Los modelos éticos influyen en la formación de la vida buena y en las decisiones cotidianas.
Por P. Fernando Pascual
Aristóteles reconoció, en sus reflexiones sobre ética, el papel especial que tenían los modelos para ayudar a otros a vivir bien.
En concreto, explicaba que aprendemos a hacer actos justos imitando los actos que realiza un hombre justo. Lo mismo se puede decir sobre la templanza, la valentía, la prudencia, y otras virtudes.
En cierto sentido, la teoría de Aristóteles recoge un aspecto típico del comportamiento humano, que nos lleva a imitar lo que hacen otros.
Así, un niño que se educa rodeado de gritos, de tensiones, de ambición por lo material, absorberá naturalmente lo que observa hasta llegar a ser marcado por lo que ha vivido en su casa o en otros ambientes.
Otro niño que crezca en un ambiente de armonía, de cariño, de respeto, de altruismo, de amor por la justicia y la verdad, desarrollará fácilmente comportamientos y virtudes acordes con lo que ha sido su experiencia.
El ser humano, ciertamente, no es una fotocopiadora que reproduce, fielmente, lo que observa a su alrededor. Pero muchos actos concretos y muchas actitudes internas se forjan desde lo que ven en sus educadores más cercanos, empezando por los propios padres, que son sus modelos más cercanos.
La teoría aristotélica destaca, por lo tanto, la importancia de los modelos éticos, de figuras que podemos adoptar como punto de referencia a la hora de tomar decisiones orientadas a conseguir una vida plenamente realizada.
Es cierto que algunos “modelos” tienen carencias. Un padre cariñoso puede tener el defecto de las apuestas compulsivas. También es cierto que otros familiares con defectos importantes tienen rasgos de humanidad que sorprenden y que merecen ser recocidos.
No existe el modelo perfecto, pero sí hay modelos para casi todos los ámbitos de las acciones humanas. Cada modelo ilustra, en su radio de acción, cómo llevar a cabo unas acciones que configuran luego una índole moral, con la cual resulta posible conquistar, más fácilmente, virtudes fundamentales para la vida humana.
Podemos preguntarnos: ¿qué modelos hemos encontrado a lo largo del camino de la vida? ¿Quiénes nos han enseñado a vivir según el bien verdadero? ¿Ha habido antimodelos que nos hayan perjudicado?
Las respuestas serán diversificadas, pero nos ayudarán a comprender el papel que tantas personas concretas han tenido en nuestras vidas. Al mismo tiempo, nos estimularán a orientarnos para que nuestras acciones puedan servir de ayuda a otros, especialmente niños y adolescentes, que necesitan encontrar modelos éticos para poder vivir bien, es decir, según virtudes que les lleven a su plenitud y los orienten a la construcción de un mundo más justo y más bello.
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