Cuando una comunidad busca decidir sobre asuntos concretos, las diferencias pueden revelar tanto tensiones como oportunidades. El desafío consiste en transformar el debate en un camino de escucha, respeto y búsqueda sincera del bien común.
Por P. Fernando Pascual
En la parroquia no se ponían de acuerdo sobre las nuevas vidrieras. ¿Con pasajes de la Biblia, con vidas de santos, con imágenes para la catequesis?
Crea algo de desgaste ver cómo ciertas discusiones se alargan, o enfrentan a las personas, o llevan a heridas, o incluso desembocan en trampas de algunos para imponerse sobre otros.
Si las discusiones se producen entre católicos, la pena se une al desgaste. ¿Por qué no nos ponemos de acuerdo, o no afrontamos las diferencias desde un sano respeto y, sobre todo, desde la caridad cristiana?
Es normal que existan diferentes puntos de vista, sea sobre modos de hacer las cosas, sea sobre prioridades, sea sobre cuestiones administrativas.
Aunque sabemos que el amor entre los hermanos debería ser el distintivo de los discípulos de Cristo, ello no elimina que surjan conflictos ante puntos de vista que a veces parecen irreconciliables.
Cuando empieza un conflicto sobre las vidrieras, o sobre los modos de organizar la Caritas, o sobre el día para la catequesis de adultos, o sobre el sistema de iluminación de la iglesia, lo principal es saber escuchar al otro y buscar, juntos, lo que pueda ser mejor.
En algunos casos será imposible un acuerdo que satisfaga a todos. Entonces, cuando se tomen las decisiones habrá quienes se sientan “derrotados” o incluso heridos ante lo que les parece un error que va a crear, según ellos, más daños que beneficios.
Sería de esperar que la discusión no genere heridas, no rompa la unidad entre los hermanos, no aparte los corazones de lo que es realmente importante, que consiste en nuestra unión con Dios y con los demás.
Pero cuando se llegue a un acuerdo, que esperamos bueno, habrá que asumir el papel de cada uno, evitar rencores malsanos que no arreglan nada, y ayudar en una tarea que, al menos inicialmente, puede unirnos a todos.
Luego, con el paso del tiempo, será posible replantear algunas decisiones y analizar puntos que, puestos sobre la mesa, permitan alcanzar un nuevo acuerdo; que será bueno si, de verdad, promueve lo mejor para todos (también en cosas concretas como la iluminación o las vidrieras), y fomenta un clima sereno para confrontar los diferentes puntos de vista como hermanos en Cristo que se aman sinceramente.
Imagen de u_day Wahed en Pixabay

