El arzobispo sirio católico de Homs advierte que la pobreza, la inseguridad y la emigración amenazan la continuidad del cristianismo en Siria. Frente al miedo, pide hospitales, escuelas y empleos que permitan a los jóvenes permanecer en su patria.

Por Ana Paula Morales (Poli)

Después de quince años de guerra, desplazamientos, pobreza y violencia sectaria, los cristianos de Siria se enfrentan a una pregunta que toca las raíces de su historia: “¿El mundo realmente quiere que los cristianos dejen su tierra de origen? ¿Quiere arrancar a la Iglesia de su tierra de origen?”.

La pregunta la formula Mons. Jacques Mourad, arzobispo sirio católico de Homs, en entrevista con El Observador de la Actualidad. No habla desde la distancia: en 2015 fue secuestrado por miembros del Estado Islámico, amenazado de muerte y mantenido cautivo durante casi cinco meses. Recuperó la libertad con la ayuda de un musulmán.

Hoy contempla una Iglesia disminuida, pero viva. “La vida sigue con dificultades y desafíos, porque la fe de nuestros creyentes es mucho más fuerte que la situación”, afirma.

Una presencia cristiana reducida al límite

Siria atraviesa una nueva etapa desde la caída de Bashar al-Assad, cuyo régimen se derrumbó el 8 de diciembre de 2024. Assad huyó a Rusia, donde recibió asilo con su familia. Desde entonces, el país intenta reconstruir sus instituciones en medio de una economía devastada, focos de violencia y profundas fracturas entre comunidades.

Ahmed al-Sharaa encabeza hoy el gobierno sirio. Aunque sus autoridades han prometido proteger a las minorías, la seguridad continúa siendo frágil. Reuters informó en septiembre de 2025 que las divisiones sectarias seguían amenazando la unidad del país; en marzo de 2026, Associated Press documentó un ataque contra viviendas, comercios y vehículos en Suqaylabiyah, localidad mayoritariamente cristiana de la provincia de Hama.

“La vida de los cristianos se debate entre la pobreza, la falta de seguridad y la falta de claridad respecto al futuro”, resume Mons. Mourad.

El arzobispo estima que antes de 2011 vivían en Siria alrededor de dos millones de cristianos y que actualmente podrían quedar entre 300,000 y 350,000. No existe un censo reciente que permita establecer una cifra definitiva. Associated Press recuerda que los cristianos representaban cerca del 10% de la población antes de la guerra, mientras distintas fuentes eclesiales sitúan hoy la comunidad en torno a 300,000 personas. En julio de 2025, Mons. Mourad declaró a la Agencia Fides que “Jesús quiere que su Iglesia permanezca en Siria” y que vaciar el país de cristianos “ciertamente no es la voluntad de Dios”.

“Es una cifra que nos conmociona, tanto a los responsables religiosos como a nuestros fieles. También los musulmanes están impactados por el número tan reducido de cristianos que queda”, explica.

“Hoy hablamos de una presencia simbólica de los cristianos —lamenta—, aunque representan los orígenes del cristianismo, que nació en esta tierra y desde aquí llegó al mundo entero”.

Un pastor que conoció el cautiverio

El 21 de mayo de 2015, cuando era superior del monasterio de Mar Elian, cerca de Al-Qaryatayn, Jacques Mourad fue secuestrado junto con el diácono Boutros por combatientes del Estado Islámico. Fue amenazado y presionado para que abandonara el cristianismo. El grupo destruyó después el monasterio, espacio de oración y diálogo entre cristianos y musulmanes.

Mourad permaneció fiel a Cristo y consiguió escapar con la ayuda de un joven musulmán. Vatican News documentó que durante sus cinco meses de cautiverio fue sometido a violencia, privaciones y torturas psicológicas. Sus captores le exigieron convertirse al islam bajo la amenaza de decapitarlo, pero encontró fortaleza en el rezo del rosario y se negó a abandonar su fe.

“Existe un miedo que domina la vida de los sirios, sobre todo entre los alauitas y los cristianos”, reconoce. Pero añade: “Son conscientes de su misión y de su presencia junto a los desdichados, junto a las personas que sufren. Lo que yo viví durante el periodo de cautiverio y persecución, muchos cristianos lo han vivido de una manera u otra. El sufrimiento nos ha unido y fortalecido”.

La salud, una emergencia silenciosa

Una de las necesidades más graves de la arquidiócesis es la atención médica. Tras años de guerra, pobreza, contaminación y tensión, cada vez más personas padecen enfermedades graves sin recursos para tratarse.

“Los problemas de salud se han multiplicado por todos estos años de guerra, por la pobreza, la contaminación, las tensiones y las presiones”, explica. Menciona enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cáncer, convertido —dice— “en una pesadilla para la vida de la gente”.

“El costo de la quimioterapia y de otros tratamientos es muy elevado. Muchas personas no encuentran ningún medio para curarse sin la Iglesia. Sin su ayuda, no tendrían acceso a un tratamiento”.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que años de conflicto han dejado al sistema sanitario con graves carencias de personal, medicamentos, equipos e infraestructura. Para 2026, sus prioridades de respuesta incluyen la atención de enfermedades no transmisibles, tratamientos oncológicos, diálisis, rehabilitación y atención traumatológica.

La arquidiócesis cuenta con una oficina humanitaria que acompaña a pacientes y familias y destina mensualmente entre 5,000 y 6,000 dólares a estas ayudas. “Todo lo que hacemos es para todos. Ayudamos a cristianos de todas las Iglesias y también a musulmanes que llaman a nuestra puerta”.

La magnitud del problema supera, sin embargo, los recursos disponibles. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU calcula que 15.6 millones de personas necesitan asistencia en Siria durante 2026, entre ellas más de 5.5 millones de desplazados internos. A la emergencia se suma el retroceso de la ayuda: Reuters informó en mayo de 2026 que el Programa Mundial de Alimentos redujo de 1.3 millones a 650,000 las personas atendidas y suspendió un subsidio de pan que había beneficiado diariamente a hasta cuatro millones. En el país, 7.2 millones de personas padecen inseguridad alimentaria y 1.6 millones se encuentran en situación de hambre grave.

Jóvenes que parten

La emigración constituye otro gran drama. Los médicos jóvenes buscan continuar sus estudios en el extranjero, especialmente en Alemania, llevándose consigo parte de la capacidad necesaria para reconstruir Siria.

“Con la partida constante de los jóvenes, nuestras iglesias pierden fieles y Siria pierde a quienes podrían contribuir a reconstruir el país”, advierte.

Su llamado se dirige a las Iglesias, los gobiernos y la comunidad internacional. Pide hospitales, escuelas y empresas que generen empleo y permitan a los jóvenes permanecer y formar familias.

Signos de reconciliación desde abajo

Mons. Mourad reconoce que resulta difícil hablar de reconciliación mientras las heridas siguen abiertas. No obstante, en Homs han surgido iniciativas juveniles, nacidas en universidades y espacios civiles, que buscan construir “otra palabra para la sociedad y para la historia”.

“Quieren hablar otro lenguaje y tomar iniciativas para construir la paz y la reconciliación, especialmente entre alauitas y sunitas, mediante actividades humanitarias, culturales y artísticas”.

Para el arzobispo, estas experiencias demuestran que el fanatismo no expresa la identidad profunda del país: “Los proyectos de islamización y fanatismo parecen hoy muy fuertes, pero no son dominantes. El pueblo no reconoce ese espíritu. Siria ha sido históricamente un país que acoge a todos, donde las personas viven juntas con apertura, armonía y aceptación mutua”.

“La Iglesia entera está con ustedes”

Después del atentado del 22 de junio de 2025 contra la iglesia greco-ortodoxa de Mar Elías, en Damasco, que dejó al menos 25 muertos según AP y Reuters, el papa León XIV expresó su cercanía a los cristianos de Oriente Medio: “Estoy cerca de ustedes. Toda la Iglesia está cerca de ustedes”.

El Pontífice advirtió entonces que el ataque mostraba “la profunda fragilidad” que Siria seguía padeciendo tras años de conflicto e inestabilidad, y pidió a la comunidad internacional no ignorar al país, sino apoyarlo “con gestos de solidaridad y un renovado compromiso por la paz y la reconciliación”. El 11 de enero de 2026 volvió a mencionar expresamente a Siria y pidió que allí pudiera cultivarse pacientemente la paz. Su llamado se prolongó en el mensaje navideño de 2025, en el que rogó por “justicia, paz y estabilidad” para Siria y otros países de Oriente Medio.

Las palabras del Papa encuentran eco en Mons. Mourad. El arzobispo no niega la oscuridad ni los riesgos que amenazan a las minorías, pero tampoco acepta que la violencia tenga la última palabra.

“En el nivel oficial todavía no existe una verdadera reconciliación y la violencia continúa dominando —concluye—, pero esa no es la elección del pueblo sirio”.

Ayudar a los cristianos a permanecer en Siria no significa proteger solamente a una minoría. Supone conservar una tradición de convivencia que pertenece a toda la humanidad y sostener a una Iglesia que, desde la tierra donde nació el cristianismo, continúa sirviendo a cristianos y musulmanes, enfermos y desplazados, jóvenes y ancianos.

Incluso después del cautiverio, la destrucción y el exilio, la fe de los sirios —insiste Mons. Mourad— “sigue siendo mucho más fuerte que la situación”.

Fuentes consultadas

 

La autora es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y en Teología, con maestrías en Neuromarketing y Teología, especializada en información eclesial y asuntos internacionales. Más en: presscrux.org