Por Miriam Apolinar

La dignidad humana se convirtió en el eje de una jornada académica que reunió a juristas, académicos y distinguidas personalidades con motivo de la edición número 100 de la revista Tiempo de Derechos, celebrada el 27 de agosto en la Capilla Gótica del Instituto Cultural Helénico.

El encuentro no sólo conmemoró la trayectoria de una publicación que nació en abril de 2018 y que ha mantenido más de ocho años de circulación ininterrumpida; también abrió un espacio para discutir algunas de las cuestiones que hoy se encuentran en el centro de los debates jurídicos y sociales.

El derecho a la vida, la libertad de conciencia, la libertad religiosa y los límites e interpretaciones del Derecho contemporáneo fueron abordados desde distintas perspectivas por los ponentes, en una jornada que dejó una preocupación común: ¿Qué ocurre cuando el Derecho se aleja de la dignidad de la persona que pretende proteger?

La revista fue impulsada por el ministro en retiro Sergio Salvador Aguirre Guillén, con el respaldo del ministro Mariano Azuela Buitrón y bajo el patronato de la Fundación Aguirre Azuela Chávez Jáuregui Pro Derechos Humanos. Su propósito inicial fue analizar las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero con el paso de los años amplió sus contenidos hasta convertirse en una publicación jurídica plural.

La pérdida de Aguirre Guillén en 2020 representó uno de los momentos más difíciles para el proyecto. Sin embargo, la revista continuó su camino y alcanzó el número 100 bajo la dirección del doctor Rafael Estrada Michel, cuya labor fue reconocida durante la celebración.

El Lic. Francisco Javier Gaxiola Fernández también expresó su reconocimiento al doctor Estrada por el esfuerzo realizado para dar continuidad a la publicación, así como a los equipos editorial, administrativo y académico que han permitido que Tiempo de Derechos llegue a este aniversario.

Durante la jornada se presentó además el video “Ecos de Tiempos de Derecho”, un recorrido por la historia de la revista y por quienes han contribuido a construir sus primeros cien números.

La vida, condición para ejercer todos los derechos

Uno de los mensajes más contundentes de la jornada estuvo a cargo del Dr. Edgar Stuardo Ralón Orellana, presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quien centró su exposición en el derecho a la vida.

El jurista sostuvo que la vida no debe ser considerada simplemente como un derecho más dentro del catálogo de derechos humanos, sino como el presupuesto que permite ejercer los demás. Sin una persona viva, explicó, no podrían ejercerse derechos como la libertad, la igualdad o la propiedad.

Ralón Orellana defendió la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural y recordó el contenido del artículo 4.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Uno de los conceptos centrales de su intervención fue contundente: “la dignidad no tiene etapas”.

Con esta expresión, explicó que la dignidad no aumenta ni disminuye según la edad, la enfermedad, las capacidades, la autonomía o la utilidad social de una persona. La misma dignidad, afirmó, corresponde al niño por nacer, a la persona con discapacidad, al enfermo grave y al adulto mayor.

El presidente de la CIDH recordó también su intervención en el caso Beatriz respecto de El Salvador, señalando la importancia de no presentar automáticamente la protección de la madre y del hijo por nacer como una disyuntiva sin alternativas.

Al hablar del final de la vida, puso especial énfasis en los cuidados paliativos, el alivio del dolor y el acompañamiento. Frente al sufrimiento, sostuvo, la respuesta de la sociedad debe incluir cuidado, presencia y solidaridad.

Su reflexión llevó el debate nuevamente a una pregunta esencial: si los derechos humanos son universales, ¿puede existir alguna vida cuya dignidad valga menos que otra?

Conciencia y libertad frente a la ley

La Dra. Cecilia Lizardi Tort llevó el debate hacia otro de los territorios donde el Derecho se encuentra con la dignidad personal: la objeción de conciencia. Mientras que la jurista explicó que esta figura aparece cuando una obligación jurídica entra en conflicto con una convicción moral que la persona considera fundamental.

Para mostrar que no se trata de un fenómeno nuevo, recurrió a figuras históricas como Antígona, Tomás Moro, Henry David Thoreau y Muhammad Ali, quienes, en circunstancias distintas, enfrentaron obligaciones o decisiones públicas desde sus propias convicciones.

Lizardi advirtió que la objeción de conciencia ha adquirido especial relevancia en el ámbito sanitario, donde se plantean conflictos relacionados con procedimientos como el aborto, la eutanasia  y el suicidio asistido, entre otros.

Sin embargo, dejó claro que objetar por conciencia no significa tener un permiso ilimitado para incumplir la ley. Cuando existe afectación a los derechos de terceros, la salud pública o intereses legítimos del Estado, debe realizarse una ponderación constitucional.

La especialista defendió además que la objeción de conciencia no corresponde únicamente a las personas religiosas. También puede estar vinculada con convicciones ateas, agnósticas o morales profundamente arraigadas.

Para Lizardi Tort, proteger la conciencia individual es indispensable para una sociedad plural, siempre que se encuentre dentro de un marco de respeto hacia los demás.

Libertad religiosa: un derecho, no una concesión

El Dr. Jaime del Arenal Fenochio abordó otro de los pilares de la dignidad: la libertad religiosa. Su planteamiento partió de una premisa: la libertad religiosa no debe entenderse como una concesión del Estado, sino como un derecho que corresponde a la persona por su propia dignidad.

El historiador del Derecho cuestionó las concepciones que pretenden relegar la religión exclusivamente al ámbito privado y propuso una visión de la laicidad basada en la neutralidad, el respeto, la cooperación
y el diálogo.

Reconocer la presencia pública de las religiones, aclaró, no significa regresar a un Estado confesional. Significa reconocer que la sociedad es plural y que las convicciones religiosas forman parte de esa realidad.

Uno de sus planteamientos más concretos fue la necesidad de que México avance hacia una Ley de Libertad Religiosa que permita desarrollar y proteger de manera más amplia este derecho.

Entre los ámbitos que, a su juicio, deberían recibir mayor atención se encuentran la objeción de conciencia, la asistencia religiosa en hospitales, cárceles y Fuerzas Armadas, la protección de minorías religiosas y el ejercicio de las convicciones en el espacio público.

Del Arenal sostuvo que México todavía tiene pendiente una tarea fundamental: pasar del reconocimiento general de la libertad religiosa a una protección efectiva de la posibilidad de creer, practicar y manifestar las propias convicciones.

Una crisis que también es de lenguaje

El Mtro. César Alejandro Ruiz Jiménez cerró este bloque de reflexiones con una mirada crítica sobre el Derecho contemporáneo. El jurista identificó tres fenómenos: la crisis del deseo, la crisis de la realidad y la crisis propiamente jurídica.

Advirtió que uno de los riesgos actuales consiste en transformar cualquier deseo o voluntad individual en un supuesto derecho sin realizar previamente un análisis jurídico sobre su naturaleza, sus límites y sus consecuencias.

También llamó la atención sobre el uso del lenguaje. Cuando los conceptos jurídicos se modifican para adaptarse a una conclusión previamente decidida, señaló, el Derecho pierde precisión y capacidad para establecer reglas claras.

Ruiz Jiménez sostuvo además que existe una falta de diálogo entre posiciones enfrentadas. En lugar de escuchar al otro, dijo, muchas veces se parte de una conclusión y posteriormente se construyen los argumentos para defenderla.

Por ello llamó a recuperar la escucha activa, el debate, el rigor conceptual y la honestidad intelectual.

Su planteamiento alcanzó debates como la identidad de género, el aborto, la eutanasia y la gestación por sustitución, pero insistió en que el desafío de fondo consiste en utilizar correctamente las categorías jurídicas y evitar confundir conceptos.

Cien números después: una pregunta que permanece

Las cuatro intervenciones, aunque abordaron asuntos diferentes, terminaron convergiendo en una preocupación común: la necesidad de que el Derecho no pierda de vista a la persona.

La vida, la conciencia, la religión y el propio lenguaje jurídico fueron analizados desde perspectivas distintas, pero con una coincidencia de fondo: la dignidad humana debe permanecer como referencia cuando las leyes, las instituciones y las sociedades enfrentan conflictos cada vez más complejos.

Con cien números publicados, Tiempo de Derechos llega a una nueva etapa de su historia. Lo hace después de haber reunido en sus páginas a reconocidos juristas nacionales e internacionales y de haber construido un espacio para discutir asuntos que con frecuencia generan profundas divisiones sociales.

La celebración fue también un reconocimiento a sus lectores, colaboradores y a quienes han sostenido el proyecto durante estos años. “Ustedes son nuestra razón de ser”, fue uno de los mensajes expresados durante el encuentro.

El número 100, no fue presentado como un punto de llegada, sino como una invitación a continuar el debate. Porque detrás de cada norma, cada sentencia y cada discusión jurídica permanece una pregunta que ninguna sociedad puede dejar de formular: ¿para quién existe el Derecho y qué significa realmente defender la dignidad humana?

La respuesta, planteada desde distintas voces durante la celebración, apunta a una misma dirección: un Derecho que quiera llamarse verdaderamente humano no puede perder de vista a la persona, especialmente a aquella que se encuentra en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Con ese desafío, Tiempo de Derechos inicia el camino hacia sus próximos cien números.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 6 de septiembre de 2026 No. 1626