¿Qué sucede cuando reducimos a Dios a la medida de nuestras propias ideas? En su reflexión el Padre Prisciliano, invita a cuestionar las imágenes limitadas de Dios construidas desde nuestros prejuicios, miedos y esquemas moralistas, para redescubrir al Dios que Jesús revela: cercano, misericordioso y radicalmente bondadoso.

Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Qué fácil y ordinario hacer de Dios a imagen y semejanza de las visiones paupérrimas y egoístas, según nuestras concepciones y filosofías. El dios moralista, el dios justiciero, el dios tirano, el viejecito bonachón. Esto responde a veces a lo que hemos recibido y experimentado.

Se cree en ese dios que premia los éxitos y es implacable en la aplicación milimétrica de la justicia.

Es necesario ser prudentes en nuestra visión de Dios, porque lo podemos reducir a un ídolo ideológico.

Quizá haya muchos humanos que rechazan este ídolo, con toda razón; se trata de rechazar a una simple caricatura del Dios, vivo y verdadero.

El Dios que revela Jesús en su cercanía y en su ternura, Jesús mismo ‘imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura’, ‘Dios de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado’… como proclama el Credo de Nicea, es el Salvador y Bueno con todos, incluso a las personas que consideramos pecadoras oficiales y que por nuestros prejuicios no podemos ni sabemos amar.

La bondad y la misericordia de Dios es insondable y misteriosa, que escandaliza a los que se sienten buenos y cargados de méritos; los que son llamados desde el principio a trabajar la viña del Señor, que no necesariamente se ciñe a los límites de la Iglesia, sino a la humanidad toda, sin límites, de tiempo, de trabajo y de espacio (Mt 20, 1-16), lejos de todo rencor.

Qué razón tiene Karl Rahner, cuando habla ‘del Misterio que de ordinario llamamos Dios’.

Hemos de tener siempre presente, en todas las circunstancias la bondad infinita e insondable de la bondad de Dios.

Dios tiene corazón de Padre, con rahamím o entrañas de Madre. Dios no es mezquino como solemos ser, calculadores y mediditos.

Dios regala su vida eterna a los que quiere, incluso a aquellos que consideramos, -según nuestros pensamientos, que no la merecen.

Es necesario dejar que Dios sea Dios, porque Dios es diferente, más allá de nuestros esquemas religiosos y moralistas.

‘Dios hace salir su sol sobre buenos y malos’.

Dios no es cercano a nuestras neurosis.

Experimentemos a Jesús, conozcámoslo por su Corazón misericordioso, bondadoso y traspasado, lejano a nuestras mediocridades y resentimientos.

Dios es bondadosamente escandaloso. Solo espera de nosotros un corazón semejante al suyo: lleno de mansedumbre, paciencia, humildad, y misericordia.

A Dios hemos de conocer, al que no conocemos; de ir por donde no sabemos; de alcanzarlo por donde no podemos, en franca referencia al doctor de las nadas, san Juan de la Cruz.