” (Recuerdos…, pg 12-13).
San Rafael Guízar, obispo de Veracruz, había establecido que los sacerdotes abrieran “Centros Eucarísticos” en casas particulares para que los fieles no carecieran de la santa Eucaristía. Precisamente, por celebrar la Eucaristía, permitió Dios la apertura de los templos. El instrumento fue una vida inocente, que tenía a Cristo en su corazón. La sangre inocente (in-nocens, es el que no mata) es la que redime. La pequeña Leonor es una “mártir” que embellece nuestra Iglesia. Honor también merecen los obreros sindicalizados orizabeños por defender su fe, ejerciendo así sus derechos como creyentes, en sintonía con sus pastores.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 6 de septiembre de 2026 No. 1626
Imagen de la Catedral de San Miguel Arcángel en Orizaba, Veracruz por Airvillanueva en Wikipedia

