Algunas palabras del obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, durante su homilía dominical en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción este 27 de septiembre.
Puntos clave de la homilía
- Crítica a la seguridad y justicia: Señaló que se habla de soberanía nacional mientras el país se entrega a la delincuencia, y acusó que a las madres buscadoras se les promete apoyo que nunca llega.
- Libertad de expresión: Advirtió sobre presiones y amenazas hacia quienes piensan diferente o se oponen a decisiones gubernamentales.
- Coherencia y responsabilidad: Invitó a los fieles a ser discípulos misioneros activos y a exigir cuentas a las autoridades por la vía democrática.
El evangelio del Domingo XXVI del tiempo ordinario del ciclo A corresponde a la parábola de los dos hijos y la viña (Mateo 21, 28-32). Un padre pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a su viña. El primer hijo: Dice «no quiero», pero después se arrepiente y va. El segundo hijo: Dice «voy, señor», pero al final no va.
Algunos fragmentos de la homilía de Mons. Juan Espinoza Jiménez:
El Evangelio entonces no nos invita a juzgar a los demás, sino a preguntarnos a nosotros mismos: ¿En qué aspectos de mi vida le estoy diciendo sí a Dios con los labios, pero no con mis obras?
En la familia
En la familia hemos de pasar de las palabras a los gestos. Estoy seguro de que en cada casa hay alguien que habla muy bonito, pero que no hace nada, y hay otros que no hablan, pero hacen mucho. Así nos pasa en las familias. En nuestras familias podemos decir muchas veces te quiero, pero el amor necesita tiempo, paciencia, escucha y servicio.
A veces decimos quiero a mi familia, pero no se tiene tiempo para los hijos. Decimos quiero a mis padres, pero no los visitamos. Decimos quiero vivir en paz, pero alimentando los resentimientos, los odios, las malas palabras.
Hoy Jesús nos invita a convertir nuestras palabras en decisiones concretas, en hechos concretos. Que esta semana cada familia dé un paso de reconciliación: una conversación pendiente, una petición de perdón, una visita a quien tenemos mucho que no lo vemos, un momento de oración juntos como familia. Ese puede ser nuestro sí al Padre celestial.
En la Iglesia
En la Iglesia no basta pertenecer a ella por el bautismo, sino que hay que ser servidores de los demás. También nosotros como necesitamos escuchar esta palabra. ¿Podemos sentirnos orgullosos de pertenecer a la iglesia? ¿Asistir a misa? ¿Participar en alguna actividad pastoral? ¿Ocupar una responsabilidad?
Pero Jesús nos pregunta: ¿Estás dispuesto a trabajar en mi viña?
La iglesia no necesita solamente espectadores, necesita discípulos misioneros. Estamos comenzando nuestro año pastoral: Iglesia, pueblo de Dios, y ser pueblo de Dios significa caminar juntos, participar, servir, y asumir cada uno una responsabilidad.
No podemos dejar toda la misión en manos del obispo, de los sacerdotes, de las religiosas, o de algunos cuantos agentes de pastoral laicos. Todos tenemos un lugar en la viña del Señor: el niño, el joven, el matrimonio, el adulto mayor, el catequista, el ministro, el servidor, el enfermito, quien trabaja, y quien estudia. Todos podemos decirle hoy al Señor: sí quiero trabajar en tu viña.
En la sociedad
[…]
En nuestra vida democrática escuchamos propuestas, programas y promesas que después deben confrontarse con las acciones y los resultados.
Hoy nos hablan a nivel nacional de libertad y pluralidad, pero amenazan con la cárcel a quienes piensan diferente o a quienes se oponen a decisiones que dañan a nuestra nación.
También hablan de soberanía nacional, pero se entrega el país en manos de delincuentes. Y a las madres buscadoras se les dice que sí las van a apoyar, que están con ellas, pero nunca les ayudan.
Muchas veces nos dicen sí con los labios y no con los hechos.
Sin embargo, más que alimentar la confrontación, la Palabra de Dios nos invita a cultivar una cultura de responsabilidad, de coherencia y rendición de cuentas, tanto en quienes gobiernan como en quienes participamos como ciudadanos, y también nos recuerda que todos podemos revisar nuestra propia coherencia.
No se trata solamente de pedir a los demás que cumplan, sino de preguntarnos qué podemos hacer nosotros por el bien de nuestra comunidad y de nuestra nación.
Un compromiso concreto en esta línea social sería que todos nosotros nos informáramos responsablemente, participemos en los asuntos de nuestra comunidad, demos seguimiento a los compromisos de quienes ejercen un cargo público y, con mucho respeto y por los cauces democráticos, pedir cuentas sobre aquello que se nos ha prometido.
La invitación
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a escoger nuestro sí. Quizá algunos de nosotros nos identificamos con el hijo que dijo que no. Pero la buena noticia es que podemos cambiar. Todos podemos cambiar.
Quizá otros nos parecemos al hijo que dijo sí con mucha facilidad. Entonces [Jesús] nos pregunta si nuestras obras corresponden a nuestras palabras. Y quizá todos tenemos algo de los dos hijos: a veces decimos sí y no hacemos, y otras veces decimos no quiero, nos arrepentimos y sí lo hacemos.
Por eso hoy no salgamos de esta catedral pensando en quién es el hijo bueno y quién es el hijo malo. Salgamos preguntándonos qué quiere cambiar Dios en cada uno de nosotros.
El Señor nos está invitando nuevamente a su viña. Hoy podemos decirle nuevamente al Señor: sí, Señor. Pero que no sea solamente con los labios. Que en esta semana le digamos al Señor: sí quiero, Señor, trabajar en tu viña. Y hagamos algo por las personas que están en nuestro entorno.
Que la Virgen María, mujer de sí generoso, nos enseñe a responder como ella: hágase en mí según tu palabra. Y que al terminar esta eucaristía podamos regresar a nuestras casas con una decisión concreta: Señor, no quiero solamente decirte que sí, quiero demostrarte con mi vida que eres mi Señor, envíame a trabajar hoy a tu viña.

